David Vila es un escultor, artista visual y profesor de escultura de la Facultad de Bellas Artes del Campus de Altea de la Universidad Miguel Hernández. Está especializado en fundición artística, en técnicas de fundición en bronce, aunque también abarca la performance, la instalación y el trabajo con el cuerpo como soporte plástico.
El artista colabora por tercer año consecutivo como docente en el V Campus de Escultura de Lanzarote, que se celebra estos días en la Fundación Curbelo Santana, organizado por esta entidad y la Universidad de La Laguna. Por primera vez, el espacio acoge a dos estudiantes de la Universidad Miguel Hernández, quienes trabajarán junto al equipo de la institución tinerfeña.
¿Qué distingue a la Universidad Miguel Hernández en la formación sobre escultura? «Creo que es una de las universidades de referencia en la formación de escultura, porque cuando se creó la facultad, el proyecto lo impulsó un gran escultor valenciano, Ramón de Soto. Es por ello que todos los espacios están pensados para la creación escultórica. Además, también tenemos talleres con una equipación inmejorable para poder trabajar todas las técnicas».
¿Cómo suele trabajar habitualmente con el alumnado en la universidad? «Una de las cuestiones que nos diferencian es el trabajo con talleres abiertos, es decir, tenemos nuestros horarios docentes en los que las disciplinas se imparten de forma específica, pero después están los talleres abiertos con personal técnico especialista. Estos mismos son de libre acceso dentro del horario de la facultad. Por ello, el alumnado puede emplear esa maquinaria en cualquier momento, y por lo tanto, agranda significativamente la capacidad que tienen para crear».

¿Qué cree que diferencia a este campus de otras experiencias formativas en las que ha participado? «La diferencia fundamental está en la convivencia entre el propio estudiantado. El hecho de formar parte de un proceso creativo sin parones, durante una semana, o estar en contacto directo con el espacio donde se va a generar la obra, considero que es fundamental. En esta edición contamos con distintos niveles dentro del grupo, y, a su vez, también se han sumado dos estudiantes de la Universidad Miguel Hernández. Conocer otros métodos de trabajo es fundamental».
Viniendo desde Alicante, ¿qué considera que hace a Canarias un buen destino para hacer esta residencia? «Una de las cosas que más marcan es el hecho desplazarse hasta Canarias. Aunque no lo parezca, es justo esa lejanía lo que lo hace distinto. Cuando estamos en la península, coges un coche y en un rato estás en cualquier lugar. Llegar a un aeropuerto, coger un avión, trasladarte durante tres horas y llegar a un lugar diferente, hace que esta experiencia tenga una magia especial».
«La amplitud de posibilidades es un gran atractivo en la escultura»
¿Cómo influye un entorno como el de Lanzarote en un proceso creativo? «Lo que podríamos poner en valor de forma determinante es el paisaje. El entorno de la Isla es muy distinto al que solemos tener en la península, y eso genera un choque que te abre las perspectivas de una forma muy especial».
¿Considera que ha cambiado la forma de entender las culturas entre las nuevas generaciones? «Por supuesto. Desde que existe la formación en Bellas Artes, en las facultades, y con todas las grandes novedades en los procesos creativos, estos últimos se van interiorizando. Hoy en día, la escultura es un campo abierto que no tiene límites. Ya nos hemos desplazado desde una simple talla de piedra o madera a no tener límites en cuanto a procesos creativos que tienen que ver con el espacio, volumen o entorno».
¿Qué inquietudes destacas con más frecuencia en el estudiantado que quiere dedicarse a la escultura? «Una de las inquietudes que más percibo en el estudiantado es precisamente descubrir hasta dónde puede llegar la escultura. Hoy en día esta disciplina ofrece un abanico de posibilidades enorme y ha ampliado muchísimo sus límites. Ya no se trata de emplear unos materiales o unas técnicas concretas, sino que se puede crear desde la instalación, el cuerpo, materiales naturales o industriales. Al ser una disciplina que trabaja con el espacio y el volumen, las posibilidades son prácticamente infinitas, y esa amplitud es, al mismo tiempo, uno de los mayores atractivos y uno de los grandes retos para quienes empiezan a dedicarse a la escultura».
