«La muerte de Franco no fue el detonante del cambio político»

Ciencias Sociales y Jurídicas

El aula Elías Serra Ráfols de la Facultad de Geografía e Historia acogió durante la tarde del lunes 24 de abril la conferencia titulada La instauración de la democracia en España: crisis del franquismo y proyectos “reformistas” a cargo de la profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona, Carme Moreiro. La ponente inauguró el primer día del encuentro de Historia de la Universidad de La Laguna, el cual se seguirá desarrollando con diversas conferencias hasta el viernes.

La tercera edición de este seminario se centrará en la transición en Canarias: del tardofranquismo a la democracia (1969-1986), a diferencia de las dos anteriores, que trataban el período franquista y la II República. El objetivo principal por el que se realizan estas reuniones es unir a los investigadores que estudian este período para exponer sus trabajos y llevarlos a debate.

Moreiro, además de ser principal especialista en la instauración de la democracia en España, es la directora del Centro de Estudio sobre las Épocas Franquistas. La docente ha escrito numerosos libros entre los que se destacan obras pioneras a nivel nacional. Entre ellas Política del franquismo: la captación de las masas, La anatomía del franquismo, La cuestión catalana y su obra más reciente: De la hegemonía a la autodestrucción: El Partido Comunista de España (1956- 1982).

“En 1976 la conflictividad laboral se multiplicó por siete en comparación a 1975”


La catedrática defendió que la crisis del franquismo comenzó en 1970, año en el que el régimen empezó a perder legitimidad entre varios grupos de la población.»La muerte de Franco no fue el detonante del cambio político», aseguró Moreiro. Según la docente, la crisis fue precipitada por el Juicio de Burgos, que sirvió para que los abogados que querían impedir la ejecución de los militantes de ETA defendieran la dictadura, pero a pesar intentar evitarlo, la crisis del franquismo se debilitó, acentuada por la salud de Franco.

Moreiro explicó que, tras la muerte del dictador, en 1976 los numerosos ciclos huelguísticos truncaron los procesos continuistas que pudieran emprenderse por parte de Carlos Arias y Manuel Fraga. Los principales objetivos de las huelgas fueron la revisión de los convenios con las empresas y los trabajadores consiguieron aumentar sus salarios pero muchos fueron reprimidos o despedidos. «La conflictividad que se produjo en las manifestaciones siempre se vio acompañada de represión», aseguró.

«La realidad de aquel momento nada tiene que ver con algunas investigaciones que afirman que la sociedad de 1976 estaba inmersa en el conformismo y en la pasividad porque, de ser así, el Gobierno hubiera alcanzado sus objetivos sin dificultad», afirmó la catedrática.

La ponencia concluyó aludiendo a la figura de Adolfo Suárez, quien, según la ponente, tenía la voluntad de eliminar la resistencia franquista, ganarse a la opinión pública generando expectativas hacia la posibilidad de cambio y atraer a los grupos antifranquistas. «La ley para la reforma fue el detonante para abrir el camino hacia la democracia», concluyó.

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