La regulación legal y normalización social de los años sabáticos en España está muy por detrás respecto a otros países europeos. Foto: PULL

Años sabáticos: un descanso de la presión para velar por la salud mental

Sociedad

Viajar, reflexionar, trabajar para ahorrar, hacer voluntariado… o, simplemente, darse un pequeño respiro de los estudios. Los años sabáticos pueden servir para metas muy diversas entre el estudiantado universitario, aunque aún hoy perdura una imagen negativa de ellos. Luz Marina Rodríguez, psicóloga graduada por la ULL especializada en orientación educativa, opina que pueden ser beneficiosos en algunos casos, en función de las necesidades individuales: «El sistema educativo español es muy rígido en todos los sentidos y busca que cumplamos con lo que se supone que tenemos que cumplir sin tener en cuenta muchísimos factores personales, sociales, etc.».

A este respecto, añade que «no es lo mismo parar porque el trabajo te sobrepasa que porque no encuentras ninguna vocación». Uno de los motivos que considera que pueden llevar a tomar la decisión de hacer un parón es la presión económica, social o personal que sufre el alumnado en diferente medida. «Los cambios pueden ser buenos o malos y dependerá solo y exclusivamente de lo que entiendas tú que es bueno o malo», añade.

En ello está de acuerdo Sara Carrillo, estudiante de Biología de los Organismos, las Poblaciones y los Ecosistemas en la Universidad de Toulouse. Comenzó la carrera en el curso 2018-19, en Brest, una ciudad que no la convenció. Tras finalizar primero, «sentía que si seguía al año siguiente me iba a poner mala. Lo sentía de verdad. Me vi encerrada en mi vida» porque, según explica, esta giraba casi exclusivamente alrededor de los estudios. Pese a que al finalizar bachillerato era consciente de que quería tomarse un año sabático, confiesa que no se atrevió a hacerlo por la presión del entorno y el sistema.

Una decisión difícil pero acertada


No obstante, después de hablar con distintas personas sobre ese primer curso, que fue mentalmente muy duro para ella, decidió tomarse un tiempo para «pensar y despejarme». Está convencida de que cada persona es distinta, por lo que no pretende atribuir a los años sabáticos la etiqueta de remedio universal. Sin embargo, en su situación, fue algo necesario, puesto que antes «sentía que no me gustaba tanto una carrera que en verdad me fascina, que la universidad no era para mí, que me había metido demasiado rápido y que no había tenido ese descanso que mi cuerpo me demandaba».

A día de hoy, está preparada para comenzar este próximo septiembre el tercer y último curso, mientras participa en un proyecto de voluntariado en Italia con el Cuerpo Solidario Europeo sobre monitorización de la fauna salvaje. «Ese periodo me sirvió para reafirmar mi carrera. Hay gente que dice que si lo haces nunca vuelves a estudiar. En mi caso, sabía que no era verdad. Noté un cambio al entrar a segundo porque me flipaba todo y lo cogí con más fuerza. Disfrutaba estudiando. Para mí, fue un acierto absoluto», asegura con convicción.

Uno de sus objetivos era participar en proyectos relacionados con su carrera para saber si era lo que le apasionaba. Foto: PULL

Carrillo, al ser estudiante en Francia, pudo optar por pedir un année de césure, en el que viajó, hizo voluntariado con Workaway, se informó sobre otras opciones de estudio y exprimió el tiempo con su familia y amistades. El procedimiento es sencillo: se solicita, se explican los motivos, la universidad guarda la inscripción durante un año «y no pasa absolutamente nada. Es totalmente comprensible y hay un montón de países europeos que lo tienen normalizadísimo. Francia no es en el que mejor se ve, pero hay muchas más opciones que aquí. Yo no sé por qué España le tiene tanto miedo», concluye.

La normativa española y canaria, todavía muy por detrás


Aunque existe la posibilidad de tomarse un año de descanso en las universidades españolas, no se contempla ni se ofrece al estudiantado, al margen de la excepcionalidad de permanencia por causa sobrevenida, como es la muerte de algún familiar, entre otras. En la ULL, para optar a un periodo sabático, basta con no matricularse un año y hacerlo al siguiente. Pero, al no tener una regulación propia, no se suele considerar como una opción.

