Un programa que usa el cine como herramienta de transformación colectiva

Cultura / Ocio

Jezabel Mejías impulsa Barriometrajes, el proyecto de mediación cultural nacido en la antigua Estación de Guaguas de San Benito, en La Laguna. Recurre al audiovisual para que el vecindario cuente su día a día. Tras varias ediciones centradas en barrios concretos, este año se abre a un público intergeneracional y cuenta, por primera vez, con financiación del Ministerio de Cultura.

El proyecto defiende el cine como herramienta de transformación social desde que nació, en 2017, de la mano de un grupo de amistades que reivindicaban la antigua Estación de Aguas de San Benito como espacio gestionado por la propia ciudadanía. El edificio, cerrado desde 2011, nunca llegó a abrir sus puertas a aquel colectivo, pero acogió durante casi cuatro años actividades comunitarias bajo sus marquesinas, hoy retiradas por seguridad. De aquella experiencia surgió, con el tiempo, un proyecto audiovisual que ya ha cambiado de equipo, de enfoque y de escala.

¿Cómo nace la idea de Barriometrajes y qué vacío cultural o de comunidad viene a cubrir en Tenerife? «La idea se gesta en 2017 y la primera edición llega en 2018. Surge de un grupo de amistades que veníamos de estudiar y trabajar fuera, en la península, donde ya conocíamos esos espacios de encuentro gestionados por la propia ciudadanía. Quisimos reivindicar la antigua Estación de Guaguas de San Benito, que se había cerrado en 2011 cuando se construyó la nueva. Nunca conseguimos un convenio para usar el interior, pero durante casi cuatro años organizamos un sinfín de actividades bajo las marquesinas»

¿Cómo se llegó a conectar aquel grupo con los barrios vecinos a la estación, hasta llegar a San Honorato? «Empezó cuando llegó Jorge, con quien quise montar un colectivo de urbanismo. Para el grupo era fundamental conectar con los barrios próximos y, buscando metodologías para acercarnos al vecindario, apareció el cine. Ya habíamos contactado con la asociación vecinal de San Honorato, que en ese momento también reivindicaba su historia frente a un proyecto de tres torres. Nos presentamos a una convocatoria de mediación cultural del Cabildo de Tenerife, que exigía algo más que una propuesta cultural al uso: construcción de comunidad y valores transversales. La ganamos y allí nació la primera edición».

«Gracias a los móviles, hoy cualquiera puede grabar un vídeo o hacer una foto»


¿Por qué decidieron trabajar la mediación a través del cine y no de otra disciplina artística? «Ni Jorge ni yo veníamos de una disciplina artística concreta. A mí siempre me interesaron las artes del movimiento, pero no tengo formación en ellas. Vimos que, gracias a los móviles, hoy cualquiera puede grabar un vídeo o hacer una foto, así que el audiovisual nos permitía contribuir a la alfabetización de la ciudadanía en ese lenguaje. También queríamos documentar la memoria del vecindario de forma sencilla y comunitaria, sin contratar a nadie externo, y que ese trabajo pudiera abordarse tanto desde el documental como desde la ficción basada en historias del propio barrio».

¿Cómo se elige el barrio en el que trabaja Barriometrajes, y cómo se contacta después con el vecindario? «Aprendimos muchísimo con esto. Lo primero es entender que una asociación vecinal no representa a todo el barrio: muchas sesiones vecinales están politizadas y hay conflictos de intereses. Por eso intentamos contactar con el mayor número posible de asociaciones, que entre todas sí representan a gran parte del vecindario, y después vamos tocando puertas y entrando en los bares del barrio, porque al final el barrio es eso. Hacemos un mapeo inicial y abrimos la participación: no solo invitamos a personas del barrio, también a quien le interese el cine, y el propio vecindario nos va proponiendo personajes para los cortos, como la persona más antigua del barrio o alguien del vecindario que ha ganado un premio literario. Al principio nos veían casi como una intrusión, pero cuando repetíamos edición y proyectábamos el resultado en la plaza, la cosa cambiaba: ver a quien trabaja en la verdulería o en la carnicería actuando o contando su historia es muy bonito».

