De película

Opinión

Sobra comentar que la sociedad en la que vivimos no es equitativa. Está jerarquizada y fragmentada en clases sociales que, generalmente, tienen entre sí relaciones horizontales. Es decir, no existe un contacto persistente entre ellas. Esto lo vemos y sufrimos continuamente en nuestro día a día. Sin embargo, el cine y las películas nos muestran y nos hacen creer algo que se sitúa muy lejano a nuestra realidad en cuanto a las clases sociales y sus aspectos se refiere. Y aviso: las siguientes líneas contienen spoilers.

Sin ánimo de destrozar la infancia de nadie, hablemos de cómo la compañía Disney refleja una idea de movilidad social que no resulta tan compleja como la que se puede dar a día de hoy. Basta con echar un vistazo al cuento de La Cenicienta de Charles Perrault que la empresa del ratón más famoso del mundo ha llevado a la gran pantalla. Se cuenta una historia protagonizada por una apuesta joven de clase trabajadora que pasa de la noche a la mañana, de ser esclavizada por su madrastra y hermanastras, a convertirse en el amor de la vida del príncipe, casándose con él y siendo feliz comiéndose más de una perdiz. Así de fácil y rápido esa humilde muchacha ascendió numerosos puestos en la escala social con tan solo su encanto y el aprovechamiento de la oportunidad, que el Baile Real al que asistió le brindó.

Otra idea que abarcan las clases sociales es el estatus u honor que los demás nos otorgan. Generalmente, tratamos de preocupamos por mantener el estatus que poseemos, estrechando y manteniendo las relaciones con la clase en la que ya estamos situados y consumiendo el mismo tipo de cultura. Pero dicha afirmación se ve nuevamente truncada por otra película. Esta vez, por Un paseo para recordar, en la que el protagonista (un joven popular y engreído, de conductas problemáticas, presionado socialmente por sus amigos) se enamora lentamente de la protagonista (una chica aburrida y santurrona a los ojos de los demás). Vamos, un cuento de hadas. El chaval acaba sacrificando su fama y su estaus por ella, incluso enfrentándose a aquellos con los que compartía el mismo.

Con estos pequeños ejemplos queda demostrado que los largometrajes plasman una falsa idea de sociedad y división, haciendo que creamos que resulta sencillo, e incluso que es posible, que las desigualdades se puedan paliar. Nada más lejos de la realidad. Es más fácil caer que subir. Convivimos en un mundo social hermético, lleno de diferencias y disparidades tan arraigadas a nuestro estilo de vida que lo raro es que se rompan las barreras entre las diferentes clases. Mientras esta diferenciación siga existiendo, no habrá una sociedad utópica, una sociedad de película.

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