La tarima del Teatro Leal acogió el pasado domingo, 8 de marzo, el espectáculo La Reina de las Nieves de la compañía teatral de Gran Canaria, Camino Viejo Producciones, una obra inspirada en el clásico cuento del escritor danés Hans Christian Andersen. El espectáculo ofreció al público familiar una historia llena de música, fantasía y emociones. La representación formó parte de la programación cultural del recinto lagunero. Esta reunió a pluralidad de asistentes que acudieron al teatro para presenciar esta adaptación escénica del conocido relato.
La obra trasladó a la audiencia a un universo dominado por el hielo y el frío, donde la llamada Estación de Invierno conforma el lugar donde se desarrolla la historia. En este lugar gobierna Eira, la reina de las nieves, quien mantiene el control de un mundo en el que los sentimientos parecen haber quedado congelados y donde sus habitantes viven alejados de sus propias emociones.
Una educación divertida
La historia dio un giro con la llegada de unos visitantes inesperados, Tundra y Frollo. Su presencia despierta dudas, provoca cambios y abre la puerta a un proceso de descubrimiento personal para la ciudadanía. A lo largo de la obra, la audiencia acompañó a los personajes en un viaje en el que aprenden a reconocer y expresar lo que sienten.
La obra consiguió mantener un equilibrio entre entretenimiento y mensaje didáctico, algo especialmente valorado entre los padres y madres que acompañaron al público infantil al lugar. Las canciones, diálogos y los momentos de humor contribuyeron a mantener la atención de la audiencia juvenil, mientras que el relato avanzaba hacia una conclusión que resalta el valor de las emociones humanas y el peligro que existe en el uso excesivo de dispositivos electrónicos.

«A la Eira que se quedó atrás: si esto te llega, prométeme no olvidarte de vivir»
Uno de los momentos más emotivos de la historia llega cuando Eira recuerda algo importante de su propio pasado. Sin revelar la trama, una carta le hace recordar un pequeño gesto cotidiano que tenía antes de convertirse en la monarca de la Estación de Invierno. Ese recuerdo funciona como una metáfora sencilla pero poderosa para la audiencia infantil.
«A la Eira que se quedó atrás: si esto te llega, prométeme no olvidarte de vivir» leyó en alto Eira. Recordándoles que sentir, preocuparse o estar triste forma parte de la vida y que los pequeños actos de cariño, hacia las personas y hacia lo que nos rodea, pueden ser ese polo a tierra que necesitamos cuando vagamos sin rumbo. A través de estas escenas, la obra transmite valores como la importancia de la amistad, la empatía y la necesidad de aceptar las propias emociones.
Un final festivo
El espectáculo finalizó con el lanzamiento de globos gigantes al público y una canción animada mientras que el elenco cantaba y bailaba en el escenario. La audiencia, formada en gran parte por familias, siguió la historia con entusiasmo y reaccionó con risas y aplausos espontáneos durante algunos momentos de la función. Este tipo de interacción demuestra la capacidad del teatro para conectar con el público más joven y hacerlos partícipe de la experiencia escénica.










