La fugacidad de la vida. Foto: PULL

El tiempo en una botella

Opinión

Es gracioso y triste cómo nuestra dependencia de esos pequeños aparatos que llevamos día tras día en el bolsillo pasa completamente desapercibida hasta el momento en el que dejamos de tenerlos. Hace aproximadamente un mes mi móvil se rompió. Esto causó en mí distintas respuestas. Inicialmente, lo admito, ansiedad y síndrome de abstinencia. Poco después, una sensación de libertad total.

Tener tiempo libre para aburrirme, observar y escuchar, y lo más importante, para pensar, me devolvió poco a poco las reflexiones, las ideas y la creatividad que tanto valoro, pero que de forma no intencionada he dañado con los años. No quise repararlo ni comprarme uno nuevo durante un tiempo. Sin embargo, sí quería recuperar todas las notas y fotos importantes que tenía guardadas en mi segundo cerebro. Varias semanas después, tras varios intentos fallidos de extraer los datos, me encontré a mí mismo pensando en la fugacidad de los objetos. Por ridículo que pueda parecer, acabé sumido en una espiral sobre la fugacidad en general, el paso del tiempo y el agobio de crecer.

«Hablemos de Time, obra magna de Pink Floyd»

El campo de la música no desconoce estos sentimientos, y también es el lugar en el que me cobijo cuando el mundo se vuelve demasiado con lo que lidiar. Por ende, ese día me encontré prestando especial atención a aquellas letras que juegan con los sentimientos de sentirse mayor, sin rumbo, sin meta. Hablemos de Time, obra magna de Pink Floyd. En el contexto del álbum de 1973 The Dark Side of the Moon, el tema va precedido de On The Run y más importante, precede a The Great Gig in the Sky.

Time comienza con una sonora alerta de relojes y alarmas, que adelantan la agobiante naturaleza de la canción. En los primeros minutos, seguimos la perspectiva de un niño, que de manera inocente gasta el tiempo y espera un guía en su camino. Sin embargo, en cuestión de un verso, siendo fiel a como muchas veces se siente en la vida real, han pasado diez años, y nuestro protagonista se da cuenta de que el guía no apareció, y que no aparecerá. «No one told you were to run, you missed the starting gun» es una frase que se grabó a fuego en mi materia gris la primera vez que escuché esta canción, por la cruel doble realidad que lleva inscrita entre líneas. No es solo que el chico no tiene objetivo, sino que al no tenerlo nunca empezó a correr.

«El protagonista se queda con cosas que decir»

El resto de la canción continúa con la misma melancolía. Metáforas como el personaje corriendo para alcanzar un sol que tan solo desaparece y vuelve a aparecer detrás suyo, revelándole más viejo y con más dificultades para seguir con la carrera, son solo algunos de los recursos literarios que se usan en la pieza maestra. Finalmente, termina con lo inevitable, lo caduco, la eterna sensación de finito que se halla en todo y todos. El protagonista se queda con cosas que decir.

Y la muerte finalmente da paso a The Great Gig in the Sky, cuyo título hace una clara alusión a la fantasía del más allá, aquello en lo que tantos creen. Roger Waters, compositor del tema, admitía haberlo escrito con tan solo veintinueve años, ante una crisis existencial en la que, en sus propias palabras, «Fuck me. It’s the middle of life. I’ve been told that I was preparing for something» (Joder. Ya estoy en la mitad de la vida. Me dijeron que me estaba preparando para algo).

«Kendrick explica su relación con el miedo a medida que crecía en un barrio marginal»

Sin embargo, no hace falta remontarse tanto en el tiempo para apreciar esta clara conexión entre artistas en conflicto, y el paso del tiempo, un tema que causa sentimientos tan conflictivos. Kendrick Lamar, ídolo generacional actual en el mundo del hiphop estadounidense, también plasma reflexiones acerca de sus circunstancias creciendo en muchas de sus obras. En FEAR., del proyecto DAMN. (2018), Kendrick explica su relación con el miedo a medida que crecía en un barrio marginal de Compton, California.

Fuese miedo a los castigos de su madre a los siete, a morir por la terrible situación de bandas a los diecisiete, o a perderlo todo y a ser juzgado a los veintisiete, el rapero debate la impermeabilidad de un sentimiento a lo largo del tiempo. La canción termina con un fragmento de un sermón eclesiástico en lo que es una clara crítica a la religión usada como herramienta y yugo en muchas comunidades afroamericanas marginales, bajo la amenaza de tener que comportarse o ser sometidos a castigo divino. Mantenerlos aislados pero evitar que sean problemáticos. Lamar acaba así admitiendo que su mayor miedo es la muerte, pues su espíritu crítico y escéptico le impide ser completamente devoto.

«El existencialismo es una corriente filosófica, una vanguardia literaria y, en general, una tendencia humana»

En Time in a Bottle, Jim Croce (1972), se puede ver como las propias canciones también maduran y cambian de sentido con el tiempo. La canción adquirió un tono distinto cuando Croce murió, tan solo un año después de haber cantado: «But there never seems to be enough time, to do the things you want to do once you find them» (Pero nunca parece haber suficiente tiempo, para hacer las cosas que quieres hacer una vez las descubres). Una canción que dedicaba a su esposa embarazada y que, sin embargo, acabó siendo un recordatorio de él mismo.

Podría mencionar más composiciones de este tipo, como A Hazy Shade of Winter, Simon & Garfunkel (1968), o Forever Young, Alphaville (1984), también míticas representaciones del tic, tac, que además reflejan el contexto histórico en el que fueron escritas, pero no hace falta para apreciar que la conexión está ahí.

El existencialismo es una corriente filosófica, una vanguardia literaria y en general, una tendencia humana. El arte en todos sus medios es la expresión de uno mismo, preocupaciones, carácter, intereses, contexto y mucho más. Junta ambas y añádele un pellizco de la noción de mortalidad, y el paso del tiempo puede quedar transformado de una sensación de pavor y angustia a preciosas representaciones del espíritu humano.

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