El Aula Magna abrió sus puertas el jueves, 5 de noviembre, para conmemorar la democracia con el evento Para la libertad: España después de 1975. Desde las 8.30 horas, los oyentes fueron ocupando las butacas, siempre con la intención de ubicarse lo más cerca posible. Una hora después, la sala se llenó de aplausos con la llegada del periodista, Iñaki Gabilondo. El rector mayor, Francisco García Rodríguez, dio apertura a la charla con el propósito de «recordar y rectificar nuestra historia reciente». A su vez, estaba acompañado de la presidenta de CajaCanarias, Margarita Ramos, y uno de los organizadores del programa, Alberto García Aguilar.
La ponencia comenzó con el alumnado seleccionado de Periodismo, que había tomado la iniciativa de preguntarle al comunicador lo que significa España. Para él, «la nación es una realidad con extraordinaria complejidad», no solo por los sucesos que han marcado su memoria, sino por la ausencia de la convivencia en una sociedad que ya no admite otras miradas u opiniones. También dijo que en la actualidad, la individualidad se interpone con fuerza y rechaza lo que no está dentro de sus parámetros.
Luego, recordó sus comienzos en la radio durante la época franquista. «La población estaba encajonada en unos principios autoritarios donde lo que no era obligatorio, estaba prohibido. Todos esperábamos el día en el que pudiéramos decidir», comentó sin entender cómo la juventud, que siempre ha gozado de sus derechos, glorifica aquellos años tan oscuros. Mientras continuaba relatando su experiencia en la dictadura, el público podía sentir el peso en el aire cuando recordaba esos 33 años que le habían arrebatado sin permiso.
«Tenemos que defender con responsabilidad y anclar la libertad, a la vez que nos comprometemos con nuestros deberes»
El ponente explicó que la gente se acostumbró en esa temporada a un estilo de vida limitante y plagado de órdenes. Sin embargo, esto no significa que hayan escogido esa represión, en realidad, se adaptaron a ese modus operandis aunque no fuese del gusto de nadie. Los cambios llegaron poco a poco, pero el que más lo marcó fue el de las mujeres, dado a que lucharon por dejar de ser un colectivo secundario. Por eso, recalcó lo fácil que podía ser perder la libertad que se ha buscado y el riesgo que corre por las decisiones gubernamentales.
Asimismo, aseguró que el mundo se está enfrentando a una «sociedad infantilizada» que cree mucho y analiza poco. Según el periodista, «vivimos en una década que se queda en la superficialidad y banalidad, con unos medios de comunicación en pánico financiero que intentan acceder al público a través de señuelos». A él le parece curioso las preferencias que se tiene a la hora de confiar en las fuentes de información. Ahora, se duda de los profesionales, pero se acepta sin preguntas otros discursos a conveniencia.
A raíz de esto, retrocedió al pasado para hablar sobre el primer programa de Cadena SER sin necesidad de conectar con la Radio Nacional de España, siendo una de las transmisiones pioneras en la liberalización. En momentos como este, su experiencia le ha enseñado que hay que defender con responsabilidad y anclar la libertad, mientras nos comprometemos con nuestros deberes. Desde su punto de vista, la democracia y la monarquía del país tuvieron «un nacimiento de nalgas» tras el final del franquismo.

El camino que se tuvo que recorrer a lo largo de la transición no fue sencillo, estuvo protagonizado por una comunidad activa llena de movimientos sindicalistas, universitarios u de otros colectivos. Él sentía que cada decisión estaba vigilada y unida a una consecuencia. «Tanto izquierda como derecha coinciden que fue una pelea que abrió rumbos a otras opciones», apuntó Gabilondo.
Sin esperarlo, a sus espaldas se estaba proyectando el avance informativo sobre el golpe de Estado del 23 de febrero, un momento clave para el periodismo español y su carrera profesional. Por supuesto, las anécdotas sobre esa fecha no cesaron. El ponente relataba con cuidado la sucesión de los hechos, mientras que los presentes escuchaban con atención los detalles que no salieron al aire.
Luego del viaje por el pasado, el alumnado encargado de las preguntas dio un salto a la actualidad. El auge de la ultraderecha se colocó sobre la mesa y el periodista manifestó de inmediato lo preocupante que le parecía. Señaló que en Europa y América está ganando presencia partidos que encasillan en una lista negra los principios de la democracia y la igualdad. Su cercanía y oratoria envolvían a quienes lo oían, dando una sensación de tener una conversación en particular con él. Nadie se atrevió a levantarse de su asiento.
«Los cobardes no son quienes crean el mundo»
Aunque el presente está rodeado de conflictos y polémica, él defiende que la solución no se encuentra en lo radical, al contrario, anima a los gobiernos a moldearse a los aspectos de esta era. No obstante, se niega a «ignorar las señales de esperanza», ya que para él sigue habiendo gente que no está dispuesta a agachar la cabeza.
Para finalizar, la labor del periodismo fue la protagonista en el transcurso de la rueda de preguntas. Aconsejó a los periodistas a no rendirse ante las palabras necias, pues la profesión se crea como cómplice de la libertad del ser humano. A lo largo de su trayectoria, aprendió que el rumbo en cada carrera profesional solo será pautada por el juicio y valentía al momento de escoger un camino. Para el ponente, la humanidad y un criterio sólido son fundamentales para la lucha por la democracia, pues para Iñaki Gabilondo, «los cobardes no son quienes crean el mundo».










