En la sociedad actual hay individuos que atraviesan situaciones de dificultad que requieren de la solidaridad de los demás. En este contexto, las organizaciones no gubernamentales resultan esenciales para socorrer. En este ámbito destaca la figura de Ubaldina Mora Moreno, una mujer comprometida con la obra solidaria. Ella es la presidenta de ONG Canarias, una organización dedicada a ofrecer cooperación a civiles en estado de vulnerabilidad. A través de ello, coordina iniciativas solidarias que incluyen entregas de alimentos, ropa y apoyo a familias con escasez económica. Su labor no solo se centra en cubrir necesidades básicas, sino también en acompañar y contribuir a su integración social.
¿Qué le motivó a liderar la ONG? «Nace de la preocupación por las desigualdades sociales que veía a mi alrededor. Al principio mi implicación era pequeña, pero poco a poco empecé a conocer más de cerca las historias de quienes lo pasaban mal. Luego entendí que no era suficiente, que hacía falta un compromiso más estable y organizado. Llevar una ONG fue un paso natural dentro de ese proceso. Para mí no es solo una responsabilidad, sino una forma de vida basada en la empatía, la justicia y el deseo de aportar un pequeño cambio».
¿Qué tipo de ayuda ofrece la ONG? «Principalmente la alimentación, ya que no todos tienen garantizado comer cada día. Ropa, productos de higiene y respaldo emocional. No solo tienen carencias materiales, cuentan con una gran sobrecarga psicológica (estrés, ansiedad o sensación de abandono). Intentamos escuchar, escoltar y orientar. Por otro lado, trabajamos, en la inserción laboral, porque creemos que el amparo no debe ser solo inmediata, sino una oportunidad para que puedan recuperar su autonomía y construir un futuro».
¿Podría explicar como es un día cualquiera en la organización? «Bastante impredecible, y eso es lo que hace esto tan intenso y tan humano. Nos centramos en tareas organizativas (clasificar comidas, gestionar donaciones o coordinar a los voluntarios). Para que todo funcione correctamente, aunque no se vean. Algunos días están más enfocados en la atención directa. Los recibimos, escuchamos y tratamos de darles una respuesta en nuestras posibilidades. Esta parte es quizás la más delicada, implica una gran carga y mucha responsabilidad».
Las ONG son muy impredecibles, y eso las hace emocionantes y humanas.
¿Cuál ha sido la experiencia más dura que ha vivido? « Las más duras suele estar relacionadas con la pobreza extrema, especialmente al afectar a niños. Ver que no pueden pagar cosas necesarias de sus hijos, es algo que impacta profundamente y que nunca llegas a normalizar. Uno de los aspectos más difíciles es la sensación de impotencia, ya que te das cuenta que la necesidad es mayor que los bienes disponibles, y eso genera frustración. Sin embargo, esas experiencias te recuerdan lo confortable que es todo y seguir».
¿Y la más bonita? «Afortunadamente, hay instantes positivos que compensan los inconvenientes. Uno de los más bonitos es ver cómo consiguen salir adelante después de haber pasado por una situación complicada. Por ejemplo, cuando logran un trabajo, recuperan el equilibrio o simplemente vuelven a tener esperanza. Estos momentos no solo son gratificantes, es que te dan fuerzas para continuar, te hacen ver que el esfuerzo realmente tiene impacto».
¿Qué dificultades tiene una ONG como la suya? «Una de las principales es la carencia de recursos. Dependemos de los voluntarios. Esto lleva a que no siempre contamos con la estabilidad necesaria para planificar a largo plazo. Cada vez hay más personas que necesitan soporte, y eso nos obliga a hacer un gran esfuerzo para intentar llegar a cada uno. Hay contratiempos relacionadas con la gestión y la burocracia, que complican todo. A pesar de todo, seguimos gracias al empeño del equipo y a la convicción de que es necesario».










