Los libros han estado presentes en la historia de la humanidad desde sus inicios. Remontándonos a los antiguos papiros egipcios, la creación de la primera biblioteca de Alejandría, la invención de la imprenta, han sido vehículos fundamentales para transmitir distintas culturas, conocimientos y pensamientos pasados. Sin embargo, en el siglo XXI, la lectura tradicional se enfrenta a un creciente desinterés, lo que pone en riesgo que esta práctica milenaria se mantenga viva.
Según el informe de 2024 de hábitos de lectura y compra de libros en España de la Federación de Gremios de Editores de España muestra cómo la media de lectores en tiempo libre del País es del 65,5 por ciento. Mientras que Canarias la cifra es menor y ocupa el penúltimo lugar con un 60,5 por ciento, quedando por encima de Extremadura.
Un dato que refleja que pese a contar con un sistema educativo, una sociedad desarrollada y un amplio acceso a libros en diferentes formatos no es suficiente para que la lectura pueda consolidarse entre la mayoría. Si reflexionamos el número de quienes la consumen es bajo. Aunque crece con respecto al año anterior, lo hace con lentitud y dificultades. Las causas de esta tendencia son múltiples y complejas.
«La lectura obligatoria va en contra de motivar al alumnado»
El sistema educativo juega un papel principal, con la implantación de lecturas. Carmen de los Ángeles Perdomo, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna y doctora en Didáctica de La Lengua y Literatura explica que «el sistema de enseñanza tiene que priorizar el fomento de la lectura en edades tempranas porque forma parte del desarrollo integral de la persona, para rendimiento académico y crecimiento personal».

Añade que hay que promover elementos lúdicos, pero también trabajar la competencia lectora con todas sus estrategias cognitivas: concentración, la creación de hipótesis, entre otras. «Hay que poner esta base de manera adecuada para que el estudiantado de menor edad tenga una técnica, vea el proceso cómo algo divertido y que aparte de ser gratificante le de resultados», detalla Carmen de los Ángeles Perdomo.
«Aprendemos a leer y luego leemos para conocer»
El Programa Letra de la Universidad de La Laguna se presenta como una propuesta en la formación del profesorado en la instrucción de la lectura mediante diversos recursos en la plataforma MOODLE. «El enfoque es la respuesta al modelo de intervención que nos ayuda a adelantarnos al problema», declara Juan Eugenio Jiménez, investigador principal del proyecto y Catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación.
El objetivo es la detección en distintas áreas, aparte de la lectura, cómo la escritura y las matemáticas desde Educación Infantil hasta segundo de Primaria. El experto comenta que «al profesorado le permite supervisar y controlar el progreso de aprendizaje porque la validación científica que hemos hecho de estas medidas se ubican en tres momentos del curso: al inicio, mediados y finalizando el curso». Con esta información se facilita la comparación de la curva de aprendizaje del estudiantado con la población típica, lo que posibilita identificar a quienes presentan dificultades en el aprendizaje y poder actuar a tiempo.
Además, manifiesta que la lectura se tiene que enseñar de manera adecuada para que las personas la puedan interiorizar y utilizar para adquirir informaciones. «El profesorado debe centrar toda su atención en que se lea con fluidez y automaticidad en las aulas para que se reconozcan las palabras con rapidez y asegurar la comprensión de los textos y sus significados por parte del alumnado», expresa Juan Eugenio Jiménez.
La influencia del hogar
Por otra parte, es fundamental mencionar la importancia de los referentes familiares, ya que su ausencia puede convertirse en un obstáculo para el desarrollo del hábito lector. «Si lo que te rodea es ajeno a la lectura tienes pocas posibilidades de unirte a ella, salvo que después conozcas amistades, que tu mente despierte sobre algo por la lectura», señala Ernesto Rodríguez Abad, profesor de Literatura en la Universidad de La Laguna.

El docente destaca también el valor que tienen los espacios culturales. «Las bibliotecas necesitan ser centros neurálgicos de tertulias, debates, de intercambio de ideas, reflexiones entre personas. Porque es ahí donde nace todo el saber, y desde ellas tendría que emanar la vida de los pueblos y las ciudades», indica Ernesto Rodríguez Abad.
Una realidad distinta
No obstante, hoy en día la actividad lectora atraviesa un claro retroceso que no podemos negar a causa del auge de los múltiples estímulos digitales que nos rodean. Jezabel Rodríguez, doctora en Filosofía y licenciada en Psicopedagogía, advierte que el hábito lector se pierde por el impulso de las redes sociales y de otros tipos de entretenimiento como son el cine o las series. «La gente ya no lee literatura; simplemente intercambian mensajes en las diversas plataformas», indica.
Jezabel Rodríguez aclara que los entretenimientos actuales ofrecen recompensas inmediatas. «Un libro sigue una narración diacrónica con un inicio, desarrollo y final. Por lo que implica una capacidad de concentración y de posposición de la gratificación», argumenta. Considera que las emociones que surgen con la lectura se desarrollan con una lentitud que permite reconocerlas mejor. «Esta pausa emocional favorece a la empatía, el autoconocimiento y la gestión de las propias emociones de las personas», afirma.

De igual manera, sostiene que la práctica de una lectura atenta no solo mejora la concentración, sino también proporciona beneficios relevantes en la memoria y el aprendizaje. «Su práctica habitual permite que las personas amplíen significativamente sus vocabularios e interioricen distintos tipos de estructuras gramaticales, sintácticas y ortográficas», comenta.
El futuro que aguarda
El libro seguirá siendo un símbolo de resistencia, de profundidad y de encuentro con uno mismo, en una sociedad dominada por la inmediatez. Andrés González Novoa, doctor en Educación en la Universidad de La Laguna y licenciado en Pedagogía, expresa que «la lectura consiste en detener el tiempo, de pensar para qué estoy en el mundo. Es un acto individual que realizas porque te apetece, para disfrutar realmente».
Frente al bullicio constante, la literatura brinda conversaciones silenciosas, una libertad de descubrir, de sentirse identificados con quienes escriben y de hacer introspecciones tanto personales como del mundo. Gracias a la plasticidad de nuestro cerebro, nunca es tarde para empezar a adquirir el hábito de la lectura, empezando poco a poco hasta terminar novelas enteras. Porque un libro, en las manos correctas nunca será visto cómo simples páginas vacías porque cómo decía Emily Dickinson: «no hay mejor nave que un libro».










