Niña a la espera del tren que la conducirá al campo de reclusión de Manzanar, 1943. Foto: PULL

El resurgir del peligro amarillo

Opinión

«Todo habitante, residente o sujeto del Japón (…), mayor de catorce años (…) que no posea la nacionalidad estadounidense, podrá apresarse, retenerse, encerrarse o expulsarse». Este edicto, llamado Proclamación 2525, marcaba el inicio de una era de temor e incertidumbre para las muchas familias americanas de origen japonés, asentadas en la Costa Oeste de Estados Unidos, tras el ataque a la base militar de Pearl Harbor. Corría el año 1942 y acababa de estallar la Guerra del Pacífico, en el turbulento contexto de la Segunda Guerra Mundial.

El miedo a la subversión e, incluso, a un posible ataque sorpresa encendió el odio racial entre los estadounidenses como una bengala lo haría en una estela de gasolina. En consecuencia, el Gobierno de F.D. Roosevelt decretó la reclusión de alrededor de 120 000 personas de ascendencia japonesa en campos de internamiento, la mayoría en California, pero también en Utah y Arizona.

Primero fueron forzados a malvender sus propiedades y perder sus empleos y negocios, después, cientos de familias fletadas en trenes fueron conducidas a estos campos, donde permanecerían hasta el fin del conflicto. Asimismo, también se exigió colaboración a países de Latinoamérica para enviar a la población japonesa de estos países al internamiento.

Los campos de reclusión, como Manzanar, Tule Lake o Topaz, se encontraban en lugares totalmente apartados donde las condiciones climáticas eran insalubres y a menudo se sufría hacinamiento. «Disparad a quien intente huir», era consigna. Solo se salvaban los Nisei (japoneses, generalmente hombres) cualificados o que se alistaban en el Ejército.

Ochenta y cinco años más tarde, Waterloo —la canción con que ABBA ganó Eurovisión en el 74— nos vuelve a demostrar, en efecto, que el libro de Historia de la estantería está continuamente repitiéndose. Se puede ver en el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y sus acciones un reflejo de este pasado. Al «disparad a quien intente huir», se suma ahora el «disparad al que proteste».

«En nuestra época, el discurso político consiste, por lo general, en la defensa de lo indefendible»

La realidad es que, doscientos treinta años después, la Ley de Extranjeros Enemigos (Alien Enemies Act, 1798) continúa vigente, solo que a merced de los intereses o caprichos de un tirano. Ahora mismo, cualquier persona indocumentada en Estados Unidos puede ser blanco de deportación o de arresto, a pesar de no poseer antecedentes penales o ser un menor de cinco años regresando del colegio. La retórica incendiaria de Trump ha normalizado la xenofobia y la discriminación, ya no solo en Norteamérica, sino también en otros puntos del globo terráqueo, donde empiezan a arribar los albores del más puro odio e inmoralidad. Asuntos que por desgracia cuarenta y dos siglos de historia no contemplan solucionar fácilmente.

«En nuestra época, el discurso político consiste, por lo general, en la defensa de lo indefendible», dijo George Orwell. La defensa de calumnias como la calificación de un sector como «El peligro amarillo» o el hostigamiento de población inocente. Sin embargo, nadie habla de ‘El peligro yankee’ ni nada similar, refiérase esto a la banalización del odio, la segregación y la represión. Está claro que siempre son y serán los poderosos los que escriben (o editan) la historia en su favor.

 

Estudiante de Periodismo en la Universidad de La Laguna. "La única razón por la que escribo es para averiguar lo que estoy pensando, lo que estoy mirando, lo que veo y lo que significa, lo que quiero y lo que me da miedo" - Joan Didion

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