Diario digital del alumnado de Ciencias de la Comunicación
ISSN: 2530-9323

9 Jul 2026

Música

Conciertos semipreciosos: el paso de Nacho Vegas por el Teatro Leal

El cantautor actuó la noche anterior en Arrecife. Foto: J. Iraizoz

Nacho Vegas visitó La Laguna el pasado viernes, 22 de mayo como parte de su gira Vidas Semipreciosas, promocionando el álbum homónimo que estrenó en enero de este año. Esta se trató de la primera actuación del gijonés en la Isla desde 2018. El evento tuvo lugar en el Teatro Leal, que estuvo casi lleno. Vegas lleva una carrera solista que ya ha cumplido los veinticinco años. Dos décadas y media en las que hemos presenciado una transición del “yo” al más sincero plural.

El concierto comenzó a las 20.35 con la entrada al escenario de un Vegas trajeado, equipado con unas gafas de sol tintadas y un pantalón ligeramente acampanado. Nacho es un tío tímido, se nota en su forma de estar, casi parece que la gravedad le afecta más que al resto. Sin embargo, en el escenario, es capaz de convertir esa timidez que lo caracteriza en un aura de misterio que hace que no le puedas quitar la mirada de encima. Comenzó a sonar Alivio, canción con la que abrió tanto el concierto como su último elepé. Vegas se pegó a su pie de micro y formó parte de un espectacular coro junto a su dúo de guitarristas Joseba Irazoki y Miren Narbaiza. Crearon entre los tres una fantástica primera línea de fuego que, entre violines sincopados,  te pega al asiento. No podemos olvidarnos además de Manu Molina (batería), Hans Laguna (bajista) y Ferran Resines (teclista). Una mezcla de caras viejas y nuevas que, en conjunto, conforman posiblemente la mejor backing band de la carrera del cantautor.

Nacho Vegas en el Teatro Leal 2
Forma parte de la banda Manuel Molina. que lleva tocando junto a Vegas desde 2001. Foto: G. Santos

Cabe destacar que Nacho Vegas tiene la suerte de tener un público con tanto respeto por su catálogo musical como sí mismo. No hay grandes canciones o hits que la gente espere porque, a ojos de su público, todas sus canciones son un hit. Esto le permite sacarse ases de la manga como Nuevos Planes, Idénticas Estrategias, canción que estrenó allá por 2005 y que es capaz de hacer saltar de la emoción a cualquier fan del asturiano . Con esta canción reveló además la mejor cualidad de su formación: Nacho y su banda saben como hacer un clímax. El final de la canción podría haberse estirado y estirado hasta los diez minutos y no creo que nadie se hubiese quejado. Ese es el poder de un buen conjunto.

Otro momento destacado fue durante El Don de la Ternura. A mitad de la canción la banda comenzó a sufrir aparentes fallos técnicos, confundiendo no sólo al público sino también a sus integrantes. Todo esto resultó ser en palabras del propio Nacho “una pantomima”. De detrás del escenario emergió un coqueta tarta con velas. Era el cumpleaños de Ferran, que ajeno a la broma, llevaba un rato intentando salvar la canción por su cuenta. Fue así como, entre risas, todo el teatro le cantó Feliz cumpleaños en la lengua de su tierra, el catalán. 

Nacho Vegas en el Teatro Leal 3
Esta gira vio recientemente pasar a Nacho Vegas por Buenos Aires, Lima, Montevideo y Medellín. Foto: J. Iraizoz.

El concierto siguió con fantásticas canciones cómo Crujidos y Los Asombros, Hasta llegar a dos de los momentos más memorables de la noche: Fíu, canción tan dedicada a su madre como a la lucha antifascista, y después de hacer al público comprometerse con dicha lucha, comenzó Deslenguarte. Esta última es una canción que no solo se ha hecho destacar en Vidas Semipreciosas sino que con cada día que pasa, se va afianzando como una nueva favorita de entre toda su discografía. Es una canción que se presenta muy vacilona es, de hecho, lo más gracioso que ha escrito Nacho en toda su carrera (con perdón de A Ver la Ballena), pero detrás de ese humor se esconde un fuertísimo sentimiento de resiliencia. Deslenguarte exige cierta complicidad de quien la oye, y esa noche, todo el teatro fuimos cómplices de esa carta de amor a la blasfemia.

«Es como un titiritero que se da ordenes a si mismo»


Otros indiscutibles puntos álgidos de la actuación fueron Morir o Matar y Bravo, canciones que destacan por su sosiego. La música es lenta, experimentas el espacio entre las notas como pausas en tu propia respiración. Observas a Nacho pasear lentamente por el escenario, moviendo su mano izquierda al ritmo de su canción, casi como si fuera un titiritero que se da órdenes a sí mismo, hasta que de repente todo se rompe. Cuando llega el momento de dejarlo todo salir en estas canciones es una cosa muy visceral. Declaraciones de odio tan intensas, acompañadas de instrumentales tan igualmente desgarradoras que casi dan ganas de echarse a llorar.

Eventualmente, y tras tocar otras canciones de su último disco, como Mi Pequeña Bestia, Les Ales o Tiempo de Lobos y de sacarse otro as en la manga, en este caso Cómo Hacer Crac (extraída de un remoto epé de hace ya quince años) llegó La Gran Broma Final, anunciada de antemano como la última de la noche. Esta resulta, en retrospectiva, la canción perfecta para este punto del concierto. No solo es lo bastante intensa para ser un colofón satisfactorio, sino que como bien indica su nombre, este final es una broma, porque todos los presentes sabíamos que aún quedaba el vis.

Fue así como después de hacerse de rogar por un tiempo inusualmente prolongado, Nacho volvió al escenario, esta vez en solitario y guitarra en mano. Las manos que antes parecían mover hilos estaban ahora arpegiando Ser Árbol, la última elección en resultar una total sorpresa. El resto de la banda se fue subiendo al escenario de uno en uno durante el transcurso de la canción hasta que esta hubiera terminado, y entonces apareció en el escenario… ¿Un theremín?

Pese a ser un instrumento tan válido como cualquier otro, es muy fácil que resulte gracioso, al final, uno lo asocia casi exclusivamente con el sonido de los ovnis en las películas. Es por eso que resulta tan sorprendente que acabara por ser la pieza clave de La Pena o La Nada, apoteósica canción con la que finalizó el concierto y en la que destacó especialmente Joseba Irazoki, que entre aplausos nos regaló un solo de guitarra casi cacofónico que brindó exactamente la intensidad necesaria para cerrar.

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De izquierda a derecha, Joseba Irazoki, Ferran Resines, Nacho Vegas, Hans Laguna, Miren Narbaiza y Manuel Molina. Foto: J. Iraizoz

Fue así como los seis artistas se pusieron frente al escenario, hicieron dos reverencias, y salieron por la puerta de atrás, mientras que aquellos y aquellas que estábamos al otro lado del escenario tuvimos que irnos a casa y tratar de lidiar con aquella experiencia. Sé de uno que tuvo que escribir una crónica con tal de procesarlo. 

 

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Andrea Castellini
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