El Teatro Cine de Los Realejos acogió el pasado sábado, 11 de abril, a las 20.30 horas, la representación de Tu hermosura, una pieza escénica contemporánea creada e interpretada por el artista Migue López. Ante una veintena de asistentes y con una duración aproximada de una hora, el espectáculo presentó una propuesta en solitario que combina tradición, espiritualidad y contemporaneidad desde una mirada íntima y performativa. La función se desarrolló en un ambiente cercano y contenido, donde la disposición del público permitió una conexión directa con lo que sucedía en escena.
Sobre el escenario, López da vida a Rosita de la Vega, un personaje que se define como una “mística trans” que guía toda la acción. A través de ella, la obra plantea una búsqueda de unión entre los cuerpos y el goce de la vida, abordando el amor mediante una perspectiva que mezcla lo espiritual con lo popular, influida tanto por referentes como San Juan de la Cruz como por la tradición del cante.
La escenografía, minimalista, se compone de una silla, dos platos, una botella de cristal y algunos instrumentos como un tambor o una pandereta. Con estos pocos elementos, la propuesta se sostiene en la presencia escénica del intérprete, quien construye un lenguaje propio a través del cuerpo, la voz y la música.
«Llorando están las campanas»
El espectáculo comienza con el sonido constante de campanas, creando una atmósfera solemne desde el inicio. Rosita aparece inmóvil, sosteniendo una mirada desafiante hacia la platea, para después iniciar un movimiento progresivo que deriva en una danza marcada por gestos intensos, como golpes en el pecho y desplazamientos por el escenario.
Vestida con una falda verde de volantes, comienza a introducir el cante flamenco como uno de los pilares de la pieza. La voz y el cuerpo se convierten en herramientas narrativas que avanzan en paralelo, generando una tensión constante entre lo contenido y lo expresivo.
A lo largo de esta primera parte, el ritmo crece poco a poco, incorporando elementos sonoros y corporales que amplifican la emoción. El acto se construye así como un tránsito entre la quietud inicial y una progresiva liberación expresiva.

«A ustedes también las ha dejado solas»
En uno de los momentos más simbólicos, la intérprete transforma su figura al cubrirse el rostro con una malla y colocarse un vestido que evoca la silueta de una virgen. A partir de ahí, desarrolla una secuencia de movimientos rígidos, casi mecánicos, acompañados de música folclórica que refuerza el carácter ritual del panorama.
La pieza avanza hacia un terreno más confesional cuando la protagonista se dirige a quienes observan desde la palabra. Aparecen referencias al desamor y la soledad, generando un clima de cercanía que rompe con la distancia escénica y conecta directamente con el público.
En este mismo tramo se desprende de parte del vestuario, quedando con un corsé blanco y pantalones del mismo color, en una transición que intensifica la vulnerabilidad del personaje y marca un giro hacia una mayor exposición física en la secuencia.

«No me arranquéis mi corazón de cuajo que os lo doy»
En la parte final, la obra se vuelve más corporal y fuerte, usando movimientos por el suelo y una mirada fija que conecta directo con la audiencia. El sonido mezcla música suave con ruidos de fiesta para mostrar ese contraste entre lo privado y lo compartido, invitando a sentir la mezcla de deseo y espiritualidad.
El cierre llega con cante flamenco y pandereta mientras De la Vega recorre el escenario. Todo termina cuando se apagan las luces y se cierra el telón, dejando en el aire una sensación de mucha fuerza e intensidad.










