El agua es un recurso esencial cuya importancia parece pasar desapercibida ante la gente, oculta bajo la cotidianidad de su uso. No solo la necesitamos para ducharnos, cocinar, ir al baño, fregar… sino que sencillamente es necesaria para la supervivencia humana. La isla de Tenerife, con su creciente desarrollo agrario, poblacional y turístico, requiere de un abastecimiento hídrico mayor que nunca.
En la Isla, la gestión hídrica siempre ha mostrado cierto carácter privado. El origen de ello se remonta a junio de 1879, cuando el Consejo de Ministros del Reino de España aprueba la Ley de Aguas. En ella se declaraban de dominio público las aguas superficiales, pero se reconocía el derecho a los propietarios de las haciendas tanto de explotación del subsuelo de sus terrenos mediante perforaciones como de posesión de lo que obtuviesen de ellas.

El antropólogo y decano de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidad de La Laguna (ULL), José Antonio Batista, dirigió la exposición Agua y vida, profundizando en el pasado, presente y futuro del elemento. «Dicho de manera simplificada, el agua era propiedad de quien la extraía», señala. Así, a partir de esta legislación, surgen lo que serían las «comunidades de aguas», según Batista. Estas se localizaban en su mayoría en el norte de la isla. «Eran las que gestionaban los pozos y las galerías y agrupaban a sus poseedores», explica.
Los pozos y galerías tinerfeños se desarrollaron durante todo el siglo XX. A partir de los años veinte, «hay un incremento de la extracción hídrica subterránea, en especial a través de galerías», apunta el antropólogo. Sin embargo, es en los años cuarenta cuando asegura que «aumentan de manera exponencial», aunque en los años setenta la situación se complicó. «Surgió la tecnología de los pozos, ya que las galerías comenzaron a tener problemas», afirma. Además, eran mucho más rápidos de construir.
«Hay personas que sacrificaron su vida en la creación de galerías y pozos»
El declive de las galerías también se debió a la intensa explotación de los acuíferos, pero también algunas se empezaron y se dejaron porque no encontraron nada. En este sentido, Batista hace hincapié en el esfuerzo de las personas que trabajaron en las perforaciones. «Hubo gente que sacrificó su vida y su salud», subraya, pues eran trabajos cuyas condiciones estaban ligadas a la proliferación de ciertas enfermedades.
La situación cambia cuando se aprueba la Ley autonómica de Aguas en 1990, vigente hasta el día de hoy, en la que se establece que la comunidad autónoma de Canarias es la encargada de organizar y regular sus recursos hídricos mediante siete unidades territoriales (una por cada isla). Es entonces cuando surgen los planes hidrológicos de cada isla, y en consecuencia, los consejos insulares de aguas.
Así, en lo que se refiere a gestión pública, en el caso de la isla tinerfeña encontramos el Consejo Insular de Aguas de Tenerife (CIATF) y Balsas de Tenerife (Balten). El primer organismo se orienta más hacia las aguas de consumo humano, mientras que el segundo centra su actuación en surtir al sector de la agricultura.

En la actualidad, Tenerife se abastece en un 78 % de agua subterránea, un 15 % desalada, un 6 % regenerada y un 1 % superficial, según datos del CIATF del año 2016 recogidos en el Plan Hidrológico de Tenerife. Por otro lado, en lo que se refiere a usos, el mismo informe recoge también la proporción de utilización de agua por sectores.

Así, el sector que más hace uso de recursos hídricos es el agrario, y lo hace, por ejemplo, a través de balsas. A fecha del 11 de junio de 2025, estas presentaban un 68,2 % de porcentaje de llenado. «Es un buen dato, ya que el año pasado en la misma época estaban al 31 %», comenta Jesús Rodríguez, jefe de la unidad técnica de gestión de aguas y atención al usuario de Balten.
La principal razón de la diferencia entre estas dos cifras reside en los efectos del cambio climático, uno de los desafíos a los que se enfrenta la hidrología tinerfeña. «Ha habido un invierno lluvioso, y hemos conseguido almacenar mucha agua», añade Rodríguez. No obstante, el pasado año no ocurrió así, pues las precipitaciones fueron menores, y las altas temperaturas, recurrentes. El doctor en Geografía por la ULL, Abel López, afirma que «las lluvias se van a reducir alrededor de un 30 % o 40 % a final de siglo» y que «el aumento de valores térmicos y las olas de calor más intensas van a seguir la misma tendencia».
Estas condiciones llevan a períodos de aridez. Y es que, el pasado mayo de 2024, una grave sequía causada por la falta de lluvias y el calor extremo llevó al Cabildo Insular a declarar la emergencia hídrica en Tenerife. Esta ordenanza pautó medidas para garantizar y optimizar el suministro, así como la constitución de una Mesa de la Sequía. En principio tuvo una vigencia de seis meses, pero se aprobaron tres prórrogas en noviembre de 2024, febrero de 2025 y el pasado mes de octubre, prolongando la situación hasta febrero de 2026.

