La Unidad DAD La Gomera contó con la Muestra Pública, de acceso gratuito, del resultado de la residencia artística Postura. La propuesta surge del trabajo desarrollado durante diez días por los intérpretes Alena Muñoz, Javier Álvarez y Marta Fandiño, formados en el Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma de Madrid. A raíz de la obra celebrada el pasado jueves, 18 de junio, el público pudo reflexionar sobre los límites entre la quietud y el movimiento a través de una intensa exploración corporal.

Desarrollo de la pieza
El comienzo de la secuencia contó con la canción Mercedes Benz, de la cantante estadounidense Janice Joplin. El equipo de creadores escénicos la eligió por «su tempo y ritmo, adecuados para sostener la cadencia de la pieza», afirma Marta Fandiño. El trío de intérpretes inició la escena cuerpo a tierra en una posición de cuadrupedia, con las cabezas bajas y con las miradas fijas en el suelo de madera.
Una a una, las figuras empezaron a ceder y sus posturas se quebraron para aliviar la tensión acumulada, acompañadas de respiraciones profundas. Asimismo, el público mostró desconcierto por el contraste entre la melodía y los movimientos. Por añadidura, se repartieron unas hojas con un texto que explicaba la propuesta escénica desde el punto de vista del trío artístico: «Unas manos que no sujetan. Un cuello que se tensa. Unas piernas esbeltas. Esa ligera inclinación la hace estar quieta».
Seguidamente, el bailarín se levantó y se retiró a una esquina del fondo de la sala. Allí, mantuvo una pose estática, sin movimiento, cediéndole el protagonismo a las artistas. En ese momento, Muñoz y Fandiño se incorporaron para adueñarse del centro del espacio escénico y comenzaron un diálogo marcado por la atracción. Sus cuerpos se acercaban, se entrelazaban y volvían a separarse, para reencontrarse en una conexión constante. Esta escena evocó amor y cercanía emocional entre las artistas, lo que generó intriga en la audiencia.

Posteriormente, se dio paso a un juego de contrapesos y equilibrios. Mientras que Javier Álvarez se mantenía firme en posición de plancha, las otras dos intérpretes apoyaron parte de su peso sobre él. Marta Fandiño se elevó por completo en el aire con la ayuda de Alena Muñoz, suspendiendo sus piernas y desafiando la gravedad. Luego, cuando la intérprete descendió de la estructura, mantuvo en todo momento un contacto directo y fluido con su compañera, reforzando el vínculo entre ambos cuerpos. Sin embargo, el bailarín se siguió manteniendo estático.
A continuación, el trío artístico avanzó hacia el centro de la sala y formaron una postura caracterizada por la carga asimétrica. En el medio, se situó Fandiño, manteniéndose en pie y ejerció de soporte vertical rígido. A cada lado, Muñoz y Álvarez sujetaron un brazo y tiraron con fuerza hacia los extremos, logrando sostenerse mutuamente en un tenso equilibrio.

«Hay más arte en todo lo que es el proceso»
Al final de la actuación, el público pudo hacerle preguntas sobre el proceso creativo al trío artístico. Algunas personas se interesaron por el significado que quería transmitir la pieza. Álvarez comentó «a mí no me gusta transmitir nada», y explicó que no crea con la intención de imponer un significado concreto, sino que cada persona interpreta lo que siente.
No obstante, parte de la audiencia manifestó ganas de mayor intensidad en la propuesta. Frente a ello, el equipo defendió el valor del proyecto: «Hay más arte en todo lo que es el proceso». También, Lucile Robert, una asistente a la muestra confesó que la pieza le generó una sensación de armonía y bienestar: «Salí con muy buen ánimo».
