Foto de la carátula reversible en la caja del videojuego. Foto: PULL

El viento de la revolución de una saga

Opinión

Todo amante del gaming tiene ese título que le hizo cambiar su percepción de los videojuegos. Ese que le afectó de manera superlativa, ese que le aficionó a la industria, a la desarrolladora o a la propia serie de juegos. En mi caso y el de muchas otras personas sucedió con The Legend of Zelda: Breath of the Wild (BOTW), uno de los videojuegos más influyentes de los últimos diez años y que cambió totalmente el rumbo de esta leyenda.

El título salió originalmente el 3 de marzo de 2017 para Wii U y Nintendo Switch, siendo esta última la versión principal, por un precio original de 69,99 euros. En esta historia te encarnas en la piel de Link, el protagonista de la serie, en una trama alargada por más de cien años donde ayudarás a la princesa Zelda en su castillo tras un larguísimo letargo para frenar el cataclismo provocado por el villano principal, Ganon.

Este fue el primer juego de la saga en incluir voces para los personajes. Foto: PULL

BOTW cambió por completo la jugabilidad de la saga. Fue el primer juego en implementar el mundo abierto, algo que no se había visto en ninguno de sus precedentes. El cambio significó un soplo de aire fresco. Además, las mazmorras clásicas desaparecieron y la diversidad de armas y arcos aumentó, lo que provocó que la experiencia fuese diferente según quién jugaba. Es este punto el más importante a mi manera de entender los videojuegos.

«Podía pasar horas y horas paseando por los campos inacabables de Hyrule»

Para gustos, colores y en la manera de jugar se muestra a la perfección. Así lo quiso reflejar Eiji Aonuma, director de la Saga. Existen los famosos speedruners, que tratan de terminar su ruta con la mayor brevedad posible, hay quienes prefieren jugar según las normas por defecto que se establecen y hay quienes que lo que más buscan es la tranquilidad. En este último grupo me encuentro yo. No exagero cuando digo que mi yo de doce años podía pasar horas y horas paseando por los campos inacabables de Hyrule, por sus desiertos, bosques y playas, y todo eso sin hacer ni siquiera una mísera misión principal.

Perderte explorando todos los rincones posibles, pasar el rato derrotando enemigos para conseguir ese arma que tanto anhelas, buscar los coleccionables que ofrece el juego o hacer una de las tantas misiones secundarias son algunas de las cosas que esta infinita libertad ofrece. Sumado a la libertad, el equipo de desarrollo de Nintendo añadió diversas mecánicas jugables como la capacidad de trepar paredes, paralizar objetos o imantarlos para moverlos, algo que expande los múltiples caminos de completar la aventura.

En resumen, The Legend of Zelda: Breath of the Wild fue el producto perfecto tras una larga espera desde The Legend of Zelda: Skyward Sword en 2011 por una entrega de la línea principal. Rompió los esquemas de la saga para mejorarse a sí mismo y como resultado provocó no solo el galardón al mejor videojuego del año en 2017, sino algo mejor, calar en el corazón de sus fans y crear un recuerdo imborrable.

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