Las redes sociales también distorsionan nuestra percepción de la vida real. Foto: PULL

El activismo inactivo

Opinión

Reviso el móvil y veo las historias de Instagram de las personas que sigo, las conozca o no. Hoy la gente se queja de la subida de precios de la gasolina, veo memes, vídeos muy originales y por último, un cartel con la información de una manifestación en contra de esta nueva problemática. Todo el mundo la comparte, deslizo el dedo y veo el mismo cartel de forma repetitiva, parece que Santa Cruz se va a llenar de gente en contra de lo que consideran una injusticia, pero cuando llega el día de la manifestación no hay nadie.

No llegamos a llenar la plaza Weyler en Santa Cruz. Aunque han subido los precios a 47 millones de personas, dos millones de ellas canarias y casi un millón de la isla de Tenerife, solo somos veinte en este espacio.

Es el activismo inactivo de las redes sociales. Veíamos el cartel anunciado por todos lados, se compartía con una facilidad que parecía que iba a encontrar a todas las personas que seguía en aquella plaza, pero no fue nadie. Las redes sociales han creado un espejismo en el que compartir una simple foto queda retratado como una acción a favor del cambio, cuando, en muchos casos, no lo es.

«La nueva pandemia social la protagoniza un término: el postureo»

La nueva pandemia social la protagoniza un término: el postureo, que se refiere al hecho de seguir a las masas en una acción artificial en la que no se cree de verdad en lo que se está haciendo. Compartimos aquel cartel porque vimos que el resto lo hacía, sin embargo, nadie pretendía dejar su ajetreada vida para asistir a la concentración. Además, ver que tanta gente publicaba el cartel nos hizo pensar que, aunque no fuéramos a Santa Cruz, la manifestación se iba a celebrar de igual forma y, al menos, habíamos aportado visibilidad a esta acción.

«Por esto no cambian las cosas, así va el país», «Luego, desde la política, hacen lo que quieren…», fueron las frases que más se repitieron entre quienes fueron a la plaza Weyler y que volvían a sus casas con decepción.

Hemos creado un mundo acelerado en el que las redes sociales están creando una identidad en internet que, si bien tiene numerosos beneficios, también distorsiona nuestra percepción de la vida real. En consecuencia, las apariencias de estar a favor del cambio no se traducen en acciones reales.

Así, mientras aplicaciones como Instagram no sean usadas más allá de una simple forma de postureo para aquellos movimientos que requieran una unión y manifestación social, seguirán sin ser una herramienta para la ciudadanía. Se convierten en un obstáculo que nos puede hacer caer en la idea pesimista de que las cosas no dependen de la población y que no hay posibilidad de un cambio.

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