La socióloga reflexiona sobre la pérdida del espíritu asambleario y la progresiva burocratización de la universidad. Foto: ULL

«La universidad demostró ser una auténtica escuela de democracia»

Universidad

Marta Jiménez es socióloga y ejerció como docente en la Universidad de La Laguna durante más de tres décadas. Hoy, ya jubilada, dedica su tiempo a la participación activa en distintos espacios sociales y políticos. Su andadura comunitaria y sindical en las Islas Canarias se inició a finales de los años setenta, en plena Transición, y abarca desde las primeras movilizaciones estudiantiles en Gran Canaria hasta la gestión de alta dirección universitaria en Tenerife y el posterior desempeño de responsabilidades institucionales en el ámbito público.

La socióloga explica que su trayectoria política y sindical comenzó durante sus estudios de Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) en el instituto de Tafira, un centro mixto en el que le tocó vivir la Transición de primera mano, puesto que entró a estudiar el mismo mes en que falleció Francisco Franco. A pesar de ser una institución pequeña y originalmente despolitizada, Jiménez recuerda que el alumnado generó dinámicas de lucha de forma espontánea.

Marta Jiménez rememora dos grandes hitos de su etapa de Educación Secundaria. El primero fue la huelga del profesorado interino ocurrida entre 1975 y 1976, un proceso que califica como «un momento muy hermoso y de gran aprendizaje» porque, aunque no había clases formalmente, el alumnado seguían asistiendo y se organizaban en comisiones de estudio para impartirse las materias. El segundo consistió en una protesta en segundo de BUP en la que se cuestionó la decisión de la dirección de regalar lotes de libros exclusivamente a las notas más altas, argumentando que «los libros debían rifarse entre todo el alumnado». Posteriormente, la llegada del docente de filosofía José Alonso facilitó la articulación de la Juventud de Estudiantes Cristianos (JEC). A través de estos grupos iniciaron los contactos con el ámbito universitario de la Isla para manifestarse de forma conjunta contra la implantación del numerus clausus en la carrera de Medicina.

«El intento de golpe de Estado del 23F me hizo pasar un miedo terrible»

En el año 1979, Jiménez se trasladó a Tenerife para estudiar Pedagogía en la Universidad de La Laguna. Explica que sus primeros años estuvieron marcados por sucesos de gran impacto social, como las movilizaciones masivas en memoria del estudiante Javier Fernández Quesada, o el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, el cual presenció a través de la televisión en una cafetería y le hizo pasar «un miedo terrible» debido a la gran cantidad de literatura sobre el sistema educativo cubano que guardaba en su habitación del Colegio Mayor Santa María.

Tras este periodo, la actividad asamblearia regresó con fuerza y la docente señala que la universidad demostró ser «una auténtica escuela de democracia que iba mucho más allá de las aulas». En 1981, el movimiento estudiantil rechazó el modelo electoral para los comicios a rector y, como acto de protesta satírica, decidieron presentar como candidata alternativa a una guagua real bajo la consigna Vota Pato.

El sindicalismo del profesorado y del personal de administración desempeñó un papel crucial en la redacción de los estatutos que democratizaron la gestión interna de la institución. Foto: PULL

Con la aprobación de la Ley de Reforma Universitaria (LRU) en 1983, Jiménez se integró en el núcleo activo del Claustro Constituyente de 800 miembros. La socióloga detalla que la izquierda estudiantil y los sindicatos del Personal de Administración y Servicios (PAS) tomaron el control de las dinámicas de las sesiones y, aplicando tácticas parlamentarias curiosas aprovechando los turnos vespertinos, lograron un estatuto protector con los derechos de los estudiantes que fijó una representación superior a la de cualquier otra universidad del país y blindó hitos como «el establecimiento de las tres convocatorias de exámenes anuales».

«Aquellos años marcaron el inicio de un hondo desencanto con la gestión educativa»

Al terminar la carrera en 1985 con el mejor expediente de su promoción, Jiménez obtuvo una beca de investigación del Ministerio y, posterior a ello, una plaza docente por oposición en el departamento de Sociología. De forma paralela, formalizó su afiliación en el Partido de Unificación Comunista de Canarias (PUCC) y la dirección de la organización determinó que su esfera de actuación política debía desarrollarse en el sindicato STEC (Sindicato de Trabajadores de Enseñanza de Canarias).

Entre 1985 y 1987, periodo previo a la existencia de elecciones sindicales en la función pública, trabajó de facto para la organización sindical en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, una experiencia que aprovechó para enfocar su tesis doctoral sobre el análisis sociológico del trabajo docente y debatir sobre cuál era la identidad social del profesorado.

En el plano político, Jiménez subraya que aquellos años marcaron el inicio de un hondo desencanto con la gestión estatal. Expone que la llegada del nuevo Gobierno de Felipe González al poder había generado una ilusión enorme en el ámbito educativo, pero critica que, al asumir el Ministerio, «se claudicó ante las presiones de la Iglesia y los sectores conservadores» y se consolidó a través de la LODE «la creación y regulación de los conciertos escolares con la educación privada».

«Impuse criterios objetivos para acabar con los privilegios históricos»

En etapas posteriores de su carrera profesional, Jiménez asumió responsabilidades de alta gestión institucional en la Universidad de La Laguna, ejerciendo como Directora del Secretariado de Profesorado y, entre los años 2003 y 2007, como Vicerrectora de la institución. Durante este tiempo, gestionó profundas crisis financieras estructurales e impuso criterios objetivos para acabar con los privilegios históricos y las estructuras clientelares de determinados departamentos, al tiempo que impulsó la institucionalización del feminismo académico transformando el Centro de Estudios de las Mujeres en el Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres.

Su vocación de servicio público y compromiso social la llevaron también a dar el salto a la administración de las corporaciones locales de las islas. En esta faceta, Marta Jiménez desempeñó las funciones de Directora Insular de Igualdad del Cabildo de Gran Canaria, un cargo desde el cual coordinó y lideró el desarrollo de políticas públicas de equidad de género, la prevención de la violencia machista y el fomento de proyectos comunitarios de inclusión social en la isla.

«La burocratización lo ha inundado todo en la universidad»

Al analizar la evolución de los movimientos políticos recientes, la socióloga establece una comparación crítica entre el 15M y la Transición. Sostiene que mientras en la Transición sentían que estaban levantando la democracia desde abajo, en el 15M la juventud reclamaba que el modelo heredado le había colocado corsés por todos lados. Lamenta que el instrumento político que se creó para canalizar la energía del 15M terminara en una debacle, lo cual supuso una frustración organizativa cuyas consecuencias institucionales se siguen pagando en la actualidad.

Finalmente, la entrevistada manifiesta su preocupación por la transformación general que ha sufrido el profesorado universitario hacia actitudes meritocráticas e individualistas. Jiménez concluye afirmando con rotundidad que las grandes asambleas desaparecieron porque se renunció a mantener ese modelo como eje regulador y añade que «la burocratización lo ha inundado todo» y que «el sindicalismo de transformación está prácticamente muerto en la institución», dejando paso a un panorama docente precarizado y despolitizado.

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