La Escuela Literaria, fundada en 2004 en La Laguna, continúa consolidándose como un espacio para el desarrollo de la creatividad del alumnado canario. Su directora Antonia Molinero señala que la escritura permite mejorar la expresión, el pensamiento y la capacidad de observación de quienes participan en los talleres. A través del proyecto LitHackers, la entidad impulsa el talento juvenil con propuestas que fomentan la innovación y la creación colectiva.
¿Qué la motivó a dedicarse a este oficio? «Porque es lo que mejor sé hacer desde muy pequeña. Las letras siempre me ha proporcionado satisfacciones. Desde niña empecé a leer y los libros me apartaban un poco del mundo real, uno que no terminaba de entender. Me evadían y aún siguen alejándome de la realidad».
¿Cómo nació la Escuela Literaria? «Yo soy de Madrid y me vine a vivir a Tenerife. Estuve un tiempo en el Muna, pero pronto sentí la necesidad de crear una escuela propia. Cuando pude inaugurarla, había tanta necesidad que en tres meses se llenó. Desde entonces han sido años de trabajo, esfuerzo y formar un equipo de profesionales capaces de acompañar al alumnado en el proceso de escribir».
«Me gustan los extremos, la juventud por su atrevimiento y la vejez por la libertad»
¿Por qué surge el proyecto LitHackers? «Es conocido como Jóvenes Escritores Laguneros, pero quisimos darle un aire más actual. Las nuevas generaciones se atreven a romper el lenguaje y a experimentar. En el taller se acerca gente muy diversa, desde mentes brillante hasta quienes no destacan en los institutos, pero poseen un talento creativo enorme. Para cerrar cada edición elaboramos un libro colectivo con los mejores textos. Es un recuerdo para toda la vida y suma en su trayectoria «.
¿Cree que Canarias necesita fomentar más iniciativas como esta? «Más que crear nuevas, creo que hay que fortalecer la que ya existen. Es importante implementarlas en espacios educativos. De hecho, colaboramos con el Cabildo de Tenerife a través del proyecto Pialte, que llega a los centros que lo solicitan. Pero debería ampliarse a todos los rincones posibles. Así como existen escuelas de música, debería haber academias de escritura para usuarios en todas partes».
¿Piensa que existe una visión estigmatizada hacia quienes escriben con pocos años? «Sí, totalmente. Aunque para mí, la literatura de calidad depende del talento, no del año de nacimiento. He leído textos espectaculares en jóvenes y también en personas de la tercera edad. Me gustan los extremos, la juventud por su atrevimiento y la vejez por la libertad con la que se escribe cuando ya no quedan máscaras».
«La escritura me ha permitido entender más a la gente»
¿Considera que la escritura ha cambiado con la digitalización? «Sí, y para mejor. La manera de pensar ha cambiado y, por tanto, la manera de escribir. Yo soy defensora de la modernidad y creo que la novedad marca tendencia. Hoy se busca naturalidad y frescura en los libros. No comparto la idea de que ‘ahora se escribe peor’ porque en realidad solo se hace distinto. Las redes han agilizado el lenguaje y han eliminado descripciones interminables».
¿Qué conocimientos ha ganado enseñando este arte? «He aprendido de las experiencias. Haber leído tantas historias me ha permitido conocer aun más el mundo y el alma humana. Me siento más sabia, en cierto modo. Cuando alguien te cuenta algo, ya detectas si hay verdad o no, porque lo reconoces después de escuchar y leer tantos relatos. La escritura me ha permitido entender incluso más a la gente. Esa es la mayor enseñanza».










