«Para mí, este es un proyecto muy de nosotras que busca ser feminista y que busca la igualdad»
Iris Ferrer Ruíz, la dueña de La Majadería, tuvo la idea de abrir la tienda mientras hacía el Camino de Santiago, donde decidió desconectar de las redes para reencontrarse consigo misma. Venía de un entorno laboral tóxico en el sector social y, al regresar, decidió materializar una idea que le rondaba tras visitar un pequeño local de artesanos en Galicia: crear un espacio para el arte de las islas. «Como gente joven, tenemos que luchar por lo nuestro», afirma la fundadora.
El nombre del local es una forma de reapropiación personal. ‘Majadera’ es una palabra muy usada en su Fuerteventura natal, pero que también se empleaba de forma despectiva hacia personas con problemas de salud mental, al usarla para su negocio, ella decidió tomar el control sobre el término para que no pudiera volver a herirla.
La Majadería no es solo una tienda, sino también un espacio pensado para provocar curiosidad y emoción desde que se cruza la puerta. Está ideada para que la gente entre con ilusión, que se encuentre con algo distinto y que salga con la sensación de haber descubierto un lugar especial, lleno de cosas bonitas y con identidad propia. Según la propietaria, ese primer impacto es casi tan importante como la venta.
«Era muy importante darles mucha cabida a las mujeres»
Los valores de Iris Ferrer, centrados en el feminismo y la igualdad, son los responsables de la selección de artistas. Actualmente, el establecimiento cuenta con 33 personas dedicadas a la artesanía, y solo tres de los colaboradores son hombres. La emprendedora subraya que en el ámbito artístico el trabajo femenino suele tener menos valor o visibilidad, por lo que su tienda busca ser un escaparate donde su trabajo sea respetado y las mujeres sean las protagonistas.
Para la propietaria, el arte que habita en su proyecto tiene una función sanadora que va más allá de la decoración. Ella se siente especialmente conectada a obras que muestran la naturalidad del cuerpo femenino, como las pinturas de Antonella o Alba, ya que ve muy importante visibilizar un cuerpo real, con sus arrugas y pechos caídos. Admite que «logra que muchas mujeres se vean reflejadas en el arte por primera vez». En su opinion, estas piezas son necesarias en un mundo que sexualiza constantemente a la mujer, ofreciendo un refugio donde cualquier cuerpo no normativo es aceptado y celebrado.

«Si llegan a la puerta, tienen que poder entrar»
Para la fundadora, la accesibilidad es un derecho fundamental. A pesar de que los trámites y los costes son elevados la emprendedora se ha comprometido a adaptar el establecimiento para personas con movilidad reducida. Critica que estas mejoras no sean obligatorias ni baratas, ya que considera la accesibilidad como un derecho y una necesidad prioritaria para que cualquier persona se sienta bienvenida. «Aunque la calle no esté adaptada, si una silla de ruedas llega hasta esta puerta, yo la ayudo a entrar. Pero no he podido comprar la rampa, porque son carísimas las ayudas a la movilidad», explica.
«Siempre espero a que llegue el día cero»
«La incertidumbre económica es parte del proyecto desde el primer día», confiesa. Luchar contra la incertidumbre económica es su mayor reto, sobre todo porque siempre había tenido su «colchonería de ahorros», y ahora ese es su emprendimiento. Ferrer admite que vive pendiente de lo que ella y su círculo ha bautizado como el “día cero”, ese momento en el que no entre nadie al establecimiento y no se vende nada. Aunque todavía no ha llegado, confía en que lo contempla como una posibilidad real y que, en cierto modo, forma parte del aprendizaje de emprender.
Más allá de la venta, la dueña del negocio proyecta convertir la parte trasera del local en un espacio cultural activo. «Club de lectura, cosas culturales… eso se viene dentro de poquito. Yo espero poder tenerlo ya», comenta. Para ella, La Majadería no es solo un negocio propio, sino un proyecto compartido que busca generar comunidad y ‘cultura de verdad’ en Santa Cruz.