La mayor complicación llegaría si durante ese tiempo se produjera algún cambio en el plan de estudios. En cuyo caso, habría que solicitar un reingreso. De no querer correr ese riesgo, también cabe la posibilidad de pedir, si se cumple con ciertos requisitos, las modalidades de tiempo parcial o reducido para, así, tener menos asignaturas y menor carga de trabajo.

Si bien no existe una normativa específica que regule los periodos sabáticos para el alumnado, existen algunos esbozos referentes al profesorado. Según el Boletín Oficial de Canarias, en la Resolución del 13 de junio de 2012, este permiso quedará reservado para el personal docente con contrato indefinido de las universidades públicas canarias.

Aunque su implementación es un proyecto que la Universidad viene tiempo arrastrando, y una reivindicación histórica de Comisiones Obreras, entre otras agrupaciones, actualmente no existe una regulación interna en la institución de la ULL. No obstante, el programa presentado por Rosa Aguilar a las Elecciones a Rectora de 2019 incluía su introducción y regulación para el profesorado.

«No se puede parar. Si paras, has fracasado. Esa es la presión del sistema educativo»


Al igual que Carrillo, Rodríguez coincide en que existe un estigma social respecto a hacer un parón durante los estudios universitarios. La psicóloga lo atribuye a «las expectativas y al rápido ritmo de vida que lleva actualmente la sociedad. No se puede parar. Si paras, has fracasado». Por ello, lanza la pregunta: «Imagínate a una persona cercana a ti que ha decidido parar por el motivo que sea. ¿Qué crees que sería lo primero que pensarías?».

Una posible respuesta reside en la experiencia de Carrillo como estudiante. Explica que su año sin estudiar «empezó con una persona muy importante para mí diciéndome que era la peor decisión que había tomado en mi vida. Estaba dudando a tope y me afectó un montón».

Rodríguez está convencida de que el apoyo del entorno juega un papel muy importante a la hora de emprender este tipo de iniciativas. Sin embargo, también es consciente de que, precisamente por el fuerte encorsetamiento de la enseñanza y los prejuicios sociales, «seguramente tengas una respuesta instantánea e inconsciente, aunque después, objetivamente, no estés de acuerdo. Esa es la presión del sistema educativo».

«No ha sido un año perdido, sino ganado. Sé lo que quiero y cómo tomarme la universidad»


Para ambas, la conclusión es que todas las personas y sus enfoques son diferentes. Carrillo, en concreto, tenía una «necesidad de vivir, de descubrir cosas nuevas, de aprender sobre mí, de tener un cambio en mi vida, de descubrir mundo», lo que, al final, la ayudó a disfrutar más de su carrera. Por ello, anima a cualquiera que esté planteándose esa posibilidad ya que, según afirma, «contrariamente a lo que se dice, un año sabático se puede hacer sin bastante dinero».

Durante el tiempo que aparcó los estudios, Carrillo pudo reconectar con los caballos, una de sus pasiones. Foto: PULL

Además, considera que equivocarse de carrera es de lo más normal, sobre todo con 17 o 18 años, habiendo terminado la EBAU y con muchas expectativas detrás. «Eso pasa muy a menudo, y ahí, creo yo, sí que sientes que has perdido un año», añade Carrillo. Aunque ahora tiene sus metas mucho más claras, comenta que la presión por acabar rápido no se ha desvanecido. No obstante, algo que la reconforta es ver que mucha gente cercana a ella ha tomado caminos muy diversos en su vida profesional sin desencadenar en problemas o inconvenientes.

Así, por todo lo aprendido y disfrutado, lo tiene claro: «No ha sido un año perdido, sino ganado. Un año no importa nada, no se nota. He visto un cambio brutal en mi motivación y en cómo quiero hacer las cosas. Soy más madura para estudiar, sé lo que quiero y cómo tomarme la universidad».

Autora de la novela Vida (2020) y de muchos poemas y microrrelatos. Algunos de ellos son La bruja del pueblo, ¡qué arda en la hoguera!; Invasión neocolonial y Un globo a China. También bailo y disfruto de toda buena comida. Un fisco canaria, una mica catalana.

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