Alfredo Acosta, natural de Los Realejos, es a día de hoy dueño de Café Bar Santi, comercio ubicado en pleno centro de la localidad de Santa Úrsula. Es uno de los establecimientos de hostelería más visitados de la zona y, por ende, de los que más factura en la suma anual. Sin embargo, en los últimos años, la inflación económica se ha sentido en todos los aspectos de la vida. En este caso, Acosta responde en relación a la situación financiera y si esta se ha visto reflejada de alguna forma en su bar.
Acosta afirma que «la subida de precios ha sido notable», sobre todo los cereales y sus derivados, además de la leche y sus resultantes o los huevos desde el estallido de la guerra de Ucrania. Algo que la gente comentaba y él mismo asegura que sabía, es que no iban a volver al costo anterior. «A pesar de ello, se han estabilizado los precios de estos productos tras haber acrecentado sus importes drásticamente en comparación con tiempos pasados», asevera.
«El café, también ha sido uno de los productos que se han visto afectados». No por las guerras, sino por la sequía que se ha vivido en el tiempo reciente, concretamente, en Brasil, uno de los mayores exportadores a nivel mundial de esta elaboración, asegura el realejero.
«La Guerra de Irán, aunque no a nivel alimenticio, también está causando estragos en el ámbito hostelero»
A esta cuestión, se le suma ahora la Guerra en el Golfo Pérsico, la cual, según Acosta, también ha provocado una potente subida en los costes, debido a los valores que está alcanzando el petróleo, «que parece ser que el oro negro es el que mueve el mundo de las finanzas y, por tanto, la vida en su conjunto». Declara que, por este mismo motivo, «ahora los proveedores varían los precios más a menudo», de los cuales, comenta, hay bastantes que ni siquiera notifican al cliente, es decir, él y su equipo, del cambio en la tarifa.
Sin embargo, manifiesta que en su sector, al ser platos con una valía más asequible (de entre 2 y 7 euros), el cambio no ha sido tan radical, puesto que los porcentajes que se han sumado para seguir obteniendo beneficios son ínfimos, como él mismo certifica: «tal vez los servicios han aumentado en 20 o 30 céntimos de euro a lo sumo».

A su vez, considera que no ha perdido clientela a pesar de lo ocurrido y esto, asegura, se debe a dos factores clave. En primer lugar, los ligeros ajustes en la carta a nivel monetario. «Incluso, los clientes no se han dado cuenta», aclara. Y en segundo lugar, está la necesidad cultural de nuestro país de salir a comer, y atestigua que, en el caso de su establecimiento, donde los platos son bocadillos o hamburguesas, entre otros, puede ayudar a mantener esa demanda de quienes allí consumen, pues genera una alternativa con platos de un coste asequible, lo que permite salir a comer, pero sin gastar tanto, algo que, «sirve como motivación para el público», afirma.
«Las ambiciones siguen vivas, pero la condición monetaria dificulta su ejecución»
Desde que se convirtió en dueño del bar, comenta que por supuesto que se ha enfrentado a retos y sobre todo económicos. «Mi primer objetivo era estabilizar la empresa y que el cambio de gerencia no se notara en ningún aspecto», confirma. De hecho, ratifica que es algo que consiguió y que le ayudó a proponerse nuevas metas, como puede ser la expansión del comercio o la compra de un nuevo espacio destinado, única y exclusivamente, a pedidos a domicilio.
Pero sostiene que sin duda el factor financiero es uno de los detonantes para él, al menos por ahora, dejarlo apartado, puesto que la incertidumbre está presente, a pesar de que goce de una empresa que da beneficios y «ser un bar que tiene una clientela establecida, e incluso, nuevos consumidores cada semana.










