Wame Guitiérrez es quien le da vida al Doctor Mocito, uno de los integrantes más veteranos de la Fundación Theodora. Con una sólida formación en artes escénicas, clown e improvisación, ha logrado transformar el concepto de entretenimiento en el ámbito sanitario, convirtiendo las habitaciones de los hospitales en espacios de alivio y evasión. Su labor como Doctor Sonrisas no es solo artística, sino que forma parte de un engranaje fundamental para la humanización de la asistencia pediátrica, ayudando a desdramatizar el entorno clínico tanto para pacientes como para sus familias.
A lo largo de su trayectoria, ha desarrollado su capacidad para conectar desde la empatía, y esto le ha permitido acompañar a miles de menores imparables en momentos de gran vulnerabilidad, demostrando que el humor es, en muchas ocasiones, la mejor herramienta para afrontar la incertidumbre.
¿Qué diferencia a un ‘Doctor Sonrisas’ de cualquier otro tipo de artista? «Adquirimos formación, tanto a nivel artístico como hospitalario para la atención al paciente, la familia e incluso el personal sanitario. El clown es uno de los muchos recursos que utilizamos en nuestras visitas. No solamente somos clown; hay un amplio abanico de habilidades artísticas que utilizamos en las intervenciones, como el teatro, la música, la magia, la danza, el cuentacuentos entre otros.»

¿De dónde surge el nombre ‘Doctor Mocito’? «En el proceso de la primera formación para este trabajo; uno de los campos es la construcción del personaje, y es ese periodo donde buscamos y elegimos cuál será el nombre con el que conectamos con nuestro Doctor Sonrisas. En mi caso había un nombre que me resonaba de cuando era niño, y era porque un tío mayor de mi madre cada vez que me encontraba con él su saludo cordial y cariñoso era: ¡Hola Mocito! ¡Adiós, Mocito! ¿Cómo estás Mocito? Se identifica mucho con mi personaje porque el Doctor Mocito está en esa etapa donde está dejando de ser niño para convertirse en adolescente.»
¿Qué haces antes de tu intervención como Doctor Sonrisas? «Quienes formamos parte de este equipo, siempre llegamos una hora antes al hospital y tenemos un espacio cedido por el hospital, donde nos preparamos para una nueva visita. Es el momento de preparar los recursos que utilizaremos en nuestra intervención, nos vestimos, nos maquillamos y calentamos. Poco a poco, en el proceso, vas conectando con tu personaje. Y finalmente nos observamos para cuando cruzas la puerta del vestuario estar completamente preparados para la jornada en todo el espacio hospitalario».
«La palabra confianza es clave»
¿Cómo gestionas esos momentos en los que un niño no tiene ganas de jugar o te recibe con rechazo al principio? «La infancia y su entorno familiar están en su espacio hospitalario, y siempre se respeta su privacidad. Hay que aceptar lo que te ocurre en cada situación, con cada paciente, con observación y escucha. Ahí también aparecen las estrategias de un Doctor Sonrisa para ver cómo puede actuar en una situación así».
Gran parte de la infancia le teme a los médicos, ¿Cómo transformas ese miedo en confianza a través del humor? «La palabra confianza es clave. Diseñamos las batas personalmente y están llenas de color y nuestro vestuario también indica que somos algo peculiar. A veces utilizamos sombreros o gorras; cuando nos reciben entran en un momento de observación y ese tiempo también lo tomamos para por medio de la observación y escucha, ver la manera podemos intervenir».
¿Has presenciado alguna evolución o mejoría anímica en un paciente tras tus visitas? «Sí, después de muchos años de experiencia he podido comprobar cómo podemos cambiarles la visita en el hospital. Y un ejemplo de ello, es cuándo un niño o niña lleva varios días hospitalizado y al realizar la visita, su familia te dice: ‘Es la primera vez que vuelve a sonreír, después de estar varios días en el hospital’.”
¿Cómo se logra conectar de verdad con alguien cuando el ambiente que te rodea es tan difícil? «El equipo siempre actúa a corazón abierto, por así decirlo. Recibimos formación para estar y acompañar en cada momento y situación».
«Muchas veces te sorprenden»
¿Hay algún encuentro en particular que te haya marcado o que guardes con especial cariño? «En todo este tiempo hay muchos, pero hay un recuerdo que nunca olvidaré. Hace muchos años conocí a una niña de diálisis, que pasó mucho tiempo hospitalizada y le realicé muchas visitas; un día en una de mis visitas, me cogió de la mano en su habitación y me dice: Doctor Mocito, ¡Acompáñeme, lo voy a llevar a un lugar dónde también se necesita su presencia, y me dirigió a la unidad de diálisis de gente adulta».
¿Cómo logras desconectar y gestionar tus propias emociones después de una jornada en el hospital? «Cuando termino una jornada no desconecto inmediatamente, al igual que necesito tiempo para comenzar la visita me tomo mi tiempo para ir desinfectando el material que he utilizado y cambiarme de ropa. Es momento de hacer un recorrido de cómo ha ido la mañana en la visita y cómo me he sentido durante toda la jornada. Intento que el día que tengo visita no tener ninguna otra actividad ese día y poder descansar. Tenemos una psicóloga a nuestra disposición en caso de necesitarla. En mi caso yo reconozco y acepto, una situación vivida que me entristece y dejo que esa emoción fluya».
Tras tantos años repartiendo sonrisas, ¿Cuál es la lección más valiosa que te han enseñado los niños hospitalizados? «Mis pacientes siempre tienen ganas de jugar, de fantasear, de llenarse de ilusión y descubrimiento de nuevas cosas. Siempre intentamos que eso suceda y muchas veces te sorprenden con lo que nos ofrecen en cada visita».
Repites palabras entre título y extracto










