El salón del TUT, cumplirá cien años desde su inauguración el 27 de junio de 1926, es el centro cultural de la comarca. Foto: S.Carballo

‘Ha llegado una inspectora’, una denuncia a la hipocresía aristocrática

Cultura / Ocio

El Teatro Unión Tejina (TUT) se convirtió en el nuevo destino de la obra de teatro amateur el pasado sábado, 28 de febrero, a las 18.00 horas, con la interpretación de Ha llegado una inspectora. Dirigida por Antonio Fumero, esta propuesta presenta una historia de suspense ambientada en el Londres de principios del siglo XX. La trama juega con la intriga y el morbo a través de los secretos de un hogar de clase alta que enfrenta a la investigadora del suicidio de una joven obrera.

Al comienzo de la velada cayó la noche en Tejina, pero antes de que se apagaran las luces, el hall del teatro ofreció a quienes asistieron una muestra de diseños en venta de la ONGd Cambia, una organización que impulsa proyectos liderados por ciudadanía gambiana, desde una clínica comunitaria hasta la formación de mujeres en entornos rurales. El 100 % de la taquilla se destinará directamente a financiar estas iniciativas.

«Bienvenidos a la Mansión Birling»


La sala recibió al público con una luz ámbar tenue sobre un sofá de tapizado vintage que se convertiría en el epicentro del conflicto. Una oscuridad repentina se apoderó del espacio, solo interrumpida por el débil titileo de una vela. La portadora, Edna (la doncella), rompió la cuarta pared: “Bienvenidos a la Mansión Birling”. Pidió a la audiencia que se olvidara de los móviles, ni fotos ni vídeos. Un aviso necesario para la inmersión, aunque algo complicado para cualquier periodista en ciernes con intención de elaborar una crónica.

Bajo la dirección de Antonio Fumero, la obra nos transportó al Londres de finales de la Segunda Revolución Industrial. Lo que comenzó como la celebración del compromiso de Sheila Birling en la sala de estar, se convirtió en una autopsia moral de la clase alta tras la llegada de la misteriosa Inspectora Gull. Una trama familiar que intentará mantener las apariencias frente a su posible vinculación con el suicidio de una joven víctima del abuso y la avaricia.

Las protestas de mujeres por sus derechos y las movilizaciones de trabajadores de la época marcaron una creciente tensión pública. Foto: S.Carballo

El escenario acogió tres arquetipos femeninos muy diversos: la matriarca, rígida e implacable, que impone una autoridad de frialdad emocional extrema; la inspectora, sagaz a la vez que audaz y Sheila, símbolo de empatía que actúa como puente entre el blindaje social de su familia y la conciencia moral.

Los personajes masculinos representaron las consecuencias del orden social. El patriarca era un hombre arrogante, la autoridad que perpetúa el status quo. El hijo, un joven adicto y pusilánime que flaquea ante el sistema, y el prometido de Sheila, que intenta aparentar integridad mientras oculta que él también sucumbe a sus deseos.

Una obra viva


Algo que resaltó de esta producción de Descúbrete Teatro fue su lenguaje casi audiovisual. La historia envuelve jugando con ángulos y planos que permitieron apreciar al máximo cada detalle y los gestos escondidos en la escena. Las actuaciones consiguieron hacer olvidar a la audiencia que está en una butaca y no en una lúgubre casa londinense de 1912.

En la Inglaterra de 1912, una minoría privilegiada concentraba gran parte de la riqueza. Foto: S.Carballo

Esta no fue la primera parada de la inspectora. La obra ya ha pasado por escenarios como el Espacio Cultural Cine Los Ángeles, el Teatro Príncipe Felipe en Tegueste o Bajamar. De hecho, se hizo con el Sauce de Plata en la XXI Edición del Festival de Teatro Amateur de El Sauzal, donde también fue premiada la interpretación de Carmen Martínez Álvarez con el Sauce Tana López Peñalver a Mejor Actriz.

Para quienes se perdieron la cita en Tejina, la investigación sigue abierta: la obra volverá al Paraninfo de la ULL el próximo 21 de mayo y tiene previsto viajar próximamente a la isla de La Palma. Sin duda, ‘Ha llegado una inspectora’ es una obra viva que nos deja una lección atemporal: nuestras acciones, por pequeñas que parezcan, siempre pueden dejar una gran huella.

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