Paula Fernández se encarga de la gestión del proyecto. Foto: D. Vargas

Paula Fernández: «Con poquito se pueden hacer muchas cosas si hay voluntad»

Solidaridad

«Las clases de español son un pequeño espacio para salir de sus problemas»

El Centro de Estudios Africanos de la Universidad de La Laguna impulsa desde 2021 un proyecto de enseñanza de español. Está dirigido a personas migrantes recién llegadas a Canarias. La iniciativa surge tras la instalación del campamento de Las Raíces. Un grupo de docentes detecta la necesidad de ofrecer apoyo a quienes llegan en condiciones de vulnerabilidad. Paula Fernández, integrante del proyecto, explica que el objetivo es facilitarles herramientas básicas para que puedan desenvolverse en la sociedad creando un espacio de conciencia fuera del campamento.

La propuesta nace por el impulso de la profesora jubilada de Filología Francesa, Patricia Pareja. Junto al profesor de la Facultad de Economía, Francisco Ledesma, y la voluntaria Manuela Cruz.

La lengua constituye un elemento fundamental dentro del proceso de integración. Paula Fernández señala que, «aunque en contextos de urgencias existen otras prioridades como la salud o el acceso a derechos básicos, el idioma sigue siendo una herramienta clave para desenvolverse en un entono nuevo».

Aula marcada por la diversidad


Cada año pasan por las clases cientos de estudiantes migrantes. Los perfiles lingüísticos son muy diversos. «Hay personas que solo hablan una lengua, hay gente que es bilingüe, que es políglota en diferentes lenguas y que tienen distintos niveles de educación formal» explica Paula.

Además, no permanecen siempre el mismo tiempo en el programa. Las personas que viven en el campamento de Las Raíces pueden ser trasladadas a otros puntos del territorio por cuestiones administrativas. «Ellos no están en posesión de su vida, los mandan de un lado para otro». Esto provoca que dejen de asistir a las clases sin que exista una evaluación final.

Por esta razón, el proyecto no funciona como una clase convencional con un grupo estable. «No vamos a pensar en un tipo de clases como un colegio o universidad». «El alumnado que viene no es siempre el mismo» manifiesta Paula.

Se imparten clases de español a migrantes desde 2021 en la ULL. Foto: PULL

«Cuando se enseña lengua, se enseña cultura»


Las sesiones se centran en enseñar español desde un enfoque práctico, orientado a facilitar la vida cotidiana de quienes acaban de llegar. «Se trabaja lo que una persona recién llegada a un lugar que no conoce, ni su lengua, ni su cultura», comenta Paula.

Los contenidos «los necesitan para desenvolverse» y las clases se adaptan a las exigencias inmediatas del estudiantado. El objetivo es proporcionar herramientas útiles para su día a día. Entre los temas que trabajan está lo relacionado con «la sanidad, partes del cuerpos o medicinas, así como el léxico necesario para realizar gestiones administrativas y documentación básica».

Un espacio de aprendizaje y convivencia


Más allá del aprendizaje del idioma, el aula se convierte en un ambiente de encuentro. Paula Fernández afirma que la intención es que las clases también sirvan como un momento de cohabitación y desconexión para quienes viven en el campamento. «Queremos que ese rato sea un espacio pequeño, pero de convivencia, donde puedan salir de los problemas tan difíciles que tienen», explica.

Recorren varios kilómetros a pie desde el campamento de Las Raíces para poder asistir a las clases. Foto: PULL

Voluntariado como motor


El funcionamiento del programa depende casi por completo del trabajo voluntario. El profesorado que imparte las clases procede tanto de la Universidad de La Laguna como de otros ámbitos educativos. Participan de manera altruista. «Todas las personas que están ahí es por voluntad», señala la gestora del proyecto.

La coordinación del aula la realiza Manuela Cruz. Organiza la participación del profesorado y mantiene el funcionamiento de las clases. Además, acogen estudiantes en prácticas interesados en la enseñanza de español como lengua extranjera.

Desde hace dos años la Fundación General de la ULL permite que más personas se incorporen al voluntarismo. También cuentan con el apoyo de la Facultad de Física y Matemáticas, que cede las aulas para impartir las clases, así como con la colaboración del Vicerrectorado de Cultura y Extensión Universitaria para facilitar material escolar.

Paula destaca que la implicación del voluntariado es fundamental para que el proyecto continúe adelante. Para que las clases sigan siendo un espacio de apoyo y aprendizajes para aquellos más vulnerables. Concluye: «Con poquito se pueden hacer muchas cosas si hay voluntad y si las personas ponen de su parte».

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