No hay camas para tanto alumnado

Sociedad

Cada septiembre miles de jóvenes se trasladan a San Cristóbal de La Laguna con la esperanza de comenzar sus estudios universitarios. Para muchos, ingresar en la Universidad de La Laguna supone cumplir un sueño: salir de su isla natal, vivir una experiencia transformadora y, con suerte, labrarse un futuro profesional.

Pero ese sueño empieza a torcerse desde el momento en que abren un buscador de pisos en internet. Lo que encuentran no es una vivienda, sino una carrera de obstáculos económicos, fianzas abusivas, pisos precarios y una oferta que desaparece casi tan rápido como se publica. En 2025 el precio del alquiler en Tenerife ha convertido la búsqueda de alojamiento en una auténtica pesadilla para quienes quieren estudiar en la ULL.

 El mercado del alquiler en Tenerife no ha dejado de crecer en los últimos años. Según datos recopilados por Idealista y portales de vivienda, en 2025 alquilar una habitación cuesta de media 522 euros al mes. Hace cinco años, esa cifra no superaba los 250. La diferencia no es solo llamativa: es insostenible para muchos bolsillos.

El problema se agrava en zonas cercanas al campus universitario. En barrios como Anchieta, Los Majuelos, La Cuesta o Padre Anchieta, la oferta ha caído más de un 20 %, al tiempo que ha crecido la demanda. ¿La razón? Muchas de las viviendas que antes se alquilaban a largo plazo ahora están destinadas al alquiler vacacional.

Este fenómeno, impulsado por plataformas como Airbnb, ha transformado el mapa inmobiliario de municipios como La Laguna. Donde antes había pisos de quienes estudiaban, ahora hay apartamentos turísticos.

«Mi hermano y yo comenzamos este año la universidad. Entre el alquiler y lo mínimo para vivir, era insostenible para mi familia. Yo me volví a casa y me apunté a un ciclo. No era viable que los dos estuviéramos allí», apunta Ángel Herrera, exestudiante de Filología.

Residencias insuficientes, plazas limitadas


La alternativa lógica sería recurrir a las residencias universitarias. Pero el problema persiste: no hay suficientes camas para tanto alumnado. Durante el curso 2024-2025, la Universidad de La Laguna recibió más de 1400 solicitudes para apenas 546 plazas disponibles en sus residencias oficiales. Solo un 39 % de solicitantes consiguió una plaza. El resto tuvo que buscar por su cuenta, asumir precios muy por encima de sus posibilidades, o simplemente renunciar a estudiar. Veamos los datos en perspectiva:

Evolución del precio medio del alquiler en Canarias (€/m²):

Diciembre 2022: 12,4 €/m²

Diciembre 2023: 13,6 €/m²

Diciembre 2024: 14,1 €/m²

Junio 2025: 15,1 €/m²

Esto supone una subida acumulada del 21,8  % en apenas dos años y medio. Es decir, los precios no solo han subido: lo han hecho de forma constante y acelerada, con un promedio de incremento del 8,5  % anual.

En San Cristóbal de La Laguna, el panorama es aún más preocupante:

– 2022: precio medio del alquiler mensual: 684 euros.

– 2025: junio, precio medio: 1016 €/mes.

Un aumento del 48  % en solo tres años. A pesar de la subida, la mayoría de los pisos siguen en condiciones precarias: falta de mantenimiento, humedad, muebles viejos, sin contrato legal o con condiciones abusivas.  «El primer año compartí un piso viejísimo con otras cuatro personas. Dos de ellas tenían que dormir en el mismo cuarto. Solo había un baño. Pero, por mal que suene, era de los mejores que vi para estudiantes», señala Raúl Hernández, estudiante de Economía.

Dos o, incluso, tres meses por adelantado


Pero más allá del precio mensual, el gran obstáculo para muchas familias es la entrada inicial. En la mayoría de los casos, los propietarios exigen dos o, incluso, tres meses por adelantado. Algunos obligan a firmar contrato desde mayo o junio, aunque el curso universitario no comience hasta septiembre. Esto implica pagar entre mil y dos mil euros antes de empezar las clases, sin haber pisado siquiera el piso.

 «Una amiga, antes de acabar Bachillerato, ya había firmado contrato y había pagado una fianza de 700 euros. Para la mayoría, eso es imposible», afirma Iñaki Ávila, estudiante de Educación Primaria. Esta dinámica provoca que muchas familias no puedan asumir los pagos o lo hagan endeudándose. Quienes no pueden pagar esa entrada, llegan tarde y se quedan sin opciones.

Colegio Mayor San Fernando. Foto: PULL

¿Es la universidad pública un privilegio?


El derecho a la educación está reconocido en la Constitución Española, pero la realidad actual plantea una pregunta incómoda: ¿de qué sirve ese derecho si no puedes permitirte vivir cerca de donde estudias? Esta desigualdad amenaza con convertir la Educación Superior en un privilegio al alcance solo de quienes cuentan con recursos suficientes. Así, en lugar de ser una herramienta para reducir las brechas sociales, la universidad puede acabar ampliándolas.

Además, esta crisis tiene un impacto directo en Tenerife. La fuga de talento joven hacia otras islas o territorios donde la vida universitaria es más accesible empobrece el potencial local. Por otro lado, genera estrés, ansiedad y problemas de salud mental entre quienes luchan por mantener sus estudios en condiciones adversas.

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