La fundadora conmemora el aniversario de la organización. Foto: PULL.

Brigitte Gypen: «La investigación de hoy es el salvavidas de mañana»

Sociedad/Solidaridad

Brigitte Gypen es la fundadora y actual presidenta de la Fundación Carrera por la Vida , una entidad que nació de su propia experiencia personal tras ser diagnosticada de cáncer de mama hace veinte años. Superviviente y mujer de gran determinación, Gypen transformó su proceso de recuperación en un movimiento solidario que comenzó con una pequeña caminata en Tenerife y ha evolucionado hasta convertirse en una estructura vital de apoyo para pacientes y familiares. Bajo su liderazgo, la fundación no solo recauda fondos para la investigación, sino que cubre necesidades cotidianas y emocionales a menudo olvidadas por el sistema sanitario tradicional.

¿Cómo nace la fundación carrera por la vida? «Carrera por la vida nació en el año 2005, cuando yo había pasado por el cáncer de mama y había terminado mi tratamiento. Cuando lo terminé, me sentí afortunada por haber sobrevivido y quería hacer algo de vuelta a la gente. La verdad es que, por muy mal que lo había pasado, me sentí afortunada; nunca había tenido contacto con el cáncer de mama antes, pero era consciente de que había tenido suerte dentro de lo malo. Quería hacer algo. Una amiga mía me comentó que en Inglaterra hacían caminatas para concienciar a la gente, y pensé que eso lo podría organizar yo. Ahí nació la primera caminata en Santa Cruz en el 2005. Fue un poco loco porque hasta mi propio marido, que es canario, me dijo que no creía que viniese nadie. Pero sí, yo quería hacerlo, tenía que hacerlo por mí en primera instancia, y salió muy bien. Después de un año, que iba a ser el único, nació una segunda, una tercera, y ahora han pasado 20 años.»

¿Cree que todavía existe miedo a hablar del cáncer de mama? ¿Piensa que ha cambiado la forma en que la sociedad lo afronta? «Hay mucho menos miedo a hablar, mucho menos. Todavía depende de dónde, de en qué lugar, porque hay que hablar claro: no es lo mismo en una ciudad que, por ejemplo, en las islas menores o en zonas más apartadas. Y eso es una pena, porque es beneficioso hablar, compartir, comunicar. Hablar con personas que han vivido lo mismo te da cierto cariño y cierta paz. Entonces, todo el mundo debería de tener la oportunidad de hablarlo. Yo creo que sí que ha cambiado la forma de verlo. Antes en mi época, era ‘esa cosa’, ‘esa enfermedad’, y no se comentaba tanto, ni siquiera se mencionaba la palabra. Ahora ya sí, ya lo hablan de una forma mucho más abierta, y también porque cada vez tenemos más personas jóvenes afectadas. Eso, lo quieras o no, influye. La gente joven a través de redes sociales, habla mucho más y es bueno.»

¿Cuál considera que es la mayor labor que realiza actualmente la fundación? «Yo creo que la fundación ha evolucionado a lo largo de los años. Primero era solamente un evento anual para recaudar fondos y entregarlos a proyectos que ayudaban a personas afectadas de cáncer de mama. Creo que ahora ya vamos más específicamente a intentar tener un impacto más grande. Creo que eso sí que ha cambiado. En la Fundación siempre ponemos como prioridad la atención a la paciente o el paciente y sus familiares; el contacto humano es importantísimo: el verse a la cara, el sentarse, el escuchar… eso sigue siendo para la asociación lo primero. Y eso creo que es lo que muchas de las personas afectadas siempre comentan, que necesitamos un poquito más de cariñito. Por otro lado, en Carrera por la Vida intentamos recaudar fondos para la investigación. La investigación de hoy es la medicina de mañana, y eso es el futuro.»

¿Las administraciones están haciendo suficiente apoyo a pacientes y asociaciones? «Nunca es suficiente, vamos a hablar claro. Y en la Fundación llevamos también tiempo, años, pidiendo para que las autoridades o las personas que tienen que decidirlo aumenten la edad de la mamografía. Hoy hemos tenido justamente una muy buena noticia de que ya no serán mamografías desde los 55 a los 70 o a los 68, que es poco y no es suficiente. Debería ser de 40 a 80 años. No lo hemos logrado pero algo es algo, ya es un paso importantísimo. Lo que no me gusta es que tardan seis años en implementarlo, eso no es bueno. Por supuesto, siempre pueden hacer más, pero el tercer sector, como todas las asociaciones y todas las fundaciones, somos absolutamente fundamentales porque ese trato y ese contacto humano es clave, y no siempre lo pueden dar desde las instituciones ni los hospitales porque no tienen tiempo. Entonces es fundamental, pero sí, siempre se puede hacer más.»

¿Qué necesidades siguen estando desatendidas? «La ayuda psicológica es absolutamente fundamental. Por eso el año pasado empezamos con el proyecto Mente Rosa, porque tuvimos una buena recaudación en la Carrera por la vida y con ese dinero pudimos pagar un gabinete de expertos en psicología durante un año para dar servicio gratuito a pacientes y familiares. El apoyo psicológico es tan fundamental porque no todo el mundo sabe por dónde tiene que tirar, cómo tiene que afrontarlo o cómo tiene que comunicarlo a sus familias cuando recibe el diagnóstico. También está la parte física. En mi época, hace 21 años, me dijeron que no hiciera esfuerzos, que no hiciese ejercicio, que lo dejase pasar tranquila. Es todo lo contrario ahora, porque se ha demostrado que sí hay que hacer actividad física, sí hay que ir al gimnasio, sí hay que ir a nadar, a correr o lo que sea. Entonces, todas estas cosas han cambiado mucho.»

