Expediente Warren: el caso Enfield

Opinión

No es ningún secreto que el género de terror no pasa por su mejor momento, ya que en la última década se ha puesto de moda el terror low cost, lo que significa en la mayoría de los casos, guión mediocre, sustos de garrafón, personajes planos y hasta insufribles y que únicamente triunfan gracias a su bajo presupuesto. No obstante, de entre esta ola de mediocridad, afortunadamente han salido películas muy decentes, como Insidious, Sinister o la más reciente La Bruja. Sin  embargo, hay una que destaca entre todas ellas, y no es otra que Expediente Warren, dirigida por James Wan y que se convirtió en todo un fenómeno cuando se estrenó hace tres años. Este fin de semana llega a España su muy esperada secuela, Expediente Warren: el caso Enfield.

Expediente Warren: el caso Enfield narra otro caso real de los expedientes de los renombrados demonólogos Ed y Lorraine Warren. En este caso ambos viajarán al norte de Londres para ayudar a una madre soltera que tiene a su cargo cuatro hijos y que vive sola con ellos en una casa plagada de espíritus malignos.

Al igual que la primera entrega, el caso que investigan los Warren en esta cinta, está basado en un hecho real, y no uno cualquiera, sino el caso paranormal más documentado de la historia y como sucedió con la primera, James Wan le saca todo el jugo a la historia de forma ejemplar, ya que respeta lo esencial de la historia pero añadiéndole ciertos elementos de cosecha propia, relacionados de forma muy hábil con su predecesora y que no hacen sino añadir más interés y tensión a la historia que nos ocupa. El director de nuevo hace gala de su excelente manejo del terror, con un más que obvio estilo moderno pero siempre con un apropiado toque de la vieja escuela, donde priman la historia y los personajes a los sustos. Es habitual que este tipo de películas nos presenten a personajes planos y estereotipados con un par de frases banales y empezar enseguida con los sustos. Afortunadamente, no es el caso, Wan se toma su tiempo para que conozcamos a los personajes y nos preocupemos por ellos, tanto a los Warren como a la familia que sufre de primera mano todos esos fenómenos paranormales. Pero una vez pasadas las presentaciones, Wan se pone serio y demuestra por qué es actualmente el mejor director de este género.

En esta cinta no se opta por sustos de chichinabo y predecibles cada cinco minutos, sino que tienen bastante claro que lo primordial es la atmósfera y la tensión, la clave de un buen susto no es el susto en sí, sino como se llega al susto, y hay que decir que esta película consigue un merecidísimo sobresaliente en este aspecto. Es más, hay una escena en concreto que es la más terrorífica y tensa que he visto en una sala de cine. La película prácticamente no da respiro y mantiene constantemente la tensión hasta el final, con algún agradecido momento cálido y ameno que es de agradecer.

A nivel interpretativo, la película también aprueba con nota, especialmente gracias a los dos actores protagonistas, Patrick Wilson y Vera Farmiga, que siguen teniendo tanta química como hace tres años, pero esta vez se les nota mucho más cómodos en sus papeles. El resto del reparto está correcto, pero debo destacar el gran trabajo de la joven actriz Madison Wolfe, que interpreta a Janet y hace un trabajo sumamente convincente.

A nivel técnico la película está muy cuidada para ser lo más aterradora posible. Se nota especialmente en la fotografía y en los efectos sonoros, que prácticamente se convierten en un personaje más. Destaca también la banda sonora a cargo de Joseph Bishara, compositor habitual de James Wan en sus películas de terror y que hace un trabajo notable, pero en mi opinión inferior al de la primera parte y ya puestos, inferior a su trabajo en la saga de Insidious.

Mi conclusión es que estamos ante una gran película de terror. James Wan firma su mejor película de terror hasta la fecha y la mejor que he visto desde Expediente Warren e Insidious Capítulo 2, porque en lo que a este género se refiere, Wan es como James Cameron con los records de taquilla: el único que puede superarle es él mismo.

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