Un colectivo universitario que suma cuatro décadas sin perder su esencia

Universidad

 

«La idea surgió en el año 86, cuando estábamos en primero. En una asignatura de latín, junto con el profesor, hicimos una obra de teatro», así  lo cuenta José Antonio Ramos Arteaga, al que la cercanía ha bautizado como Pepe. Estas pequeñas obras en clase de latín fueron la semilla que brotaría oficialmente en noviembre del 86 con el estreno de la primera obra de la Agrupación.

Desde entonces han pasado ya cuarenta años en los que Arteaga no se ha desligado de la Agrupación de Teatro de Filología, ni como estudiante ni, después, como docente.

Cuando le pregunto sobre cómo ha cambiado la Agrupación, noto en su voz el cariño de quien dio forma a algo y lo ha visto crecer con el tiempo. «Paradójicamente, ha cambiado todo y no ha cambiado nada en el grupo estos años», me dice. Es una respuesta confusa, casi esotérica, que solo admite dos formas de descifrarse: haber estado, como Arteaga, cuarenta años viendo mutar y perdurar la Agrupación, o, como me ocurrió a mí, recibir la explicación que él mismo me dio acto seguido.

«Una herramienta como es el teatro para ayudar a colectivos que no se lo pueden permitir»


En el 86, la vida de un estudiante universitario era muy distinta. Hoy en día, quienes estudian en la universidad andan de acá para allá: algunas personas trabajan, otras tienen personas a su cargo, e incluso hay quienes cursan una carrera y una FP al mismo tiempo. «La forma de hacer la carrera ya no es la misma que antes, cuando estábamos permanentemente metidos en la universidad», recuerda Arteaga. Es esta nueva manera de vivir la universidad lo que él destaca como el mayor cambio que ha afectado a las dinámicas de la Agrupación.

«Pero el grupo de teatro en realidad no ha cambiado», dice, «seguimos siendo un grupo heterogéneo que sigue teniendo las mismas motivaciones. Seguimos siendo un grupo horizontal y activista; pero, sobre todo, somos un grupo de base».

Se habla de la Agrupación de Teatro como un teatro de guerrilla, una etiqueta que Arteaga asocia a dos características esenciales del grupo.

La primera, y más obvia, es su vocación por los espacios y el teatro no convencional: «muchos de nuestros montajes surgen fundamentalmente para espacios no teatrales, el césped, una calle, el hall de una biblioteca, el patio, etc.».

La segunda es su compromiso con las causas sociales. Al hablar de esto, Arteaga califica al grupo como «un grupo guerrillero» que usa «una herramienta como es el teatro para ayudar a colectivos que no se lo pueden permitir». No es una metáfora vacía: la Agrupación ha participado en manifestaciones contra la guerra y la violencia, ha ayudado a recaudar fondos para causas sociales, y ha llevado sus montajes a sitios como Tenerife 2, centros penitenciarios o plantas de oncología infantil en hospitales.

«Hemos sido un grupo que hemos estado donde teníamos que estar», afirma orgulloso, «no solo en lugares privilegiados como puede ser el Paraninfo o el Aula Magna, sino que también hemos pisado otros espacios y nos hemos movido por otras razones más allá de representar una obra de teatro».

«comunidad, creatividad y solidaridad»


La Agrupación es también una red social, en la que se entremezclan estudiantes de varias carreras, edades y disciplinas; así que es normal que puedan surgir conflictos y crisis. Cuando le pregunto por esto a Arteaga, él responde con la tranquilidad propia de quien ya lleva haciendo lo mismo cuarenta años y nada puede sorprenderle: «Como en cualquier trabajo colectivo no todo es idílico y suele haber algún tipo de malentendido, confrontación o pique entre las personas».

Aun así, nada ha estado cerca de quebrar al grupo. Todos los años entra gente nueva que necesita del teatro y del contacto con otras personas de la universidad, y es esa renovación constante, según Arteaga, la que mantiene viva la Agrupación a pesar de los conflictos puntuales que puedan surgir. Además, destaca, cuando tienes una obra que sacar adelante, el ego y los conflictos se resuelven.

Mirando al futuro, Arteaga afirma que lo ideal sería que la Agrupación se mantuviera igual a como está hoy, cumpliendo su función desde abajo, desde la humildad del teatro amateur. «La Agrupación no necesita profesionalizarse, ni telones, ni vestuarios, ni escenarios; lo que necesita es que el espíritu de colaboración y de guerrilla que nos ha caracterizado siempre se mantenga».

Al preguntarle qué tres palabras podrían definir la Agrupación de Teatro de Filología, duda un poco, y es normal, pues le estoy pidiendo que resuma cuarenta años de trayectoria en un cajón. Al final, acaba por responderme: «comunidad, creatividad y solidaridad». Tres valores que no solo han estado presentes en los cuarenta años de la Agrupación, sino también a lo largo de todas las conversaciones que he tenido con Arteaga.

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