Sostén directo contra el dolor


La fundación también entrega sujetadores adaptados y material específico para personas mastectomizadas, ¿cómo nació esa iniciativa? «Pues esa iniciativa nació realmente hablando con Hermmi, nuestra coordinadora, también es una persona afectada. Buscando proyectos, ella me dijo que creía que habría que pensar en comprar sujetadores. Ella me comentó que cuando estaba en el hospital recién operada, le dijeron en el mismo hospital que tenía que ponerse un sujetador especial, por el dolor y por lo que supone la operación; . Pero claro, tiene un precio. Ella tuvo suerte porque la hermana se lo pagó, pero la paciente de al lado no tenía a nadie ni tenía el dinero. Entonces ella lo comentó y dije: pues ya está, vamos a fomentar ese proyecto.

No es que queramos ir en contra de las ortopedias ni nada, pero es solamente una realidad y queremos ayudar dándoles por lo menos uno o dos. Pero el proyecto es tan importante porque mejora la calidad de vida de una persona recién operada, y lo vemos cada semana.»

Muchas veces se habla del tratamiento médico, pero no de las necesidades cotidianas. ¿Qué carencias ve usted en el día a día de los pacientes? «Yo creo que es un poquito de todo, en el sentido de la nutrición, en el sentido de lo que la pregunta dice bien: el día a día. Porque el especialista en medicina te da el diagnóstico y te dice qué va a pasarte y qué es lo que tienes que hacer, pero el día a día hay que afrontarlo. Y el problema hoy en día es que muchas personas buscan información en redes sociales que no está bien.

Un ejemplo: tenemos cada dos por tres pacientes a las que de repente no les pueden dar la quimio porque han decidido, porque lo han leído en internet, no tomar azúcar ni tomar carne, y quedan tan débiles que al final no se la pueden dar. Claro, el azúcar o la carne serán malos para las células cancerígenas, pero también lo necesitan las otras. Entonces, hay que buscar información pero de profesionales, y desde la fundación intentamos ayudar en ese sentido. »

La fundación también impulsa las Becas Rosa para profesionales sanitarios, ¿por qué decidieron apostar por la formación especializada? «Pues porque hay demasiada escasez de profesionales especializados en oncología. Esto es fundamental porque lo vemos día tras día. Y como no podemos seguir contratando especialistas en psicología, optamos por dar becas, pagamos másteres a nutricionistas, a fisioterapeutas, a una psicóloga o a un psicólogo, para que se especialicen en oncología y se dediquen en un futuro a ayudar a más personas, porque hay falta de profesionales especializados en oncología.»

Después de tantos años acompañando a pacientes, ¿qué ha aprendido sobre la fortaleza humana? «Cada persona es un mundo y todo depende de tu situación personal, tu situación familiar, el carácter, etc. Por eso también siempre digo que los profesionales en medicina, en mi humilde opinión, deberían tratar siempre a cada persona de una forma individual. No es igual una madre soltera con dos niños, con cáncer de mama que una mujer casada con un montón de familia; no afrontan la situación igual. Entonces, siempre tienen que personalizar también un poquito la vida de la gente, creo. Cuando te llega una situación como el cáncer de mama a tu vida, tienes que ser un poco egoísta. Yo siempre digo que tienes que ser un poquito egoísta ahora para cuidarte, haz un poquito de egoísmo en el sentido de buscar tu bienestar.»

Si pudiera cambiar una cosa del sistema sanitario o social respecto al cáncer, ¿qué cambiaría? «Más profesionales y más tiempo también para la gente. Porque claro, es muy difícil si tienes que informar a una persona que tiene un cáncer de mama en 15 o 20 minutos. Es muy complicado tanto para el profesional como para el paciente. Creo que harían falta más profesionales y más tiempo, ojalá, para que se puedan sentar uno con el otro y tener tiempo para un abrazo antes de que se vaya del despacho. Y, por supuesto, más investigación; dotar de más dinero a la investigación, y más hoy en día que todo va muy rápido. La investigación va muy rápido y podemos llegar a tener menos quimioterapia dañina, más inmunoterapia que no es tan dañina, o la biopsia líquida, con la que no hay que esperar un mes para tener un diagnóstico, sino 24 horas, porque todo lo demás es sufrimiento. Así que ahí todavía hay mucho que hacer.»

¿Si pudiera dejar un mensaje a todas las personas que ahora mismo están luchando contra el cáncer, cuál sería? «Yo me guío por lo que dijo mi madre en su momento: tirar para adelante. Tendrás días malos, días muy malos y días buenos; agárrate a los días buenos, pero también permítete el día malo. Si un día malo tienes que decirles a tu familia ‘déjenme hoy tranquila’, lo tienen que entender, y si no lo entienden, pues mira, mala suerte. Todos en algún momento tenemos fecha de caducidad, fecha de muerte tarde o temprano, eso está clarísimo. Yo creo que es eso: tomarlo día a día, verlo como una etapa en tu vida en la que tienes que cambiar tu vida un tiempo de una manera u otra, e intentarlo

 

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