La responsable imparte sesiones de formación técnica para mejorar la atención social en las parroquias. Foto: PULL

«Las personas deben ser protagonistas de su propia realidad social»

Solidaridad

Loreto Negrín coordina actualmente el Departamento de Promoción y Animación de la Comunidad (DPAC), un equipo humano fundamental formado por 20 personas dedicadas íntegramente al acompañamiento de las Cáritas parroquiales. Su labor se extiende a lo largo de los 17 arciprestazgos que integran la Diócesis Nivariense, abarcando una realidad territorial diversa que comprende las islas de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro. El objetivo central de este departamento es fortalecer la presencia de la institución en el territorio, sirviendo de puente entre la acción social y la vida comunitaria en cada barrio.

A través de una metodología basada en la cercanía, el equipo de Negrín busca dinamizar los recursos existentes y promover una cultura de la acogida que vaya más allá de la respuesta inmediata a la emergencia. Este trabajo requiere una coordinación minuciosa para adaptar las estrategias globales a las particularidades de cada comunidad parroquial y arciprestal, garantizando que nadie se sienta en soledad durante su proceso de transformación. La apuesta por un lenguaje que visibilice a todas las personas es clave para construir sociedades más justas e igualitarias desde la base.

Compromiso y cercanía


¿Cómo se trabaja desde su departamento para fomentar la participación activa de la población en sus propios barrios? «Trabajamos la participación desde la acción socioeducativa de base. El ámbito parroquial y arciprestal es un lugar de referencia y confianza donde acompañamos a personas y grupos. Creamos espacios de encuentro donde las personas residentes comparten vivencias y reconocen sus capacidades. Identificamos necesidades comunes para que la gente se implique en la mejora de su entorno. El enfoque es participativo y busca que las iniciativas se construyan colectivamente, fomentando la corresponsabilidad y el trabajo en red a largo plazo».

¿Qué perfiles suelen acercarse a Cáritas con la intención de formar parte de la comunidad como personas voluntarias? «Suelen ser personas con un fuerte compromiso social y sensibilidad ante la vulnerabilidad. En su mayoría están vinculadas a comunidades parroquiales y conocen la realidad de sus barrios. También se acerca mucha juventud, estudiantes y profesionales que desean aportar su tiempo y experiencia. No buscamos un perfil técnico, sino personas con capacidad de escucha, empatía y ganas de caminar junto a quienes más lo necesitan para transformar la realidad desde la acogida».

Diversos grupos generacionales participan en un encuentro comunitario para fortalecer los vínculos en el barrio. Foto: PULL

Energía universitaria y diversidad


En el caso de la juventud universitaria que decide acercarse a Cáritas, ¿qué valor diferencial aporta a estos proyectos comunitarios? «Su presencia es fundamental por la energía y la visión que traen. Quienes estudian en la universidad aportan miradas nuevas, capacidad crítica y una motivación especial por la transformación social. Su compromiso ayuda a dinamizar los proyectos y a conectar la institución con realidades de exclusión invisibilizadas. Es una oportunidad para aprender mutuamente y fortalecer un compromiso social que sea a la vez reflexivo y activo en la comunidad».

¿De qué manera integran la perspectiva de género en la formación de este voluntariado joven? «Es una prioridad. Queremos que la juventud aprenda a detectar las desigualdades específicas que sufren las mujeres en contextos de exclusión. No se puede transformar un barrio si no entendemos que las brechas de género profundizan la pobreza. Formamos a nuestras personas voluntarias para que su mirada sea siempre inclusiva y respetuosa con la diversidad».

«Buscamos fomentar la escucha y la empatía para caminar junto a quienes más lo necesitan y transformar su entorno»


¿Qué importancia tiene el trabajo en red con otras entidades para fortalecer el tejido social de las islas? «Es vital porque las respuestas a los problemas sociales deben ser colectivas. Fomentamos el apoyo mutuo y las iniciativas compartidas que nacen de la propia comunidad para crear vínculos y sentimiento de pertenencia. Se generan redes de apoyo informal fundamentales para afrontar dificultades. Apostamos por proyectos que generen procesos comunitarios continuados, no solo acciones asistenciales. La sostenibilidad y el cuidado de las relaciones son claves para mantener viva a la comunidad».

¿Cuáles son los principales retos de trabajar en una diócesis que abarca cuatro islas con realidades tan distintas? «La insularidad marca mucho nuestro ritmo. El reto es mantener una identidad común respetando la idiosincrasia de cada isla. No es lo mismo un barrio periférico en Tenerife que una zona rural en El Hierro o La Gomera. Por eso, nuestro equipo de 20 personas se desplaza constantemente; la animación comunitaria no se hace desde un despacho, se hace recorriendo las calles y escuchando el latido de cada arciprestazgo».

Empoderamiento y futuro


¿Qué es lo que más valora de ver a una comunidad organizada y comprometida con su entorno? «Valoro que las personas tomen conciencia de su potencial y se reconozcan como protagonistas. Es muy significativo observar cómo dejan de ser receptoras de ayuda para implicarse de forma activa y corresponsable. Una comunidad comprometida refleja empoderamiento, solidaridad y cuidado colectivo. Se generan respuestas más justas a las necesidades del entorno y se refuerza la cohesión social para construir entornos más inclusivos y sostenibles».

¿Cómo garantizan que las mujeres de los barrios tengan voz propia en la toma de decisiones comunitarias? «A través de procesos de empoderamiento. Muchas de nuestras animadoras de base son mujeres que conocen mejor que nadie las redes de cuidado del barrio. Les ofrecemos herramientas para que pasen de la gestión del hogar a la gestión de lo público y lo común, asegurando que sus propuestas sean escuchadas en los espacios de decisión parroquiales y vecinales».

¿Hacia dónde camina el DPAC en los próximos años? » Hacia una comunidad que sea cada vez más autónoma y resiliente. Queremos profundizar en la prevención y en la detección precoz de la soledad y la exclusión. El futuro de nuestra labor está en ser facilitadores de procesos donde el propio barrio sea el que cuide de sus miembros más frágiles, reforzando siempre esa red de amor y justicia que es Cáritas».

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