Rachele La Candia es una artista italiana originaria de Fiuggi pero instalada en Tenerife desde hace once años. Empezó su trayectoria artística en Tenerife, en el mercadillo artesanal del pueblo de El Médano, y en la actualidad realiza exposiciones artísticas de sus obras realizadas en filigrana de papel. El Centro Cultural de Los Cristianos ha acogido el pasado mes de marzo su exposición Mis chicas, una muestra creada por la artista para celebrar sus primeros diez años en Tenerife.
¿Cómo descubrió el arte de la filigrana? ¿Se inspiró en alguien? «Estudié en un colegio de monjas. La filigrana es una técnica que nació con los etruscos; luego fue prácticamente olvidada en Italia y se retomó en la Edad Media por el clero. Era una actividad didáctica que, en los años 80, cuando yo estudiaba con las monjas, ellas todavía utilizaban, y yo, digamos, la retomé de ellas».
¿Cuánto tiempo se necesita para realizar un cuadro en filigrana? «Entre dos y tres meses. Para una obra de unas dimensiones de 50×50 cm, se requieren al menos tres meses, ya que es necesario respetar el tiempo material de secado de cada capa de hilo. Primero realizo el dibujo sobre la tela y, a partir de ahí, comienzo a colocar el primer hilo de papel. Sin embargo, debo esperar a que ese hilo se seque antes de poder continuar con los siguientes, lo que hace que el proceso requiera mucha paciencia. En muchas ocasiones, los elementos pueden desplazarse incluso utilizando cola si no están bien fijados a la tela, y al colocar el siguiente hilo de papel, inevitablemente se producen pequeños movimientos».
¿Es un arte que se realiza solo con papel reciclado o este es un enfoque propio? «Podría decirse que soy la única que la trabaja de esta manera, ya que utilizo solo papel reciclado o ecológico. Existen papeles ya cortados y disponibles en todas las tonalidades, lo que evita tener que invertir tiempo en la preparación inicial; sin embargo, en mi caso, mantengo un compromiso con la sostenibilidad desde los catorce años».
«Desde que era pequeña mi mayor sueño siempre ha sido el MoMa»
¿Quién es el mayor referente en su trayectoria como artista? «Mi padre, de él heredé el arte. Mi madre también se dedicaba a la decoración textil, por lo que podría decirse que nací en una familia predispuesta hacia estas actividades. He querido seguir los pasos de mi padre, pero al mismo tiempo distanciarme de ese apellido conocido en el ámbito de la restauración y la decoración, para construir algo propio».
En Mis chicas aparecen figuras femeninas muy relevantes en la historia, como Cleopatra y Frida Kahlo, y, además, aparece Emanuela Orlandi. ¿Qué le llevó a incluirla en esta exposición? «Incluí a Emanuela Orlandi por dos motivos. En primer lugar, porque yo era muy pequeña cuando ella desapareció del Vaticano, pero conservo un recuerdo muy vívido del paseo de la universidad completamente cubierto de carteles dedicados a su búsqueda. Además, mi padre trabajaba como decorador en el Vaticano, aunque nosotros no vivíamos allí. Sentía que podría haber sido una de mis propias hermanas si mi padre hubiera decidido vivir dentro y no fuera del Vaticano. Quise incluirla en la exposición también como una forma de darle la visibilidad y la luz que durante todos estos años no ha tenido».
¿Hay alguna mujer que le hubiera gustado incluir en la muestra pero que quedó fuera? «Muchísimas. Todavía faltan muchas, incluso falta mi propia madre. En esta muestra incluí a una de mis mejores amigas, Rossana Ceccarelli, quien ha tenido una gran influencia en quién soy hoy, ya que poco después de la muerte de mi madre comencé a trabajar para ella como niñera de su hija, y gran parte de lo que soy hoy se lo debo a ella, porque fue quien me impulsó y me animó a seguir adelante. Para realizar su retrato tuve que detenerme en varias ocasiones, ya que me invadía la emoción. Por esa misma razón, aún no he realizado el retrato de mi madre: sé que no me llevaría tres meses, sino seis».










