«Hay miles de talentos musicales ahí fuera, esperando en una sala cualquiera» – Periodismo ULL
Rodríguez en su última actuación en Tenerife, en la Asociación Equipo PARA. Foto: A. Dorta

«Hay miles de talentos musicales ahí fuera, esperando en una sala cualquiera»

Música

Ni pactó con el diablo, ni se crió en un rancho al sur de los Estados Unidos. Pese a ello, Pablo Rodríguez, el hombre detrás del proyecto musical en solitario EvilMrSod, encarna con gran precisión los valores de libertad y rebeldía tan propios de aquella juventud que, por ir contra lo establecido, gestó el rocanrol. Quien conozca a Rodríguez, sabrá que detrás de ese aspecto rudo de bluesman, se halla una voz cercana y harto reflexiva, domada por el paso de los años.

Tras haber trascurrido más de tres décadas desde la creación de Fuckin’ Family Faces, la agrupación con la que el cantante aprendió los modales del rock, las salas de concierto donde actúa siguen abarrotándose. Su éxito ha pervivido en Alemania, a donde emigró a principios de siglo.

¿Cómo llega el rock a su vida? «De una manera bastante típica. Mi historia con el rock es la historia de mi banda. En los años noventa, habían muchos grupos en la Isla. A mis amigos y a mí nos gustaba, más o menos, el mismo tipo de música, y teníamos un interés compartido por formar también nosotros nuestra propia agrupación. No sabíamos cómo tocar, pero queríamos hacerlo de todas formas. Sobre la marcha, nos asignamos los instrumentos. Cada uno aprendió como pudo. Por mi parte, empecé a tocar la guitarra con un libro que había en casa».

En su proyecto en solitario actual, ¿queda algo de aquellos inicios? «Si queda algo, sería la estética, es decir, toda la iconografía esotérica y demoníaca. Por otra parte, también queda el espíritu de aquella juventud. La motivación tras la música del grupo era la de tener la posibilidad de hacer lo que nos diera la gana, sin importar lo que pensaran de nosotros. Aún conservo ese propósito de libertad».

«Me di cuenta de que hacer música solo también era una opción»


En 2003, da el salto a su carrera en solitario. ¿Cómo nace EvilMrSod, esta especie de presencia maligna de los escenarios? «Durante los años en los que cursé Bellas Artes, pude recibir una beca que me permitía ir a Alemania para estudiar durante dos semestres. En la universidad que me asignaron, había un estudio de grabación a disposición del alumnado, que solo se usaba para realizar doblajes de vídeos. Como no tenía a mi banda cerca, quise aprovechar ese espacio para grabar un disco por mi cuenta y ver qué pasaba. Ni siquiera pensé en presentarlo en directo en un inicio. Cuando se publicó, comenzaron a surgir conciertos en bares locales. Me di cuenta de que hacer música solo también era una opción».

Resulta llamativo que en su página web mencione a EvilMrSod como su alter ego y no como un mero nombre artístico. ¿Qué diferencia hay entre Pablo Rodríguez, la persona, y EvilMrSod, el personaje? «Es simple. Cuando empecé a tocar solo, no quería presentarme como Pablo Rodríguez y ya. Me sonaba a firma estereotípica de cantante independiente, que no era lo que yo hacía. Se me ocurrió, entonces, buscar un nombre más peculiar. Como nunca he sido gran seguidor de ninguna religión, me resultó gracioso crear una figura que antagonizara todo lo que creo que representa la Iglesia y que, a su vez, se alineara con la tradición de los géneros que disfruto. Al fin y al cabo, se suele hablar mucho de pactos con el demonio en el blues».

El apodado «rey del ‘blues’ del delta», Robert Johnson, es acusado, en una extendida leyenda popular, de haber vendido su alma al diablo para alcanzar el éxito. Foto: PULL

Su primer epé se titula glamfolk is not a joke. ¿Cómo surge la idea de crear un estilo como el glam folk y qué significado adquiere al fusionar dos elementos tan distintos? «Todo partía de la intención de mezclar cosas que no pegaban y que al mismo tiempo sí. ¿Te imaginas al típico cantante de folk de los años sesenta? Algo así, muy jipi, muy proletario, como Bob Dylan. Por otro lado, está el glam de los ochenta, es decir, colores, estrellas, rayos, purpurina. Esas dos tendencias, convergiendo a la misma vez, son mis canciones. Que dos cosas sean muy distintas no quiere decir que no se puedan mezclar. De hecho, todas las buenas ideas surgen así, uniendo dos cosas que, en principio, no deberían estarlo. El rock parte de esta lógica, cuando a alguien se le ocurre fusionar el blues y el country. Para ser así de original, hay que salirse de lo esperado».

