Las luces del atardecer se filtraban por las ventanas del CAAM, invitando a los visitantes a cruzar el umbral con una curiosidad inquieta en Las Palmas de Gran Canaria. El Centro Atlántico de Arte Moderno presentaba Memorias colectivas / Represiones cotidianas de Art al Quadrat, comisariada por José Luis Pérez Pont y abierta hasta el 30 de agosto con su horario de martes a sábado de 10.00 a 21.00 horas y domingos de 10.00 a 14.00 horas, con entrada libre.
El umbral iba dejando paso a un silencio expectante que se rompía con el zumbido suave de pequeños ventiladores, seguido de un aire inquieto que llenaba la sala. Así comenzaba un recorrido, dirigido por Art al Quadrat, que, lejos de ofrecer comodidad, arrojaba a los visitantes a una crítica dura sobre la manipulación moral y la represión del franquismo.
La exposición estaba dispuesta en tres salas, en la primera apareció Sacudiendo el patronato, como metáfora simple de las normas impuestas. Ventiladores encendidos que levantaban documentos oficiales, cartas y libros de 1943 del Patronato de Protección a la Mujer, se apagaban y hacían caer los decretos, para volver a encenderse levantando otra vez los papeles. Poniendo el foco en la fragilidad de nuestro sistema en una escenografía que se tambaleaba entre lo grotesco y lo inquietante del control desproporcionado. A su alrededor, fotos murales como Yo soy. Homenaje a las mujeres rapadas (2018) recibían la mirada del público. Una columna de pelo humano en Mechón colectivo se alzaba anclada a las paredes en la segunda sala. Junto a unas tijeras y una máquina de coser antigua, dejaba claro que la memoria sería la protagonista.

La música no acompañaba, sino que provocaba. Subiendo las escaleras se escuchaban unas folías de Isabel Padrón y Jacqueline García al timple. Al entrar en la sala lo primero que se podía observar era un vídeo proyectado en la pared cantando en el pozo de Las Brujas para Pino y Balbina Sosa, unas vecinas y fundadoras de la Asociación por la Memoria Histórica de Arucas, que lucharon décadas por encontrar los restos de sus familiares en pozos de la zona como el de Las Brujas. En 2018, hallaron un hueso del padre de Pino, asesinado y arrojado allí. Tres folías rompían el silencio con fuerza: una por la historia de Pino, otra por la de Balbina y la última por la asociación.
Las artistas, Mónica y Gema del Rey Jordà, pasaban del estigma franquista al símbolo de resistencia, mientras el fondo de archivos recordaba que el poder no descansa y puede cambiar el rumbo de la historia. El ritmo tranquilo, pero inquietante, los papeles suspendidos y los cambios de luz, mantenían al público expectante, atrapado entre escalofríos, miedo y reflexión. Sin punto medio.
Llegado el final, el recuerdo no proyectaba heroísmo, sino control y crueldad. A pesar de ello, se respiraba la libertad al homenajear a las personas verdaderamente protagonistas, con gestos tan terrenales como el encadenar mechones de pelo y contar cantando sus historias.










