Aquello que no se publica parece no haber sucedido. Foto: PULL

Vivamos más y grabemos menos

Opinión

La experiencia ya no se vive, se graba. Y, después se resume en un vídeo de menos de treinta segundos. Hablando con honestidad, ¿cuántos de nosotros no hemos grabado un concierto para luego subirlo a nuestro Instagram? Especialmente entre adolescentes y jóvenes el momento ha dejado de ser algo que se siente en el presente para convertirse en contenido que, usualmente, se difunde en las redes sociales.

El consumo digital ha cambiado la forma en la que la Generación Z se relaciona con la realidad. Aplicaciones como Instagram o Tik Tok han reforzado esta situación, pues su funcionamiento es simple. Si algo no es capaz de captar la atención en los primeros segundos, pasa desapercibido. Pero esto no solo condiciona lo que se consume, también transforma lo que se vive. De esta manera, la experiencia se adapta al formato incluso antes de suceder.

Un concierto ya no es solo música, es una oportunidad para grabar el clip perfecto para Tik Tok. Un gol se registra y ya luego se celebra. Para comprobar esto basta con mirar alrededor en cualquier momento: cientos de móviles alzados y pantallas que sustituyen a los ojos. Esta escena se repite tanto en la actualidad que ya ni nos sorprende.

«Lo que no se comparte parece no haber ocurrido»

El algoritmo no solo selecciona lo que vemos en la pantalla. También influye en cómo se construye la realidad. Quienes crean y consumen contenido, han interiorizado una lógica basada en la rapidez, el impacto y lo que se hace viral. Esto genera un bucle: la audiencia se acostumbra a lo breve, y las plataformas refuerzan ese comportamiento.

Por ejemplo, ¿cuántos de nosotros nos quedamos viendo un Tik Tok o Reel  de seis minutos? A no ser que se trate de un get ready with me o de un storytime interesante lo pasamos sin pensarlo dos veces.En este contexto, detenerse, observar o simplemente vivir sin documentar pierde valor. Lo inmediato manda y lo que no se comparte parece no haber ocurrido.

«¿Vivimos para nosotros o para quienes lo verán después?»

El hecho de reducir una situación implica dejar cosas fuera como la espera antes de un concierto, la tensión de un partido completo o los silencios en una conversación. En este sentido, todo aquello que no es o podría ser un clip viral queda descartado. Sin embargo, son precisamente estos elementos los que construyen un significado. Un partido no es solo un gol, también es la agonía de la remontada, el miedo cada vez que el rival se acerca al área. Un concierto no es solo esa canción viral, es el cosquilleo cuando ya estás dentro, los nervios cuando se apagan las luces y esa conexión inexplicable con las personas de tu alrededor.

Pero el problema no es grabar, sino convertir cada momento en algo que mostrar. Porque, cuando todo pasa por documentarlo primero, la experiencia queda en segundo plano y nos planteamos lo siguiente: ¿vivimos para nosotros o para quienes lo verán después? O quizás el problema no sea que grabemos los momentos, sino que poco a poco dejamos de estar en ellos.

 

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