¿Podríamos decir, entonces, que el glam folk solo era la tendencia que seguía en la juventud y el rocanrol acústico la que sigue en la actual madurez? «No fue por la juventud, porque ya no era tan joven cuando lo hice. Tenía que empezar de alguna manera y esa fue la mía. Aquel primer disco era muy variopinto. Había temas de cachondeo y otros de un rollo más tranquilo. Hubo un momento en que intenté hacer algo con un sonido más propio de banda. Luego, volví al country. Ahora, es una amalgama de todo aquello».

«Después de todo, la música no tiene nacionalidad»


En ese sentido, ¿cree en la unión de géneros artísticos de distinto origen nacional como manera de superar fronteras internacionales? «Te pondré un ejemplo. Yo soy de Tenerife, y nunca voy a tocar blues como alguien de Memphis. Por así decirlo, aprovecho ese problema para transformarlo en una ventaja, que es la manera que tengo de expresar mi visión personal de un arte en concreto. Otro ejemplo son los blues hechos en África por personas que nunca han ido a Estados Unidos y que, aún así, expresan una perspectiva específica través de una narrativa predeterminada. En Japón se tocan bulerías. En Suecia se puede oír reggae. Después de todo, la música no tiene nacionalidad».

En su página web define sus temas como «alejados lo más posible de la intelectualidad». ¿El rock debe causar emoción o reflexión? «No creo que el género siga muchas reglas en ese sentido. Debe permitirte hacer lo que otras personas no quieren que hagas. Así de sencillo. Ha sido así desde que existe».

Han pasado casi dos décadas desde que compuso un blues al pintor Jackson Pollock. ¿Tiene aún presente, diecisiete años después, otras figuras de distintas disciplinas a la hora de componer? «A nivel conceptual, a Andy Warhol y a toda la peña del arte pop. A parte, también me considero un gran seguidor del cine, por lo que, supongo, eso debe influenciarme de alguna manera. Por citar a alguien de este ámbito, mis directores favoritos son Martin Scorsese y Jim Jarmusch».

«Siento que entienden mejor el rock en Alemania que en Canarias»


Ahora que se ha asentado en Europa central, ¿percibe más oportunidades o facilidades que en Canarias para el desarrollo de su carrera? «No es que en un sitio existan más facilidades que en el resto del mundo, sino que el tipo de facilidades que hay en uno, no las hay en otro. Eso no hace de un lugar mejor o peor en cuanto a oportunidades, solo lo distingue. Una de las razones por las que me fui allí, fue porque siempre encontraba un sitio nuevo en el que tocar por primera vez. En Tenerife, por ejemplo, puedes desplazarte entre islas. Eso está genial, pero se dificulta más para quien quiere irse de gira por el Archipiélago. Ese problema no lo tienes allí, en mitad de Europa, donde moverte a donde sea resulta más barato. Por otra parte, percibo más cultura roquera en Alemania que aquí. No digo que aquí no guste, pero siento que lo entienden más».

¿Qué sintió distinto al dar su primer concierto en Alemania con respecto a sus actuaciones en Canarias? «Recuerdo que había un silencio sepulcral en la sala. No se oía una mosca y, para mí, eso era muy raro. Estaba acostumbrado a tocar aquí, donde la gente está hablando todo el rato. Primero, pensaba que no les estaba gustando. Después, me di cuenta de que no era así. Lo que pasaba es que estaban escuchando con atención. Como no me conocían, estaban ahí a ver de qué palo iba. Una vez tocas en el mismo sitio dos o tres veces, ya no hay tanto silencio».

¿Un consejo para los nuevos públicos? «Que vayan a cualquier concierto. Da igual que no sea el mío. Que intenten disfrutar de lo que oyen, y si no les gusta, prueben la semana que viene con otro. Hay un montón de gente en todos lados creando arte de calidad. Salgan y descubran las cosas nuevas. ¿Qué vas a hacer? ¿Oír siempre lo mismo y quedarte donde estás? Qué aburrimiento. Descubrir es lo divertido, significa avanzar. Te aseguro que hay miles de talentos musicales ahí fuera, esperando en una sala cualquiera».

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