La calma de Anaga que enfrenta la presión de los vehículos. Foto: PULL

Parking Rural de Anaga

Opinión

El Macizo de Anaga, reserva de la biosfera, se encuentra ahogada en sus principales vías de acceso por un tránsito constante de vehículos. En esta comarca de la Isla viven cerca de veinte mil personas, las cuales se ven afectadas de forma regular a la hora de salir o volver a sus hogares conviviendo con largas retenciones, que influye en las tareas del día a día de la población. El Parque cuenta con un atractivo único en materia de biodiversidad, lo que atrae a miles de visitantes a diario, destacando el turismo rural y de montaña. La cara opuesta es la masificación que genera ese gran número de personas que acuden al entorno natural, saturando por completo las estrechas y serpenteantes calles que dan paso entre la frondosidad del terreno.

Desde Las Mercedes, último núcleo urbano antes del entorno protegido, los vehículos suben en zigzag superando la inclinada orografía. Al llegar a La Cruz del Carmen, epicentro del Parque, un flujo espeso de personas rodea la zona, senderistas y guiris desubicados se aglomeran ante el centro de visitantes, mientras en el aparcamiento guaguas y coches bloquean la movilidad. Al superar este embudo, avanzas con optimismo hacia Taganana o Afur. Sin embargo, tras cada apretada curva: arcenes colapsados, vías reducidas a la mitad y miradores abarrotados. Este es el calvario habitual de residentes y habitantes del macizo.

«No es un parque temático, es el hogar de personas que se deben de priorizar y atender con dignidad»

El Parque Rural de Anaga ha experimentado un crecimiento exponencial en turismo los últimos años. En 2025, alcanzó la cifra de un millón ochocientos mil visitantes, una marca récord que sitúa a este enclave de la Isla como uno de los atractivos mas populares. Pero todo tiene un límite, como es el caso de los 140 kilómetros cuadrados que limitan el área natural protegida.

La geografía del macizo solo permite moverse por la red de senderos establecidos, miradores adaptados y las arterias viales (TF-12 y TF-123). Por este motivo, residentes y personas foráneas cconviven en las mismas desviaciones, pequeñas rotondas y túneles que organizan los desplazamientos dentro del territorio. Asimismo, diferentes asociaciones vecinales han paralizado estos caminos para protestar por la sobrecarga que esta sufriendo el parque rural y como esta afectando a sus desplazamientos, anegando el acceso a las poblaciones que se ubican en su interior.

Como consecuencia, desplazar a la población local y dejar el paraje protegido al disfrute de turistas, que se tomen su fotito sin valorar el lugar mágico en el que se encuentran.

«El paisaje no es un decorado, es un conjunto de ejemplares únicos que tienen que proteger y preservarse»

En el año 2015, Tenerife consiguió que el Parque Rural de Anaga fuese declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO. La alta biodiversidad que convive en los bosques de Laurisilva ha permitido que este rincón de la Isla sea reconocido internacionalmente. Sin embargo, el exceso de vehículos no solo afecta a los vecinos, también a la protección de las especies endémicas que habitan aquí, destacando La Cruz del Carmen como lugar con mayor número de especies endémicas por kilómetro cuadrado que se conoce en Europa.

Fauna y flora, muchas en riesgo de extinción y como único hábitat el Macizo, se ven amenazadas de forma diaria por la llegada de cientos de coches que erosionan el terreno, impregnan el ambiente de gases contaminantes y alteran ecosistema.

Lo más preocupante de la situación es que, tras una semana de las últimas quejas vecinales que llegaron a paralizar el tráfico, no se ha obtenido respuesta alguna desde las instituciones responsables. No se puede entender como en un espacio declarado reserva, donde se impulsa la investigación y conservación de especies, no se tomen medidas serias de forma inmediata más allá de tímidas multas, que en muchos casos no se llegan ni a abonar.

El Macizo no necesita más proyección, necesita que se tomen decisiones claras que solucionen problemas reales. Medidas que primen a los habitantes, que organicen un acceso sostenible que no deje huellas que un futuro no podamos arreglar. La situación actual no da ápices de progreso, pero si las autoridades pertinentes escuchan a las comunidades locales y profesionales, la solución de Anaga puede replicarse en otros espacios tensionados del Archipiélago.

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