Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía pelean a muerte por su honra. Foto: PULL

«¿No es cierto ángel de amor…?»

Cultura / Ocio

La obra Don Juan Tenorio llenó el Teatro Leal de La Laguna el pasado martes, 31 de octubre, a las 20.00 horas. Con las expectativas altas, Timaginas Teatro cumplió su tradición de representarlo en Tenerife cada año el día de los muertos. El patio de butacas y los palcos estaban abarrotados y la gente parecía ansiosa por la función del dramaturgo José Zorrilla. 

El espectáculo comenzó con una voz en off contextualizando el tiempo y el lugar. Con esto, el público entendió que se encontraba en la Sevilla del siglo XVI y que dos hombres estaban a punto de reencontrarse. Al abrir el telón se observó a una divertida tabernera vitoreando y dando palmas. Los presentes se sumaron alegres mientras los personajes subían por las escaleras del escenario.

Don Juan, interpretado por Armando Jerez, y Don Luis, por Andreas Figueiredo, se reunieron y presumieron de las hazañas que habían realizado el último año. Ambos alardearon con respecto al número de muertos que consiguieron en batalla y las mujeres que conquistaron. En este punto, comenzó la trama que marcaría el destino del protagonista. Aceptó una apuesta: seducir a la prometida de un compañero y a una novicia que estuviera a punto de hacer sus votos a la Iglesia.

Comienza la apuesta


El drama siguió con el coraje del protagonista. Consiguió conquistar a la inocente Doña Ana de Pantoja, futura esposa del amigo que propuso el reto. Quedaba lo más complicado, enamorar a una religiosa. Para ello, recibió la ayuda de una bruja pizpireta, llamada Brígida, que se convirtió en una celestina. Esta figura fue imprescindible para el desarrollo de la obra y proporcionó un toque humorístico gracias al carisma de la actriz que la interpretó, María Rodríguez.

Doña Inés cae en los brazos de Don Juan. Foto: PULL

Sandra Hernández, en el papel de Doña Inés, se quedó a solas con el galán. La audiencia se mostró expectante al famoso monólogo que venía a continuación. Jerez lo recitó con dulzura:»¿No es cierto ángel de amor que en esta apartada orilla, más pura la luna brilla y se respira mejor?». El romanticismo se plasmó en un beso afectivo y un amor intenso.

Duró poco, puesto que aparecieron en escena Luis Mejía y el padre de Doña Inés con la intención de matarlo. Se batieron en duelo dejando al público con la respiración contenida. Esto iba acompañado por una música rápida que generaba tensión. Acabó con sus rivales, pero por desgracia el padre de la novicia es el Comendador de Calatrava, la máxima autoridad de la orden militar y religiosa. La única forma de evitar su castigo es huir de España, y eso fue lo que hizo. 

Se cierra el telón


Hubo un descanso para diferenciar las dos partes de la obra de Zorrilla. La segunda parte contó con la actuación de Satomi Morimoto, una cantante y pianista japonesa que regaló a la audiencia unas hermosas piezas musicales. Su voz y el piano estaban acompañados de un contrabajista. Con la emoción cargada en el ambiente salió niebla del escenario y se mostraron tres esculturas blancas y un ataúd en medio.

El protagonista regresó de su exilio y se dio cuenta de que el amor de su vida había muerto. Su figura apareció detrás, en lo alto, y le habló como un espíritu. Él salió de escena y la estatua del Comendador se movió alzando su espada. Después, el personaje principal regresó al escenario y organizó una cena, pero los difuntos le perseguían y le atormentaban. En un momento de locura luchó contra sus invitados, pero no consiguió ganar.

En la escena final vemos a Tenorio de rodillas. Son sus últimos momentos de vida y debe arrepentirse de sus errores para que Dios le perdone. El espíritu de su amada repetía que «el amor salvará a Don Juan a los pies de la sepultura». Él agonizaba y rezaba para que pudieran reencontrarse en la eternidad. En su último aliento admitió su final y exclamó que: «Es el Dios de la clemencia, el Dios de Don Juan Tenorio».

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