La cultura de estar siempre ocupados, o también conocido como hustle culture, es ya casi un fenómeno social en el que las personas exaltan un estilo de vida donde tener tiempo libre no es opción, de hecho es motivo de ansiedad ya que se relaciona con la sensación de estar perdiendo el tiempo. Son muchas personas las que califican este fenómeno como un fruto más de la sociedad capitalista actual, muy vinculada a la necesidad de producir. Pero ya no estamos hablando de máquinas que crean, sino de personas que, por presión social, cuestionan su valor como ser conforme a cuánto han hecho en el día.
El hábito de trabajo actual es una de las principales causas de este fenómeno. Como sociedad a la que le aterroriza el fracaso, en el ámbito laboral es donde más se pretende demostrar la valía de una manera en la que se fomenta la hiperconectividad o la presencialidad. Por ello, muchas veces se llega a confundir el éxito en la vida con la prosperidad del empleo, desperdiciando el tiempo con obsesiones por fijarnos metas y objetivos. El sentido es disfrutar del proceso, no sacrificar tu bienestar en el intento.
Desde una perspectiva psicológica, cada vez es más común buscar actividades que hacer como herramienta para inhibir sentimientos o pensamientos que no queremos abordar. Esto genera carencias en cuanto a la calidad de vínculos entre personas, énfasis en la introspección cada vez más escueto derivando en personalidades más superficiales y poco orgánicas, así como, una falta de regulación emocional. La sobreestimulacion es la excusa perfecta para no sobrepensar, un concepto cada vez más usado en una sociedad dominada por la ansiedad.
Una de las principales consecuencias que sufren quienes pretenden estar hiperestimulados y sobreocupados son problemas en la capacidad de memoria, y esto no se debe normalizar a edades jóvenes.
«La estimulación constante que supone estar siempre ocupados e ignorar el descanso implica daños para la memoria»
El simple hábito de deslizar en Tik Tok mientras comemos o estamos en el baño y esa necesidad de tener distintos focos puede dificultar un buen almacenamiento de la información, complicando su recuerdo. La mayoría en algún momento hemos dicho: «Hoy siento que no estoy», esto se debe a que cada vez nos resulta más complicado codificar y procesar la información debido a la sobre estimulación a la que nos exponemos.
En definitiva, la cultura de estar siempre ocupados refleja tanto nuestras aspiraciones como nuestras inquietudes y ansiedades. Se debe poner fin a una sociedad cuya herramienta para medir el valor sea la productividad. Reconocer la importancia de detenernos y priorizar nuestro bienestar no es un acto de pereza sino la clave para un equilibrio saludable. Además, perder el pavor que se le tiene al fracaso puede suponer un impulso a mejorar y entender las cosas desde otras perspectivas, entendiendo el error como la clave para aprender.










