La ONU denuncia la exposición de personas menores en las redes sociales. Foto: PULL

Postureo y ‘volunturismo’

Opinión

Como cada año, vuelve el verano, las vacaciones, el calor, y con él, el popular volunturismo. Esta mezcla de voluntariado y turismo realizada por personas occidentales en el continente africano, y que esconde una gran dosis de postureo detrás, no es nueva. En los últimos años, se han multiplicado las polémicas en torno a este moda debido al auge de viajes por parte de los influencers y youtubers que deciden ir a los países más pobres de África para actuar como ‘salvadores blancos’ a cambio de un par de fotos top que combinen en el perfil de Instagram con tal de aumentar el número de likes.

La controversia más reciente ha estado protagonizada por la periodista Helena Condis y el comentarista Juanma Castaño durante sus vacaciones en Tanzania. El pasado 25 de julio, Condis decidió publicar en su perfil de Instagram una serie de fotos e historias, ya eliminadas, posando junto a personas tanzanas y elevando a un niño al estilo de Rafiki con Simba en El Rey León. De película.

Su pareja, Juanma Castaño, no se quedó corto, pues decidió aclarar en un lúcido comentario que «Helena alegó tener mucho pelo» para conseguir incrementar la dosis diaria de 20 litros de agua que tenían estipulada para ducharse. Sin duda y como decía Camilo: «Una vida de rico» donde la empatía por la población africana brilla por su ausencia.

«Parece ser que en África la infancia no tiene derechos sobre su imagen»

Y lo grave de esto es que son tendencias que nunca pasan de moda. Si no, que se lo digan a Ellen DeGeneres o Daniel Illescas, y ahora, a Teresa Andrés Gonzalvo, la influencer valenciana a la que también le pareció una brillante idea compartir en su perfil de Instagram unas fotos, entre otras, con menores. Parece ser que en África la infancia no tiene derechos sobre su imagen.

Gonzalvo también aprovechó para publicar una storie que rápidamente se hizo viral. En esta mostraba felizmente los zapatos de Molel, un chico africano que «está con nosotros solo los dos días que estamos aquí y ya lo queremos», aclarando, eso sí, que estaban hechos por él con neumáticos.

«Hay que abrir el melón de la cierta supremacía blanca que denota este tipo de frases ‘cariñosas’»

¿Cuál es la necesidad real de publicar esto? Lo más surrealista de todo es el comentario porque… ¿puedes querer a una persona desconocida en dos días? Pista: no. Hay que abrir el melón de cómo estas frases supuestamente ‘cariñosas’ solo denotan una creencia de superioridad sobre el otro. Sin duda este es un ejemplo más de la romantización y normalización de la pobreza.

Precisamente dichas estancias exprés, muchas veces disfrazadas de voluntariados, son las que más se denuncian, puesto que estas personas suelen acudir sin un compromiso real a largo plazo, carentes de ética y humildad. Con tal de «vivir una experiencia más» generan un apego sobre todo en la infancia para ayudar en cuatro cosas, no sin antes hacerse unas cuantas fotos e irse con la misma para no regresar. Una imagen que jamás se concebiría en Occidente.

Y es que por muchos filtros y retoques, África no deja de ser el continente con los mayores índices de pobreza del mundo. Las personas africanas y las poblaciones indígenas no son una atracción turística, ni necesitan ser admiradas por «vivir tan felices con tan poco». No son animales en un safari, un monumento más con el que fotografiarse o un complemento para adornar. Son personas con nombres, historias individuales y los mismos derechos que tú y que yo.

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