En un mundo en donde todo va cada vez más rápido, Elsa López construye espacios donde detenerse. Sus versos reflexivos permiten a quien la lee concentrase en la memoria, el paisaje y la experiencia humana. Amada Elsa López, nacida en Santa Isabel Fernando de Poo (actual Guinea Ecuatorial) en 1943, es una de las voces más destacadas en la poesía y la literatura contemporánea. Ha publicado varios poemarios como Viaje a la nada (2016), dejando huella en una obra poética sobre la experiencia existencial que vivió en su viaje a Noruega; Últimos poemas de amor (2018), que aborda la intensa relación entre la poesía y el amor, así como El país de mi abanico (2021), a través del que conecta con su país de origen, Guinea.
Mientras, en narrativa destacan títulos como Hospital de mariposas, un homenaje a las personas importantes de su vida y La isla del viento (2020), que explora la tradición y cultura de la isla de La Palma. La escritora trabaja sobre la vida cotidiana, los recuerdos y el entorno canario. En sus obras refleja un interés por explorar cómo las palabras pueden conservar experiencias y emociones, y cómo la poesía puede ofrecer un espacio para comprenderlas y reconstruirlas.
Con una trayectoria de más de cincuenta años, su trabajo ha sido reconocido con premios como el Premio Canarias de Literatura (2022), demostrando una vez más el apoyo de la escritora hacia la cultura Canaria y el Premio Victorina Bridoux de las Letras (2023).
En un mundo donde las palabras se consumen a gran velocidad, ¿qué función cumple la poesía como espacio de pausa y reflexión? «La función de construir un espacio donde poder pararse a reflexionar sobre diferentes aspectos y asuntos de la vida. Creo que, en momentos determinados de ansiedad o sufrimiento, por ejemplo, la lectura de un poema que te produzca sosiego o un estado de ánimo diferente al que padeces, puede solucionar lo que sientes al menos durante un tiempo. Creo que la lectura, en general, produce casi siempre ese efecto sanador y la poesía más aún».
«La poesía puede recuperar palabras que parecían olvidadas y darles sentido»
¿Hay palabras o conceptos que la poesía conserva que el lenguaje cotidiano ha olvidado? «Depende de quien escribe. Hay quienes utilizan conceptos más cerrados o más difíciles de descifrar y quienes escriben de tal manera que su lenguaje es igual o parecido al común de la mayoría. El problema no está en el olvido de las palabras, que son asuntos de historia del lenguaje. La verdad es que la transformación del lenguaje es tan ficticia como el lenguaje mismo. Hay veces que una palabra viene a dar significados distintos, y la poesía tiene esa facultad: utilizar palabras que creíamos perdidas para poder decir cosas que no parecen definir nada, pero que sí lo hacen y lo convierten en algo que parece nuevo, aunque no lo sea».
¿Ha cambiado su forma de escribir pensando en quien lee o cree que hay diferencias entre la comunidad lectora de antes y la de ahora, que está acostumbrada a consumir información inmediata? «Ninguna. He leído un mismo poema a varias generaciones y siempre sucede lo mismo. Se emocionan, se conmueven, se irritan y hacen preguntas e interpretaciones parecidas. No he pensado nunca en quien va a leerme. Es algo que me sorprende: pensar y saber que hay quienes lo hacen, eso es comercio y no me interesa, solo una vez por encargo tuve que escribir un libro infantil sobre Canarias y lo pasé muy mal pensando en quienes eran los que me leían y me costó mucho hacerlo porque siempre escribo lo que siento y lo hago sobre la marcha deseando sólo en trasladar al papel mis propias emociones».
Al escribir desde Canarias, ¿cómo consigue que las islas aparezcan en su poesía sin caer en la imagen turística habitual? «Cuando escribo sobre la isla lo hago desde mi interior no desde fuera, aunque los paisajes y los seres humanos que hay en ellas existen y han sido para mi una buena parte de ese mundo que me ha rodeado alguna vez, por ello ahora están presentes en los poemas que escribo».
«Es como si el poema pudiera contener una escena completa y reproducirla con un ritmo y un tempo determinado por mi cerebro»
¿Qué papel juega la poesía para reconstruir recuerdos y experiencias que de otro modo podrían perderse? «Es un papel fundamental. Ella ha sido el conducto por el que he podido canalizar mis recuerdos y mis emociones. El lenguaje me ha facilitado el poder reproducir esas experiencias y con mayor facilidad que si lo hubiera querido hacer con otros medios. A veces me vienen los versos a la cabeza cuando recuerdo algo. Es transformador y me sucede con mucha frecuencia».










