J. J, el ganador de Eurovisión 2025. Foto: PULL

Eurovisión y el boicot a la cultura

Opinión

La primera vez que vi Eurovisión tenía siete años. Recuerdo a Loreen interpretar Euphoria y ganar ante una apoteósica Pastora Soler. A lo largo de estos catorce años, he visto actuaciones de lo más variopintas, y he desarrollado una relación especial con el formato. Para mí era casi imposible que España pudiera dejar de participar, o que se llevaría a cabo un boicot contra lo que supuso mi infancia y da sentido a mi presente. Ingenua de mí.

Hablamos del certamen más longevo de la televisión, iniciado hace setenta años. En 1956, la situación era muy distinta a la actual. La sociedad europea acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial, y aún se recuperaba de los daños materiales y humanos que dejó tras de sí. Israel también era un país nuevo, y Europa estaba realmente preocupada por mostrar una imagen de unión y cooperación.

Lys Assia, la primera ganadora de Eurovisión, en 1956. Foto: PULL.

La primera edición se celebró en Suiza, un país que siempre se ha caracterizado por la abstención de participar en conflictos bélicos. Israel fue incluida en esta cita anual más tarde, en el año 1973. Todas las personas se preguntan por qué ingresó un país no europeo. La televisión israelí depende de las telecomunicaciones europeas. Esa es la respuesta corta. La respuesta larga, sin lugar a dudas, tiene que ver con geopolítica.

«Eurovisión se vende como una cita apolítica aunque sea todo lo contrario»

Eurovisión se vende como una cita apolítica aunque sea todo lo contrario. Supongo que es algo inevitable. Cuando el conjunto de participantes son países y no únicamente intérpretes, la política está servida. A veces me sorprende cómo sigue manteniéndose en pie, pues su discurso se ha vuelto un tanto hipócrita. Precisamente las guerras ponen en aprietos al evento, y hacen peligrar a su mensaje de paz y neutralidad por la música.

Creo que decir que Eurovisión no es política es imposible desde siempre. Siempre han existido los amiguismos entre naciones. Es risible que la audiencia se queje de que no los haya si siempre han existido. Por otra parte, Israel otorgó al concurso el significado de programa LGBT, porque nos presentó a la primera y única ganadora trans de su historia: Dana International. Aunque crean que no es necesaria la participación de Israel, lo cierto es que abrió camino a libertad, igualdad y sobre todo normalización de la comunidad trans.

Eurovisión debe dejar las medias tintas y no vanagloriar a unos países y repudiar a otros. Considero que fue una gran equivocación expulsar a Rusia. Y ojalá no tengan que expulsar a más países, puesto que las ideas o actos de una figura política no deberían ser irrevocablemente las ideas de quien represente a su nación. No obstante, España debería pensar que eso de dejar de emitir Eurovisión también es incurrir en censura. Esa no es la solución a la guerra.

«Siempre hemos amado Eurovisión a pesar de todo, hasta que se puso de moda estar en su contra»

Os adelanto que nuestro boicot no va a causar ninguna repercusión, pues hay países que no se han marchado. No porque estén a favor del genocidio en Gaza, sino porque saben que esto es absurdo. De hecho, la postura popular debería ser el no a la guerra, no el boicot a un programa de televisión sumamente importante en la historia de la nueva Europa. ¿Cuándo ha fomentado el odio Eurovisión?

Detesto que, cuando llegan conflictos de cualquier tipo, lo primero que quieran destruir sea la cultura. En la guerra no hay un héroe ni un villano, pero sí personas que quieren eliminar cualquier forma de expresión cultural, escudándose en situaciones que siempre han ocurrido. Siempre hemos amado Eurovisión a pesar de todo, hasta que se puso de moda estar en su contra. La cultura es peligrosa para las personas poderosas. Pero, por lo que más quieran, no deseen la muerte ni a la cultura ni a la música.

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