Óscar Hernández, graduado en Historia por la Universidad de La Laguna, es colaborador en revistas como Historia Hoy y Egiptología 2.0. Además, es el creador del portal de divulgación Historiae. Especializado en el Imperio Romano, coordina el ciclo Historiae: desmontando bulos sobre… de la Biblioteca Pública del Estado de Santa Cruz de Tenerife.
Su trabajo se centra en trasladar el rigor de los archivos al público general de una forma accesible y entretenida, con el objetivo de identificar y desmontar errores que han calado en la memoria colectiva.
La última sesión, celebrada el viernes 20 de febrero, estuvo dedicada a desmontar los mitos sobre el fascismo y a explicar sus bases fundamentales para entender en qué se basa realmente esta ideología.
¿Por qué se emplea hoy el término “fascista” de forma tan generalizada como insulto político? «Responde a la polarización. Se utiliza como estrategia política para dividir entre ‘nosotros’ y ‘el resto’. Se demoniza al adversario para que no se contemple la posibilidad de apoyarlo. Sin embargo, esa banalización se está volviendo en contra. Elección tras elección se observa el crecimiento de la extrema derecha, en parte por el cansancio de la ciudadanía ante discursos que no se traducen en hechos».
«Todas las épocas están llenas de errores que hay que desmontar»
¿Qué factores explican que los grupos de extrema derecha calaran tan hondo en la Europa de entreguerras? «Una crisis económica sin precedentes, debilidad institucional, descrédito de la democracia y las consecuencias devastadoras de la Primera Guerra Mundial. La población dejó de confiar en unas instituciones que percibía como responsables de la guerra y del empobrecimiento posterior. Esa situación permitió que surgieran movimientos que se presentaban como antisistema y prometían soluciones radicales».
¿Por qué resulta tan fácil creer en los bulos sobre esta ideología en lugar de acudir a datos históricos contrastados? «Por el mismo motivo por el que se creen los bulos históricos de otras épocas: porque no se quiere profundizar ni formarse. Es como ver Gladiator y pensar que ya se sabe cómo eran los gladiadores romanos. Si se investiga un poco más, se comprueba que no es una representación fiel. Eso ocurre con todas las etapas históricas. Ni la Antigua Roma, ni Grecia, ni Egipto fueron como se imaginan. Todas esconden errores que hay que desmontar».
«Vivimos una edad dorada de la divulgación histórica en internet»
¿Cómo compite un divulgador histórico contra un concepto erróneo diseñado para compartirse sin pensar? «Con mucha frustración. De cada diez personas que divulgan historia, nueve difunden el bulo y solo una comparte la realidad. La invención es simple. La realidad es compleja y llena de matices. Es más sencillo creer en blancos y negros que asumir que la historia es una escala de grises. Además, los bulos refuerzan la cámara de eco de cada persona, y eso siempre resulta más cómodo».
¿Se están dando en las aulas las herramientas necesarias para desarrollar pensamiento crítico fuera de ellas? «El sistema educativo tiene deficiencias, pero no toda la responsabilidad es del sistema. También existe una actitud pasiva por parte del alumnado. Predomina la idea de memorizar para el examen y olvidar después. Con esa mentalidad es difícil generar pensamiento crítico. Aun así, vivimos una edad dorada de la divulgación histórica en internet. Nunca ha habido tantas personas divulgando con rigor. El acceso a la información está garantizado; utilizarlo ya es una decisión individual».
¿Cuándo cree que el fascismo dejó de verse como el villano de la historia? «La situación actual no es comparable al de la Alemania de los años veinte. Hoy existe estabilidad económica y un marco europeo sólido, aunque haya problemas. El caldo de cultivo de entonces era mucho más grave. Por eso se optó por soluciones radicales. Sin ese contexto económico, político y social tan extremo, probablemente el nazismo no habría triunfado. Hasta 1928, el partido nazi era residual y el partido más votado era el Partido Socialdemócrata de Alemania. La sociedad alemana no era nazi desde el inicio, se radicalizó en un contexto concreto».
«Somos la primera generación que vive peor que sus padres»
¿Qué considera que está alimentando la mentalidad de estas generaciones que han nacido en plena democracia y que se sienten atraídas por discursos más extremistas? «El caldo de cultivo siempre es el mismo. Cambia el contexto cronológico y social, pero los factores se repiten: crisis, desencanto e inestabilidad social. Somos la primera generación que vive peor que sus padres. No se puede acceder a la vivienda, los trabajos son precarios y no se puede tener hijos, no por falta de voluntad, sino por falta de recursos económicos. En esas circunstancias aparecen partidos populistas de extrema derecha que ofrecen soluciones fáciles a problemas complejos. Como gran parte de la población no está suficientemente formada a nivel político, termina creyéndolos».
En pasadas sesiones, Hernández ha abordado temas como la reconquista de la península ibérica en la Edad Media, la conquista de América o Julio César. La próxima charla mensual, que se celebrará en marzo, estará dedicada al siglo XIX español y a los numerosos mitos que persisten sobre esa etapa.