Además, en lo que a lluvias se refiere, no solo es importante su disminución, sino que el cambio de patrones es otro factor a tener en cuenta. «En nuestro régimen de precipitaciones llovía más en invierno, y ese máximo se está desplazando hacia otras estaciones», señala López. En este sentido, la torrencialización también entra en juego. «Si llueve muy fuerte, al final lo que se produce es daño a los cultivos, pero también, si hay más días secos, hay que regar más», explica José Antonio Batista.
Ante este panorama, una de las soluciones que propone Balten es la apuesta por el agua regenerada. La regeneración es un proceso que trata el agua depurada de tal manera que sea apta para el riego. Jesús Rodríguez asegura que «tiene un doble sentido», pues aparte de utilizarlo en la agricultura, cuenta con un aspecto medioambiental importante. «Estamos desaprovechando un recurso que, si somos capaces de reutilizar, vertemos menos al mar». Batista, por su parte, apunta que «al final se baja la presión ejercida sobre los recursos naturales».
Este sistema ya está en funcionamiento para surtir al riego en el noreste (Tacoronte, Tejina y Valle de Guerra), y también se incorporará en el Valle de La Orotava. «En esa zona vamos a reutilizar seis mil metros cúbicos de agua al día que llevaremos a la balsa de la Cruz Santa por bombeo», asegura Rodríguez.

La reutilización de agua depurada en Tenerife comenzó en 1993. El agua se llevaba desde la estación depuradora de Santa Cruz hacia el sur, destinada al riego, principalmente de plataneras. Rodríguez asegura que esto posicionó a Balten como «pioneros al nivel nacional» de este sistema de reutilización hídrica a gran escala, y que lo es, aún más, por transportar agua a casi 70 kilómetros con una tubería de 60 cm de diámetro, y por gravedad.
De esta manera, el agua regenerada es una de las alternativas con las que cuenta la agricultura, no así la población general. Para el consumo humano está la desalinización, un procedimiento por el que se extrae el agua de mar y se le aplica un tratamiento especial para adecuarla. «Es la solución para tener agua de calidad y con garantías», dice Rodríguez.
Sin embargo, este tipo de procesos son costosos, y conllevan un gasto energético notable. Por ello se pone el foco en los avances en sostenibilidad. El técnico de gestión de aguas de Balten afirma que «cada vez la tecnología avanza más y consume menos electricidad», y que desde la entidad están trabajando en saltos hidroeléctricos para generar energía a través del agua.
Por otro lado, aunque la agricultura representa el máximo porcentaje de utilización, el turismo también juega un papel considerable en la hidrología de Tenerife. «Es un sector que está muy vinculado al agua en todas sus distintas facetas: en la del hospedaje, la de los servicios complementarios y también a lo largo de la cadena de suministro», apunta Carlos Fernández, doctor en Turismo por la ULL. Señala que, aproximadamente, de acuerdo con la media estatal, «Canarias consume el doble de agua en el turismo que un uso residencial normal».

La adopción de medidas hidrológicas en el sector es esencial. Fernández cuenta que «se están incorporando progresivamente sistemas distintos en la hotelería que tienden a la eficiencia en la gestión del agua», incluyendo acciones como la mejora de tecnologías e infraestructuras, la inyección de aire en grifos o la concesión de «ecoetiquetas» a ciertos hoteles.
«La cantidad de establecimientos y servicios que hacen un gran uso de agua (parques recreativos acuáticos, piscinas, spas, etc.) hace que quienes nos visitan no siempre sean conscientes de ese uso extra que hacen del elemento», subraya. Por otro lado, Fernández también habla de un «turismo regenerativo», que consiste en cuidar los recursos utilizados y dejarlos en un estado razonable.
«Hay que avanzar hacia pautas turísticas más conscientes hacia el agua», dice, asegurando que el equilibrio de la situación futura «viene determinado por la normativa y más compromiso tanto corporativo como del propio turista».
La concienciación es crucial para la prosperidad del sistema hídrico de la Isla. «La clave está en poner el foco en los usos, no en los recursos», sostiene José Antonio Batista. Los nuevos avances tecnológicos, como la desalinización y la regeneración, son estratégicos ante la situación que presenta el cambio climático y el gran desarrollo poblacional y turístico; pero no debemos olvidar la importancia de emplear el agua con prudencia.
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