Lo caro que sale estar sano

Opinión

Con la llegada del verano es habitual ver como la gente se empieza a preocupar por lo que come, busca dietas express para llegar a la playa con la figura deseada o se apuntan al gimnasio para bajar en dos semanas los kilos que lleva acumulando un año o, al menos, intentarlo. Yo, sin ir más lejos, he sido parte de ese grupo. Desde que tengo memoria, solo me preocupaba lo que comía cuando necesitaba bajar de peso para encajar en unos (estúpidos y nada realistas) ideales de belleza.

No sé qué fue lo que me hizo cambiar de opinión, supongo que la madurez, pero con ella cambió también mi percepción sobre la comida y el contenido de mi despensa. Así que decidí ir a hacer la compra de manera diferente, solo con productos que me hicieran bien, e ir al supermercado, ese al que vamos la mayoría de los mortales y que no hace falta que nombre porque sabemos todos de cual estoy hablando.

Todo iba bien, yo iba a comer mejor, mi cuerpo iba a estar más sano y llegaría al próximo verano sin tener que auto-torturarme dos semanas antes. El problema apareció cuando miré los precios. Un paquete de cualquier tipo de bollería industrial puedes comprarlo por un euro, e incluso menos, si por el contrario quieres un kilogramo de alguna fruta o unas galletas sin aceite de palma o sin azúcar, un poco más sanas, tendrás que pagar el doble o más.

Canarias, lugar con mayor obesidad mórbida de Europa


No seré yo quien critique la política de precios de las grandes superficies, bueno, en realidad sí. Seré yo quien critique esa y todas las políticas de precios abusivas. Aunque nadie me lea o escuche, no puedo quedarme callada.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera a Canarias como el lugar con mayor obesidad mórbida de toda Europa, y no me extraña. Un canario con un sueldo mínimo, vamos, un canario normal, cuyo presupuesto para comida es reducido, debe comprar aquello que más barato le salga para poder comprar más cantidad. Y no le culpo, porque si gastando 15 euros en bolleria industrial puede desayunar durante dos semanas, comprendo que no gaste lo mismo en desayunar dos días con productos sanos.

Las grandes superficies dirigen nuestra alimentación con sus precios, y esta dirige nuestras vidas con sus consecuencias


Puede parecer exagerado, pero es tan sencillo como ir a hacer la compra y observar la diferencia. Algo tan básico como una caja de cereales, por ejemplo, si la compras de chocolate rellenos y cubiertos con un poco más de chocolate te cuesta casi dos euros, si la prefieres normal, cereales a secas o con trazas de fruta, tendrás que pagar casi cuatro. Y lo peor no es que cueste más, que también, sino que además viene menos cantidad.

Con esto no quiero decir que todos debamos comer peor porque es más barato, más bien todo lo contrario.  Las grandes superficies dirigen nuestra alimentación con sus precios, y nuestra alimentación dirige nuestras vidas con sus consecuencias. Si un kilo de fruta fuera más barata que diez magdalenas, probablemente no seríamos el lugar con mayor obesidad mórbida de Europa, o sí, pero porque queremos y no porque nos hayan obligado.

Ahora es cuando debemos plantearnos qué queremos. Tenemos la opción fácil: gastar menos y comer más aunque peor. O la fácil pero cara: gastar más, comer mejor.  Si puedes permitírtelo te recomiendo que optes por la segunda, porque como dice mi abuela, «a veces lo barato sale caro».

Comer sano es difícil y no es barato, pero el dinero que te ahorras consumiendo productos ultra-procesados lo acabarás pagando con tu salud, a lo mejor no ahora mismo, pero a largo plazo tendrás más posibilidades de padecer problemas como diabetes, obesidad o hipertensión. Ojalá no tuviésemos que hacerlo, pero debemos elegir entre la salud de nuestra cartera o la de nuestro cuerpo.

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