«Si estuviera un psicólogo en cada centro educativo probablemente habrían menos problemas de los que hay»
La psicóloga Delia Murias sintió que faltaba integrar una forma de acompañar más alineada con su manera de entender la psicología y las relaciones humanas. Fue durante su formación en terapia gestáltica cuando encontró el enfoque que daría sentido definitivo al proyecto. Como resultado, nace el socio centroanitario Psicoarte . Es un proyecto terapéutico que se enfoca en el descubrimiento de las capacidades emocionales y cognitivas a través de procedimientos más prácticos.
Desde su experiencia, Murias explica que la mayoría de quienes acuden a consulta no lo hacen por trastornos psicológicos graves, sino por procesos de crecimiento personal o relacional con su entorno. En ese sentido, considera que el método Gestalt permite la intimidad, ya que pone el foco en la experiencia individual y en el contexto vital de cada caso.
El trabajo que se desarrolla en el centro abarca una amplia variedad de colectivos. Desde la infancia a la vejez, así como a perfiles con diversidad funcional o distintas patologías. «Esta versatilidad se refleja en la dinámica semanal del centro, donde combinamos espacios grupales como encuentros con mayores, terapia cognitiva asistida con animales o grupos de apoyo para personas cuidadoras», apunta.
«Compartir un espacio cotidiano genera un entorno más cercano para el trabajo emocional»
Uno de los colectivos que destaca por su complejidad es el de pacientes con trastorno límite de la personalidad. Explica que «requieren un cuidado especial debido a la intensidad emocional y al riesgo de conductas extremas». No obstante, ella afirma que el trabajo desde el arte y la aceptación genera espacios seguros donde las personas se sienten comprendidas y valoradas más allá de su diagnóstico.
Parte de los ejes centrales del proyecto es el uso del arte como herramienta terapéutica. Delia defiende que la arteterapia facilita la expresión emocional incluso cuando no se dispone de palabras para describir lo que se siente. «En el centro, trabajamos a través de la pintura, la música o la creatividad corporal, se puede tomar conciencia de las emociones y aprender a gestionarlas», comenta. A este enfoque se suma la psicococina, una disciplina que integra nutrición y psicología. Se parte de la idea de que no todo el hambre es física, sino que en muchas ocasiones responde a estados emocionales no atendidos.
La terapeuta subraya que su propio recorrido vital, marcado por una enfermedad crónica, influyó en su interés por formarse en psiconutrición y repartir ese aprendizaje. «Compartir la comida, un café o un espacio cotidiano favorece el vínculo y genera un entorno más cercano para el trabajo emocional», considera la psicóloga.
«Lejos de imponer soluciones, el objetivo es que cada quien pueda comprender su historia»
Para Murias, Psicoarte se diferencia por no centrarse solo en la patología, sino en las capacidades de cada persona. Defiende que potenciar aquello que se da bien es tan importante como atender las dificultades. En este sentido, considera que el sistema educativo debería integrar el trabajo emocional y contar con la figura del psicoanalista para atender situaciones complejas que superan al profesorado.
Al final, retoma la terapia Gestalt como un enfoque centrado en el paciente, que busca que cada individuo conozca sus dificultades y se reconecte con sus propias herramientas para gestionarlas. «Lejos de imponer soluciones, el objetivo es que cada quien pueda comprender su historia, cerrar asuntos inconclusos y decidir cómo quiere actuar en su presente», señala.