Cambio de escala


Esta edición tiene un enfoque distinto: ya no hay un barrio fijo de referencia ni una duración de tres meses. ¿Por qué se ha producido ese cambio? «Defendemos el cine como herramienta de transformación social y, después de esta trayectoria, sabemos que funciona. Llevaba tiempo queriendo trabajar con personas jóvenes fuera del centro educativo, sobre todo con quienes no tienen tan fácil el acceso a la cultura. Al principio tocamos puertas de entidades que trabajan con juventud con problemas de inclusión social, pero notamos que, en cuanto sabían que iban a participar junto a otras personas jóvenes y no en un proyecto exclusivo para ese colectivo, perdían el interés. Por eso decidimos abrirlo a la juventud en general, y llegaron por motivación propia personas encantadas con el cine. También nos abrimos a entidades que trabajan con juventud migrante, que se ha acercado mucho gracias al cine».

¿Cómo cambia entonces la idea de comunidad si ya no se trabaja sobre un barrio concreto? «Creo que seguimos construyendo comunidad, solo que ya no en un territorio tan pequeño como un barrio, sino más bien a escala insular: las personas participantes comparten un territorio, un contexto y una realidad, y comparten también el interés por el cine. De hecho, muchos de los temas que aparecen en las sinopsis que estamos trabajando son temas sociales que atraviesan a toda la sociedad».

Hasta ahora habían recibido apoyo del Cabildo de Tenerife y del Gobierno de Canarias. ¿Qué supone presentarse por primera vez al Ministerio de Cultura? «De los cuatrocientos proyectos presentados a nivel nacional, seleccionaron treinta y uno, y el nuestro fue uno de ellos. Fue muy importante porque, por primera vez, sentimos que se valoraba un proyecto a largo plazo y no solo una actividad puntual de un año: crear comunidad necesita tiempo, no basta con un fin de semana».

Además del apoyo económico, ¿han contado con otro tipo de ayudas, como espacios o equipos? «Sí. Hay algunos centros de gestión pública en La Laguna que se pueden solicitar de forma gratuita, aunque no son muchos, y nos costó encontrar uno con la regularidad semanal que necesitábamos. Al final conseguimos un espacio accesible en transporte público gracias a Carlos Jiménez, docente de un grupo de investigación en innovación en diseño, y ahora utilizamos un espacio de la Facultad de Bellas Artes. En cuanto al equipo técnico, una parte nos la alquilan Tommy y Pablo, y otra parte la hemos comprado: es la primera vez que la convocatoria nos permite adquirir material inventariable y no solo fungible».

«Me gustaría volver a conectar con un barrio concreto»


¿Cómo evalúan si Barriometrajes está siendo exitoso? «Es otra novedad de este año: por primera vez tenemos a una persona dedicada exclusivamente a la evaluación, que está elaborando lo que llamamos un informe de impacto social, con indicadores cualitativos y cuantitativos. Ahí está una de las grandes diferencias entre una actividad cultural y una mediación cultural: una actividad cultural valora sobre todo lo cuantitativo, como la afluencia a un concierto, mientras que aquí medimos más indicadores cualitativos. No solo nos interesa el conocimiento de cine que adquieren las personas participantes, sino también todo lo que tiene que ver con la construcción de comunidad: el sentido de pertenencia, la confianza, el bienestar, la integración real del grupo, e incluso que se generen amistades fuera de los talleres o que alguien acabe dedicándose al cine».

Para terminar, ¿cómo ve el futuro de Barriometrajes? «Me gustaría volver a conectar con un barrio concreto, de forma parecida a como lo hacíamos antes. Luis y yo somos quienes más estamos impulsando ahora el colectivo: Luis, dedicado a la realización audiovisual, está mucho más implicado en esa parte, y yo, que me dedico a la arquitectura, lo que más me interesa es activar el espacio público y conectar dentro de un barrio determinado. Hay, además, una propuesta para el año que viene que todavía no sé si saldrá adelante: llevar Barriometrajes a una cárcel, a raíz de una invitación de una academia de cine. Ya se está poniendo en marcha un primer proyecto».

Lo último sobre Cultura / Ocio

Ir a Top