Manifestación del 8M en Santa Cruz. Foto: R. González

Vivir sin miedo

Opinión

Se supone que vivir sin miedo debería ser un derecho fundamental, pero no es más que un ideal lejano para muchas de nosotras. ¿Qué es vivir sin miedo? Es poder caminar por la calle con la música a todo volumen sin temor a que te estén siguiendo. Es poder volver a casa sola, y llegar. Es poder vestir como quieras sin que te digan que la culpa es tuya. Es poder expresarte sin límites. Es poder confiar. Es poder ser libre.

Imagino que vivir sin miedo es muchas cosas, y sí, solo lo imagino, porque yo no lo sé. Mi realidad, y la de muchas mujeres, es muy distinta. Ir todo el camino mirando hacia atrás. La sensación de asfixia al ver ese coche que se acerca despacio. Cruzar de acera. Avisar al llegar a casa. La inseguridad. Esa es nuestra realidad.

La violencia de género es una herida que no para de sangrar en nuestra sociedad. Una herida que parece no tener cura, que no termina nunca de cicatrizar. Los datos hablan por sí solos. 1 año, 12 meses, 365 días, 58 mujeres asesinadas solo en España, según el informe del año 2023 de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género. ¿Cómo vamos a vivir sin miedo? Las estadísticas sobre la violencia hacia la mujer son alarmantes, pero detrás de cada número yo veo una mujer menos. Que nuestra lucha es egoísta dicen. ¿Egoístas nosotras?, cuando somos esa mitad del mundo que se queda atrás. Si pedir igualdad, si pedir vivir sin miedo, es un acto egoísta, me declaro culpable.

«La violencia machista sigue siendo una mancha en nuestra sociedad»

Nuestro mundo no para de avanzar en muchas áreas, sin embargo, la violencia machista sigue siendo una mancha en nuestra sociedad. A pesar de los avances en la lucha por la igualdad y los esfuerzos constantes por resaltar el empoderamiento de las mujeres, el problema sigue aún lejos de desaparecer. Hablamos de algo que no conoce fronteras ni límites. No importa quien seas, las probabilidades dicen que algún día te tocará a ti. Violencia doméstica, acoso sexual, discriminación, agresiones…, son tantas las formas en las que se puede ver expresada la violencia de género que parece imposible frenarla.

Hablamos de una responsabilidad social. Educación y concienciación. La educación es lo único que nos puede salvar. Se dice que en nuestros primeros años de vida somos como esponjas, que lo absorbemos todo. ¿Por qué no hacer que absorban principios como la igualdad y el respeto? Eliminemos de sus mentes el control y la dominación. Es muy difícil cambiar el pensamiento retrógrado de una persona que lleva toda su vida basándose en esos valores propios, pero muy fácil inculcar otros a alguien que está aún aprendiendo a ser persona. Hay quienes creen que mi confianza ciega en las nuevas generaciones es «agarrarse a un clavo ardiendo», pero… ¿qué más me queda si no?

Hoy te escribo a ti. Sí, a ti, que estás leyendo esto. Te necesito. No te quedes en silencio. Ayúdame. Ayúdanos. Karen Méndez cantaba: «Arranquen el patriarcado de raíz como nos arrancan a nosotras de aquí», ganemos esta lucha. Gritémosle que no vamos a parar hasta que nos escuchen. Dejémonos de excusas y justificaciones. Rompamos el silencio que nos mata. Seamos egoístas si eso es lo que creen que somos. No seremos libres mientras sigan habiendo mujeres sometidas. Sí, soy mujer, y claro que tengo miedo.

 

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