El Rastro de Santa Cruz reabre tras un año sin actividad por la Covid-19

Sociedad

El mercadillo abrió al público el domingo, 18 de abril, después de 14 meses de inactividad debido a la pandemia. Tal y como se anunció hace dos semanas, la reanudación tuvo lugar en la Avenida Marítima y la de La Constitución, donde se situará cada domingo en horario de 9.00 a 15.00 horas. En el contexto de nivel de alerta tres en Tenerife, se dio permiso a 384 puestos de venta y un 50 % de aforo. Esto, junto a otras normas, posibilita que las aproximadamente 400 familias que dependen de la venta puedan volver a hacerlo, sin suponer un riesgo para la situación sanitaria.

La jornada se desarrolló sin incidentes, aunque pasadas las 11.00 horas se formaron colas en los accesos y aglomeraciones en puntos concretos. Sobre esa masificación, un agente de la Policía comenta que «es el primer día, seguro que se hacen algunas cosas mal pero se irán mejorando».

En cuanto a los servicios sanitarios, hubo una ambulancia y personal médico en una de las puertas para asistir emergencias. «A partir de las 12.00 horas vienen los problemas», detalla uno de los enfermeros de servicio, en relación a casos recurrentes como desmayos o golpes de calor por la incidencia del sol.

Restricciones para frenar la Covid-19


Para prevenir posibles contagios, se pusieron en marcha diferentes medidas como el establecimiento de un máximo de 833 individuos, dispensadores de gel en las entradas, separación de 1,5 metros y el seguimiento de los circuitos de compra, separados mediante vallas.

Para esta tarea se contó, además, con un amplio equipo que englobó a la Policía Municipal de la ciudad, la Protección Civil y grupos que ofrecen información sobre la Covid-19 pertenecientes al proyecto Santa Cruz + Segura. Asimismo, se contrató a personas para contabilizar desde la entrada quiénes entraban y salían. «No puede haber dentro más gente del número permitido, así que contamos a quienes entran, les pedimos que se echen gel, y nos vamos comunicando por el walkie talkie por si se completa el aforo y tenemos que esperar para meter a más», explica uno de los trabajadores.

Una reapertura con polémica


A pesar de lo positiva que fue la reapertura para las familias vendedoras, otros aspectos de la organización provocaron quejas de la ciudadanía. El más polémico es la nueva ubicación del Rastro, la cual supone un espacio mayor y viable para respetar las distancias, pero tiene carencias. Una de ellas es la ausencia de sombra, baños y sitios para sentarse a tomar bebidas o aperitivos.

El cambio de lugar también repercute en los comercios cercanos al Mercado de Nuestra Señora de África, que se han quejado de que, al trasladarse el Rastro, no habrá la afluencia que tenían los domingos antes. Esto perjudica igualmente a quienes poseen puestos, ya que la existencia de estos lugares al lado permitía a la población pasar más rato en la zona y descansar para seguir paseando y consumiendo.

A quienes comercian, por su parte, también se les ha impuesto limitaciones que, aunque buscan proteger de la propagación del virus, dificultan su trabajo. Entre estas, que solo pueda estar una persona presente para atender a la clientela. Por otro lado, no se permite beber ni comer dentro del recinto, por lo que se debe salir para hidratarse, desatendiendo y dejando sin vigilancia la mercancía durante ese tiempo. No obstante, gran parte del colectivo  comerciante se encuentra agradecido de tener la oportunidad de reactivar su economía.

Siempre me ha gustado la lectura y saber ver la belleza en todo lo que me rodea. Actualmente soy estudiante de Periodismo en la Universidad de La Laguna porque aspiro a ser capaz de transmitir e informar de verdad a la gente.

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