Un vídeo aparentemente cotidiano puede ocultar elementos generados por Inteligencia Artificial, cada vez más difíciles de detectar. Foto: IA
Un vídeo aparentemente cotidiano puede ocultar elementos generados por Inteligencia Artificial, cada vez más difíciles de detectar. Foto: IA

¿Tú crees que es IA?

Opinión

El otro día le mandé un TikTok a mi novia en el que salía un bebé jugando con una bomba de baño que, al caer en el agua, empezaba a cambiar de colores: rojo, azul, violeta, verde… y, de repente, del interior salía un juguete, una tortuga. «Ja, ja, ja… Qué guay, yo lo quiero», le dije sin mayor importancia. Su respuesta fue: «Ja, ja, ja… Te pareces a mi madre, mandándome vídeos que se cree que son reales». Y ahí me quedé pensando, dudando. ¿Cómo que no es real?

Sé que parece una bobería, pero yo volví a ver ese TikTok, y ahí fue cuando me di cuenta que no era para nada real. Las expresiones de la cara eran antinaturales. Si te fijabas bien tenía seis dedos y algo raro, algo artificial. Y, además, estaba claro que dentro de esa bomba de baño no cabía esa tortuga de juguete que, en algún momento, creció de tamaño. La segunda vez lo vi. La primera, caí de lleno.

«Pensamos que sabemos distinguir la realidad. Pensamos mal»

Y es que siempre creemos que no nos pueden engañar. Que esto le pasa a otras personas, a nuestra familia, a quienes  no entiende de internet, a quien no ha crecido rodeado de pantallas. No a quienes sabemos lo que es un filtro, un montaje o un vídeo editado. Pero esto ya no es un requisito. Durante años hemos creído en esa ingenuidad digital ajena como si la juventud, la del mundo de la tecnología, estuviese un paso por delante. Pero con la Inteligencia Artificial han cambiado las reglas de juego. Ahora hay que aprender a desconfiar de lo que parece real. Y yo la primera.

Lo curioso es cómo la IA se ha colado en nuestra vida cotidiana sin hacer ruido. Mi madre, por ejemplo, que hasta hace no tanto no sabía lo que significaban esas siglas, ahora llama Chaty a la Inteligencia Artificial, como si fuera una amistad a la que confiarle las recetas de cocina o para preguntarle si está haciendo bien un ejercicio del gimnasio. Ha pasado de ser algo confuso a convertirse en una herramienta más. Y mientras tanto, seguimos creyendo que tenemos algo de control. Que «a mí no me engañan».

Ahora mismo, por ejemplo, ¿quién está escribiendo esto? ¿Lo estoy escribiendo yo? Quizás ese yo sea una máquina. Complicado. En el fondo, tampoco parece importante. Pero la cosa cambia cuando salimos de ahí y lo vivimos en la vida real.

«Cuando todo parece perfecto, surge la duda»

La semana pasada fui a una entrega de premios. Quienes subían al escenario y agradecían aquel reconocimiento, daban sus discursos. No podía parar de preguntarme: ¿hasta qué punto es real lo que están diciendo? ¿Solo están pronunciando lo que deberían de decir? Quizás lo correcto. Lo esperado. Y no lo digo porque sonara falso o robotizado, sino por que estaba demasiado bien. Sobre el escenario había trípticos y carteles del evento, no sé si hechos por personas que se dedican al diseño gráfico o también estaban hechos con IA. El todo es que, cada vez, cuesta más ver la diferencia. Ahora lo artificial no aspira a parecerse a lo real, aspira a sustituirlo. Y lo hace tan bien que, incluso, cuando lo descubrimos, la sensación no es de engaño, sino de incomodidad.

Tal vez el problema no sea que la Inteligencia Artificial nos engañe. Tal vez el problema es que, cada vez, nos importa menos si lo hace. Qué más nos da que un bebé tenga seis dedos o que una tortuga aparezca de la nada. Da igual mientras nos entretenga. Lo compartimos, nos reímos, seguimos deslizando. Y en ese gesto, hay algo más profundo que la simple evasión. Estamos renunciando de forma silenciosa a comprobar, a dudar, a parar… Quizás, estamos sustituyendo el «¿esto es real?» por «¿importa que lo sea?».

No sé si ese vídeo del bebé me engañó o yo quería creer que era verdad. Supongo que ahí está parte de la duda. La Inteligencia Artificial no solo está aprendiendo a imitar la realidad, también está aprendiendo a encajar a la perfección con nuestras ganas de creerla.

 

Lo último sobre Opinión

Que viva la fiesta

El distanciamiento actual nos obliga a cuidar y fomentar nuestros vínculos. Mantener
Ir a Top