Periodista para vivir, escritor para no morir y músico por defecto. Así se define Ramón Betancor, que construye su trayectoria entre las palabras y las canciones, sus trabajos comparten la misma raíz: contar historias. Un creador difícil de encasillar. Sin embargo, considera que para estar presente en los tres ámbitos el truco está en no mezclarlos. Cada disciplina tiene su tiempo y espacio. Nació en Santa Cruz de la Palma, 1972, conocido por las novelas de ficción e intriga, su carrera en los medios de comunicación y su trayectoria creativa.
Betancor se dio a conocer como novelista con Caídos del Suelo, la primera entrega de la trilogía El Reino de los Suelos, que también incluye Colgados del Suelo y Camino del Suelo. De forma paralela a su carrera literaria, mantiene una actividad constante como compositor, letrista y músico. En abril lanzará su próximo disco, Manual para naufragar despacio, «una obra en donde trabajo la producción como no lo había hecho hasta ahora, así como alcanzar un ejercicio literario, consciente y premeditado», declara el compositor. También destaca su último álbum, 1972, que incluye canciones como Mordidas y Naufragios, así como sus sencillos más recientes, entre ellos La rebelión de las pequeñas cosas y Eres mi mejor canción.
«El periodismo me conecta con lo inmediato, la literatura con lo íntimo y la música con lo invisible»
¿Cómo surge la inspiración de sus canciones o relatos? ¿Tiene algún ritual o hábito que le ayude a crear? «Mi mejor inspiración es la perseverancia. Soy una persona constante y trabajadora y eso es algo que me aplico también a la hora de crear. Por otro lado, cuando algo no camina, lo dejo reposar, no lo fuerzo. Ya volverá, si quiere… Las ideas, por su parte, surgen en cualquier momento del día o de la noche. Las notas del móvil están llenas de ellas, aunque no siempre las desarrollo. Antes lo anotaba todo en una pequeña libreta que aún sigo llevando encima, pero la tecnología como herramienta es una gran aliada y la utilizo, sobre todo, porque paso mucho tiempo paseando con mis perros por barrancos de la Isla y ahí también surgen cosas que contar y que cantar. Caminando, es más fácil grabar una nota de voz que escribir en un papel…».
Mirando atrás, ¿qué experiencias personales cree que han marcado su camino creativo? «Las pérdidas, sin duda. La muerte de un ser querido. La separación de una pareja. El dejar pasar una oportunidad… También está el hecho de nacer y crecer en una isla. La insularidad te enseña distancia y pertenencia al mismo tiempo. También los encuentros con personas anónimas o conocidas que cuentan historias extraordinarias».
¿Hay temas o emociones que vuelven de forma constante a sus canciones u obras? ¿Por qué cree que regresan? «La palabra ‘naufragios’ aparece mucho en mis letras, pero como una metáfora de los fracasos cotidianos o de las historias que terminan. Siento, tal vez, una nostalgia del presente que se cuela, sobre todo en las canciones, de forma recurrente. Quizá sea consciente de que estoy viviendo un buen momento, tanto en lo creativo como en lo personal, y eso es algo que temes que termine o desaparezca».
«Me interesa lo real, no lo que parece posado»
¿Qué tipo de ‘ruido’ intenta evitar cuando compone o escribe? «El ruido de la prisa y de la impaciencia. También el ruido externo, como la expectativa, la comparación o la moda. Siempre he pensado que para crear hacen falta dos cosas: tener ganas de hacerlo y tener algo que contar. Se tiene que dar la conjunción de ambas para que lo que surja merezca la pena ser escuchado o leído. Si hay ganas, pero no hay historia: mal. Si hay historia, pero no hay ganas: igual de mal. Cuando una canción o un escrito nacen desde la urgencia de agradar, se nota. Y cuando nacen desde la verdad, también».
¿Qué busca provocar en quien escucha una de sus canciones? «Pues, siendo sincero no es algo en lo que haya pensado mucho. Quizás, conmover. Lo que tengo claro es que no busco convencer, sino acompañar. Siempre he pensado que no son los grandes amores ni los triunfos épicos quienes mueven el mundo, sino esas pequeñas cosas que te salvan un día cualquiera sin hacer ruido y sin que nadie se entere. En ese sentido, muchas de mis canciones hablan de esas pequeñas grandes cosas de lo cotidiano. Si al escucharlas a alguien le mueve un recuerdo y las hace suyas, aunque no conozca su historia real, misión cumplida».
«Me gusta cuando la imagen no ilustra de forma literal la letra, sino que abre otra puerta»
¿Qué importancia tiene lo visual en la construcción de su identidad artística? «En mi caso, creo que juega un papel tan importante como natural. Es cierto que vivimos en una cultura visual, pero intento que lo visual no sea un disfraz, sino una extensión de mí mismo. Sin máscaras ni artificios. Si la imagen no nace de la misma honestidad que nace la canción, se convierte en algo prestado. Y eso, también se nota».










