Francis Robert descendiente de Camille Robert. Foto: C. Robert

«En las trincheras, ‘La Madelon’ aportaba consuelo y ternura a los soldados»

Música

Francis Robert es el bisnieto del compositor francés Camille Robert, autor de la canción La Madelon. Este año se celebra el aniversario número 113 de la creación de esta melodía, escrita en 1913 junto con Louis Bousquet. La obra se convirtió en el gran himno de los soldados durante la Primera Guerra Mundial y más tarde, en un símbolo de la Resistencia francesa. A través de los recuerdos de la familia, nos adentramos en la historia menos conocida de una melodía que ha sido el lazo de unión de seis generaciones.

¿Quién era Camille Robert, más allá del éxito de La Madelon? «Más allá del impacto de la obra, Robert fue un músico profundamente vocacional y un hombre sumamente comprometido con su tiempo. Tras la muerte de su padre, vivió en la Ópera de París, donde su madre obtuvo un empleo y alojamiento. Este entorno definió su vida, llevándolo a crecer rodeado de artistas.  En 1891 ingresó el Conservatorio de París, del que salió con el segundo premio. A lo largo de una carrera que duró sesenta años, compuso más de trescientas obras y llegó a dirigir la orquesta del Élysée Montmartre. Además, tenía una gran sensibilidad social, dedicándose a la enseñanza musical infantil y a impulsar comedores escolares.

¿Cómo lo definiría a nivel personal? «A nivel personal, su vida estuvo marcada por la entrega familiar y el sacrificio. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, a pesar de que por edad no le correspondía ir al frente, se alistó como voluntario junto a su hijo Prosper para servir como camillero. Robert regresó herido por la metralla y su hijo sufrió heridas severas. En definitiva, las historias familiares lo recuerdan no como el autor de una canción famosa, sino como un artista generoso, un padre entregado y un ciudadano ejemplar que nunca dejó de crear música hasta el fin de sus días».

Durante la Segunda Guerra Mundial, el himno volvió a cobrar un gran protagonismo. ¿Cómo vivió la familia Robert el hecho de que la obra siguiera siendo un símbolo de resistencia? «La familia vivió ese símbolo en primera persona. Mi padre, Jacques Robert, nieto del compositor, encarnó ese espíritu de resistencia al negarse al Servicio de Trabajo Obligatorio alemán para alistarse en el maquis, grupos de guerrilleros de la Resistencia francesa, y, más tarde, combatir en el ejército francés por la liberación de Alsacia, donde fue gravemente herido. La Madelon no era solo una canción; era el reflejo del patriotismo y el compromiso real que nuestra propia familia defendió en el frente».

¿Qué siente un descendiente del compositor al escuchar canción durante los desfiles oficiales, como el del 14 de julio, o en películas históricas? «El orgullo de ser el bisnieto del compositor de La Madelon«

«La familia Robert vivió el impacto de las guerras a lo largo de varias generaciones»


Estando inmersos en un mundo digital con gustos musicales en constante evolución, ¿qué cree que la historia del himno militar puede transmitir a las nuevas generaciones de artistas que componen su propia música? «Manifiesta el recuerdo de un mundo que ya no existe y que, poco a poco, se va olvidando. También, refleja como una canción puede ser más que una forma de arte y actuar como un consuelo emocional en contextos de sufrimiento».

¿Imaginaba Camille Robert que La Madelon se convertiría algún día en un símbolo tan fuerte de la memoria colectiva francesa? «La obra fue declarada bien nacional después de la Primera Guerra Mundial, teniendo gran importancia cuando Camille Robert aún estaba vivo. Por lo tanto, no tuvo que imaginárselo».

¿Existe alguna historia poco conocida sobre la creación de la melodía que su público ignore hoy en día? «Camille viajaba regularmente a Londres y a San Petersburgo debido a sus actividades musicales. Fue durante un viaje a Londres en 1913, en el Canterbury Theatre of Varieties, cuando le llegó la inspiración para la música de La Madelon. Tomó el tren en la estación Saint-Lazare de París hacia Le Havre, luego el barco hacia Southampton y después el tren hacia la estación de Waterloo. Al llegar a Londres, la melodía de La Madelon ya estaba creada, y se tocó por primera vez en el piano del Canterbury Theatre».

¿A qué se debe que esta obra siga conmoviendo a tantas personas más de un siglo después de su creación? «A la nostalgia y al recuerdo de los seres queridos que la cantaron y que hoy ya no están. «La sirvienta es joven y amable, ligera como una mariposa. Como su vino, su mirada centellea, nosotros la llamamos La Madelon. Con ella soñamos de noche, en ella pensamos de día, es solo Madelon, pero para nosotros es el amor». A los valores eternos del amor y la ternura que se perciben en la armonía de la música y la letra de La Madelon».

Francis Robert, Jaques Robert, Prosper Robert y Camille Robert. Foto: Francis Robert

¿Le han contado algún recuerdo personal relacionado con esta canción? «Mi tía, Louise Pouzols, se quedó soltera tras la muerte de su prometido, durante un combate en 1917, que fue aviador durante la guerra. De 1914 a 1918, Louise fue enfermera voluntaria en el hospital número 5 de Le Puy-en-Velay. Durante mi infancia, iba a visitarla a menudo a su casa del bulevar Gambetta, donde vivía sola, rodeada de sus gatos y sus recuerdos. Un día le pregunté si conocía La Madelon; sin decir una palabra, se sentó al piano y escuché por primera vez la música de la canción. Yo escuchaba mientras mi tía Louise lloraba».