El campus virtual se ha convertido en el sustituto de las aulas. Foto: PULL

La pandemia del teletrabajo universitario

Opinión

Vivimos en la época del avance tecnológico. Cada día se juntan componentes electrónicos de diversas formas para crear de la nada un nuevo útil al servicio de la humanidad. Se erige como el sector en el que el ser humano realiza el mayor homenaje al ego existente hoy en día, cada vez más cercano a jugar a ser Dios que a la carpintería o la arquitectura. En constante evolución, las novedades invaden los campos del conocimiento, periodismo incluido, con el objetivo de ahorrar nuestro preciado tiempo. Pero, si el hombre no evoluciona a su par, el esfuerzo necesario para realizar la tarea se multiplica.

A nadie sorprenderé comentando que estamos en cuarentena por el COVID-19. En este confinamiento, se ha confiado en el cada vez más famoso teletrabajo. Pero, seguramente por la brusquedad de los acontecimientos, la Universidad de La Laguna no está tan preparada para ello como realmente creía. Contamos con un campus virtual que, si bien no es sobresaliente, cumple su función bastante bien. El alumnado está familiarizado con él desde que pone el primer pie en las aulas. Lo que se escapa a mi comprensión es cómo el profesorado del siglo XXI no ha recibido una formación acorde sobre el tema o no han hecho buen uso de ella.

Sin alusiones personales, pues creo firmemente que todos ejercen la bella profesión de la instrucción con su mejor voluntad, son recurrentes las asignaturas en las que hacen caso omiso de los correos enviados por sus pupilos, o las que, directamente, no cuentan ni con un aula en la ya mencionada herramienta virtual. Y esto, en pleno 2020, es algo que se me antoja absurdo.

Lo que he visto en la primera semana de la enseñanza telemática universitaria es que, más que un instrumento para facilitarnos la vida, nos la está complicando tanto a educadores como a estudiantes. En ejercicios propios de las prácticas, tardamos más en realizarlas de esta forma que presencialmente, aún siendo el mismo problema. Las planificaciones de las materias, todas distintas, aderezado con las complicaciones técnicas o de conexión, han convertido el aprendizaje en un caos. Reitero, esta es una cuestión que afecta tanto a propios como extraños. Y como tal, desde la humildad de mi encierro, hago un llamamiento a la cooperación mutua para acabar con el mal que nos acomete: la pandemia del teletrabajo.

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