Hay perfiles que siempre son curiosos de conocer, pues te hacen querer ahondar en sus pensamientos más profundos a medida que la conversación continúa. Rufina Santana es uno de esos, cuyas charlas, acompañadas de un café, van más allá de lo territorial, es un viaje a los pensamientos creativos y originales que se encuentran escondidos en ella y en nuestras mentes. La pintora y presidenta de la Fundación Curbelo Santana tiene una trayectoria marcada por la promoción del arte contemporáneo, la creación escultórica y el impulso de proyectos de formación e investigación artística en Canarias.
Comenzó su etapa artística desde el mundo de la música, ¿qué le hizo cambiar de rumbo? «En realidad no fue un cambio de rumbo, sino una elección. Recuerdo que, desde que tenía nueve años, mis tías me preguntaban qué quería estudiar cuando fuera mayor y yo siempre decía que no necesitaba ir a estudiar porque era pintora. Ellas se reían y siempre me lo recordaban. De todas formas, el mundo de la música no me gustó porque dependías mucho de tus representantes, después me di cuenta que el del arte era lo mismo, y eso no me gustaba tanto. Yo vivía una adolescencia en la casa de mis padres, en familia, y estaba deseando liberarme, no porque fuera mala la familia, todo lo contrario, porque quería hacer mi propio camino. Y en ese sentido, verme otra vez atrapada con representantes era una vuelta al pasado».
¿Cuál de todos tus viajes ha sido el que más influencia ha tenido en su obra? «Una opción sería Japón, no solo por el viaje en sí, sino por las personas que conocí y la obra que, consecuentemente, salió. Pero también ha habido otra experiencia importante que es mi estancia en Miami, en Wynwood, reconocido como el Art District. Estaba de una forma privilegiada porque vivía en un edificio donde éramos sólo artistas. Además exponía en la Fundación Frost, a la par que enseñaba en la Florida International University. Entonces, si eso no influye en mi vida después, soy de piedra».

«Cuando las ideas cambian, tú cambias, tu imagen cambia»
¿Crees que parte de tu éxito se debe a no mantener una imagen personal fija? «Sí, es algo que en el entorno artístico y entre colegas se me criticaba mucho. Me decían que había que definirse en una línea de trabajo y yo siempre abogaba porque la creatividad tiene todo menos una línea. Te debes expresar en el más amplio sentido de tus talentos, de los que se te han dado. Si a mí se me dio un talento, por ejemplo, para la música y un talento para la pintura, ¿por qué no aprovecharlo? Cuando las ideas cambian, tú cambias, tu imagen cambia».
¿Cuál de las obras que has creado la tendrías expuesta siempre en tu salón? «El viaje del héroe, porque es una de mis pinturas de referencia. Hay otra que, actualmente, está en la Casa de la Cultura Agustín de la Hoz, en la sala principal. Esa pintura también es muy potente, un homenaje a Monet, un nocturno muy expresivo, una pincelada potente y con un claro de Luna muy bonito y figurativo dentro de lo que es totalmente abstracto. Aún así, El viaje del héroe sería la que tendría siempre expuesta».

«Una pintura o una escultura la hacen las miradas de la gente»
¿Crees que las obras de Paco Curbelo y tuyas se complementan? «Sí, y si no fuera así, tampoco nos complementaríamos Paco y yo. La vida ha dejado claro que hacemos un buen equipo y que nos mostramos en una verdad que nos engaña en ese sentido. Siempre aquí, en este entorno, nuestras obras conviven perfectamente y si compran algo de Paco, compran algo de Rufina, y al revés».
Respecto al V Campus de Escultura de Lanzarote, ¿qué opinas de la temática y significado de la pieza de esta edición? «La temática y el significado son cosas que surgen del diálogo entre las personas y de la interpretación de las propias ideas. No tienen porqué ser exactamente reflejadas en la escultura o en la obra resultante. Una pintura o una escultura la van haciendo las miradas de la gente que llega y las toma como cosas propias. Siempre he dicho que las obras de arte que hoy conocemos no se han hecho anónimas, no se han quemado, no las han enterrado. ¿Por qué las conocemos? Porque han enlazado una mirada con otra y les han dado cada vez más energía, atrapando más miradas. Poniéndome en tu piel, un buen titular para estas últimas palabras sería: ‘la pintura como un agujero negro para las miradas’».