Las mascarillas formaran parte de nuestra indumentaria durante una larga temporada.
Debemos dejar de lado los intereses personales y pensar en el objetivo común. Foto: Sandra González

Emociones

Opinión

Según la RAE, la felicidad es «el estado de grata satisfacción espiritual y física. La persona, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz. La ausencia de inconvenientes o tropiezos». ¿Cómo es posible describir algo que no conocemos? Al menos yo no la conozco en su totalidad. A veces estoy bien y otras mal, pero no me siento igual siempre. Si no, qué vida tan aburrida. Todos aspiramos a la felicidad, pero como pensaba Aristóteles: «El hombre feliz vive bien y obra bien».

Lo que intentamos explicar como subidas y bajadas, en realidad son un subproducto de un proceso químico en el sistema nervioso. Nos referimos a esto cuando las hormonas de la felicidad en el sistema nervioso se asocian a sentimientos positivos: amor, placer, bloqueo del dolor…

Yo no estoy bien al interesarme en casos de desapariciones, muertes, violaciones, incluso el momento actual en el que nos encontramos a causa del COVID-19. Una posición tan monótona al estar confinados en casa sin sociabilizarnos y manteniendo las distancias con nuestros seres queridos. Son temas de mi interés, pero sé que si me involucro ya no soy feliz. ¿Quién puede arrebatarme mi felicidad inducida por la ignorancia? No quiero implicarme en esos asuntos porque pierdo la ilusión y la fe en la humanidad, aunque suene muy tópico.

Saber que no se han respetado las medidas de seguridad necesarias para no continuar con la propagación del coronavirus o las altas cifras de fallecidos que se registran en nuestro país no me hace feliz. Parece que no somos conscientes de la gravedad del asunto, sobre todo si arriesgamos la salud de nuestros menores por pasear un domingo por la Avenida Marítima como si no pasara nada.

¿Por qué mi felicidad debe colgar de un hilo denominado conocimiento? Está claro que no puedo vivir de la ignorancia. ¿Qué sería de mi futuro? Pero tampoco quiero perder la ilusión de que un cambio es posible. Luchando bajo lemas como: «Hermana, yo sí te creo», «Cuando los de abajo se mueven, los de arriba tambalean» o «Ni un grado más, ni una especie menos». Muchas personas han luchado por cambiar el Mundo y todavía siguen haciéndolo.  Debemos dejar de lado los intereses personales y pensar en el objetivo común propuesto para salir de esta situación cuanto antes. Ahora es el momento de luchar unidos como sociedad.

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